Netflix se rinde: Paramount gana Warner Bros. por **$111.000 millones** en batalla épica
Giro inesperado: Netflix abandona la puja por Warner Bros., dejando a Paramount como única ganadora en una guerra de ofertas que redefine el streaming global.
La batalla por Warner Bros. Discovery (WBD) ha terminado con un vencedor inesperado. Tras meses de subastas frenéticas, Netflix se retiró definitivamente de la contienda, allanando el camino para que Paramount adquiera el gigante mediático por 111.000 millones de dólares, incluyendo deuda. El desenlace —que pocos anticipaban— cierra un capítulo iniciado en octubre de 2025 y reconfigura el mapa del entretenimiento mundial, consolidando un oligopolio donde los consumidores podrían salir perdiendo.
Esta guerra no es nueva: sus raíces se hunden en 2016, cuando AT&T compró Time Warner por 85.400 millones de dólares (deuda incluida), con el sueño de fusionar la mayor telefónica de EE.UU. con activos como HBO, CNN, Warner Bros. Pictures y DC Comics. El plan era crear un coloso tecnológico, pero los problemas legales retrasaron la operación casi un año, perdiendo el tren de lanzamiento óptimo para HBO Max en un mercado ya saturado de streaming. Para 2021, AT&T cedió WarnerMedia a Discovery, sellando el primer error estratégico.
El fracaso de la ambición. Bajo el mando de David Zaslav, la nueva Warner Bros. Discovery prometió gastar 20.000 millones anuales para alcanzar 400 millones de suscriptores globales. Nada de eso ocurrió. Las acciones se desplomaron un 60% desde 2022, con pérdidas de 35.000 millones en capitalización bursátil. En junio de 2025, la compañía anunció su división en dos: una dedicada a estudios y streaming, y otra para canales lineales (CNN, TNT Sports, Discovery), intentando deshacerse del lastre de la deuda, que ascendía a 37.000 millones. La escisión la convirtió en un blanco más atractivo.
Tres gigantes en liza. En octubre de 2025, Warner abrió formalmente su proceso de venta, disparando su cotización un 10% en un día. Tres nombres dominaron la puja: Netflix, NBCUniversal y Paramount Skydance. Las dos primeras buscaban solo los activos de estudios y streaming; la tercera, liderada por David Ellison (hijo del magnate Larry Ellison), quería la empresa completa. Analistas advertían del riesgo para Paramount, pero Ellison ya había intentado comprar WBD tres veces antes de octubre, con ofertas informales rechazadas. La obsesión por el gigante mediático era clara.
La subasta se calienta. En noviembre de 2025, las ofertas no vinculantes llegaron: Paramount propuso 25,50 dólares por acción (su primera oferta, un mes antes, había sido de 19), mientras Netflix y Universal mantuvieron sus propuestas en secreto. En diciembre, Paramount subió a 26,50 dólares, Universal se retiró, y el 5 de diciembre, Netflix se autoproclamó ganadora con 27,75 dólares por acción, excluyendo los canales lineales. Pero el juego estaba lejos de terminar.
El golpe de Paramount. Solo tres días después, David Ellison lanzó una oferta hostil directa a los accionistas: 30 dólares por acción en efectivo, respaldada por su familia, el fondo RedBird Capital y los fondos soberanos de Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Las ofertas seguían escalando, con el respaldo financiero del patriarca Larry Ellison (quinto hombre más rico del mundo en 2025, según Forbes), quien inyectó liquidez para presionar. Paramount apuntaba directamente a los accionistas, pero estos resistían, esperando una contraoferta de Netflix.
El jaque mate. En febrero de 2026, Netflix concedió a Warner siete días de tregua para negociar con Paramount. Ted Sarandos, co-CEO de Netflix, describió el ambiente como una “zona de confusión”. El 24 de febrero, Paramount puso sobre la mesa su oferta definitiva: 31 dólares por acción en efectivo, más la asunción de la deuda y extras clave:
- Una comisión de 7.000 millones si los reguladores bloqueaban el acuerdo.
- El pago de los 2.800 millones que WBD debía a Netflix si rompía su acuerdo vigente.
- Una comisión de espera para accionistas si la aprobación regulatoria se alargaba más allá de otoño de 2026.
Los accionistas esperaron una respuesta de Netflix. Nunca llegó. Las proyecciones de rentabilidad por encima de 30 dólares por acción eran insostenibles: el precio de las acciones había subido un 63% desde la primera oferta de Paramount. Sarandos, ese mismo día, viajó a Washington para reunirse con funcionarios de la administración Trump —se rumorea que buscaba claridad sobre el escenario regulatorio—. Antes de terminar la reunión, Netflix anunció su retirada: “razones puramente financieras”. Paramount había ganado.
¿Qué cambia ahora?
El mercado reaccionó al instante: las acciones de Netflix subieron un 13%, las de Paramount un 5%, y las de Warner cayeron un 2%. La bolsa celebraba que Netflix evitara una operación arriesgada. Pero el verdadero impacto está por verse. Quedan pendientes:
- El voto formal del consejo de WBD.
- La aprobación regulatoria, que Paramount estima no concluirá antes del 30 de septiembre de 2026. El clima político favorece el acuerdo: la relación entre Larry Ellison y Donald Trump (el primero financió la campaña del segundo) es pública y podría allanar obstáculos.
- La fusión entre HBO Max y Paramount+, que crearía un servicio con más de 100 millones de suscriptores combinados (cifra estimada en 2026).
- El destino de CNN y CBS News, ahora bajo el mismo techo, lo que genera preocupaciones por la libertad de prensa.
- La posible venta de activos históricos de Warner (como su biblioteca de cine clásico) para reducir deuda.
Mientras, Netflix no está herida. Acaba de cerrar un acuerdo con Sony para estrenos exclusivos globales de franquicias como el Spiderverso, la próxima película de \’Zelda\’ o los proyectos de The Beatles dirigidos por Sam Mendes. También mantiene su alianza con Universal para franquicias como \’Jurassic World\’. Cerró 2025 con 325 millones de suscriptores y proyecta ingresos de entre 50.700 y 51.700 millones de dólares para 2026, con una inversión en contenido de 20.000 millones anuales.
El nuevo panorama deja a dos de los cinco estudios tradicionales de Hollywood (Warner Bros. y Paramount) bajo un mismo paraguas, junto a canales lineales y dos plataformas de streaming. La industria, que en 2019 parecía fragmentarse, vuelve a concentrarse en un oligopolio más pequeño y poderoso. Y, como siempre, los consumidores pagan el precio: menos competencia, catálogos más reducidos y suscripciones cada vez más caras. ¿Estamos ante el fin de la era dorada del streaming?
El precedente que asfixió a Warner: cómo la fusión AT&T-Time Warner sentó las bases del desastre
La adquisición de Warner Bros. Discovery por Paramount no es solo el final de una subasta, sino el epílogo de un error estratégico que se remonta a 2016, cuando AT&T pagó 85.400 millones de dólares por Time Warner. Aquella operación, aprobada tras una batalla legal con el Departamento de Justicia de Donald Trump (que la bloqueó inicialmente en 2017 por “preocupaciones antimonopolio”), se convirtió en un caso de estudio sobre cómo la deuda y la mala sincronización pueden hundir a un gigante. Hoy, los paralelos con la situación actual son inquietantes.
AT&T heredó una deuda de 43.000 millones de dólares tras la compra, pero su mayor fallo fue subestimar la velocidad del streaming. Mientras Disney lanzaba Disney+ en noviembre de 2019 (alcanzando 10 millones de suscriptores en 24 horas), AT&T retrasó HBO Max hasta mayo de 2020, perdiendo el momento óptimo para competir. Para entonces, Netflix ya dominaba el 32% del mercado global, según Statista. Pero el error más costoso fue ignorar el poder de los algoritmos: AT&T priorizó el contenido de Warner (como Friends o Game of Thrones) sobre inversiones en tecnología de recomendación, algo que Netflix ya perfeccionaba desde 2013 con su sistema de machine learning Cinematch. En 2021, HBO Max tenía 73 millones de suscriptores frente a los 222 millones de Netflix. La brecha era insalvable.
El desastre financiero llegó cuando AT&T intentó deshacerse del lastre. En mayo de 2021, anunció la fusión de WarnerMedia con Discovery (creando WBD), pero para entonces la deuda había crecido a 45.000 millones, y las acciones de AT&T habían caído un 30% desde la compra. Los accionistas perdieron más de 100.000 millones en valor de mercado, según cálculos de Bloomberg. El nuevo conglomerado, liderado por David Zaslav, prometió sinergias de 3.000 millones anuales, pero en 2023 los resultados mostraron lo contrario: pérdidas de 2.100 millones en streaming y un desplome del 40% en el valor de las acciones. La historia se repite: Paramount asume ahora una deuda de 37.000 millones, en un mercado donde el streaming ya no crece al 20% anual (como en 2020), sino a un 5,3% en 2025, según Digital TV Research.
Hay otro detalle clave: el precedente regulatorio. La fusión AT&T-Time Warner fue aprobada en 2018 tras un juicio donde el juez Richard Leon (del Tribunal de Distrito de DC) rechazó los argumentos antimonopolio del gobierno. Pero en 2020, la FCC multó a AT&T con 60 millones de dólares por “prácticas engañosas” en la promoción de HBO Max, sentando un precedente de escrutinio post-fusión. Paramount enfrentará ahora un proceso similar, pero con un agravante: la administración Trump tiene una relación pública con Larry Ellison, lo que podría acelerar la aprobación… o generar sospechas de favoritismo. Los reguladores ya han advertido que examinarán “el impacto en la diversidad de contenidos”, especialmente tras la fusión de CNN y CBS News bajo un mismo techo.
¿Un oligopolio con fecha de caducidad?
El mercado ya ha castigado a los gigantes que apuestan por fusiones masivas: Disney perdió 55.000 millones en valor bursátil en 2024 tras su guerra con activistas como Nelson Peltz, y Comcast (dueña de NBCUniversal) vio caer un 15% sus acciones en 2025 tras recortar inversiones en Peacock. Paramount hereda un modelo que ha fracasado dos veces en menos de una década (AT&T y WBD), pero con un detalle clave: no hay alternativas. En 2026, solo cinco estudios controlan el 80% del contenido premium (Disney, Universal, Paramount-Warner, Sony y Netflix). La pregunta no es si esta concentración es sostenible, sino cuánto tardarán los consumidores en rebelarse cuando el precio medio de las suscripciones supere los 25 dólares mensuales —algo que, según PwC, ocurrirá en 2027.