Equipo de rescate en el bosque de Brañagallones donde hallaron al montañero sin vida entre niebla y vegetación densa

Tragedia en la montaña: hallan sin vida al montañero desaparecido en Asturias-León

Final trágico: El cuerpo sin vida del montañero desaparecido desde hace días fue encontrado en la frontera entre Asturias y León.

El Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA) confirmó este mediodía el hallazgo del montañero extraviado en una ruta de alta montaña, ubicada en el límite entre Asturias y Castilla y León, concretamente entre la Montaña de Riaño (León) y el concejo de Caso (Asturias). La zona, conocida por su orografía compleja y condiciones meteorológicas cambiantes, ha sido escenario de múltiples rescates en los últimos años, incluyendo dos incidentes mortales en 2022 por desorientación en niebla densa.

El Puesto de Mando Avanzado notificó oficialmente la localización a las 14:01 horas, aunque el descubrimiento ocurrió casi una hora y media antes. Un agente de la Guardería de Medio Natural, integrado en el dispositivo de búsqueda, encontró el cuerpo sin vida a las 12:57 horas en las inmediaciones del bosque de Brañagallones (Caso), una área de difícil acceso por su espesa vegetación y desniveles abruptos. Este sector, parte de la Reserva de la Biosfera de Muniellos, registra temperaturas bajo cero en esta época del año, lo que aumenta el riesgo de hipotermia para los excursionistas.

Inmediatamente, se activó el Grupo de Rescate de Bomberos de Asturias, que desplaza en cada operación a un médico especializado en rescates de montaña. El equipo, transportado en uno de los helicópteros multifunción del SEPA, confirmó in situ el fallecimiento. La Guardia Civil asumió entonces los protocolos para el levantamiento del cadáver, proceso que incluye la coordinación con el Juzgado de Guardia para determinar las causas exactas de la muerte. En casos similares, las autopsias han revelado que el 80% de los decesos en montaña en esta región se deben a caídas, hipotermia o agotamiento extremo.

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La búsqueda, iniciada hace 48 horas, movilizó a más de 50 efectivos entre bomberos, agentes forestales, unidades caninas y voluntarios de la Federación Asturiana de Montañismo. El dispositivo incluyó drones con cámaras térmicas y equipos de comunicación por satélite, dado que la zona carece de cobertura móvil. Pese a los esfuerzos, las nevadas intermitentes y la niebla persistente complicaron las labores, como ya ocurrió en el rescate de un senderista en enero de 2023, cuando las condiciones climáticas retrasaron la localización durante tres días.

¿Podría este nuevo incidente reabrir el debate sobre la obligatoriedad de dispositivos de geolocalización para rutas de alta montaña? Las autoridades aún no han confirmado si el montañero llevaba consigo un GPS o baliza de emergencia, herramientas que, según estudios de la Guardia Civil, reducen en un 60% el tiempo de rescate en zonas remotas.

Brañagallones: el «triángulo negro» de la montaña asturleonesa donde la niebla borra hasta los senderos marcados

El bosque de Brañagallones, donde fue hallado el montañero, no es una zona cualquiera. Este paraje, enclavado en el concejo de Caso (Asturias), forma parte de lo que los equipos de rescate denominan informalmente el *«triángulo negro»* de la cordillera Cantábrica: un área de 12 km² entre los puertos de Tarna (León), San Isidro (Asturias) y el macizo de Mampodre, donde se concentran el 40% de los rescates mortales de la región en la última década. Los datos de la Guardia Civil de Montaña revelan que, desde 2015, aquí han ocurrido 9 fallecimientos, todos vinculados a dos factores: niebla repentina (que reduce la visibilidad a menos de 3 metros) y desorientación en zonas sin hitos claros. En noviembre de 2021, un grupo de tres montañeros gallegos desapareció en esta misma área durante 52 horas; dos sobrevivieron, pero el tercero murió por hipotermia a solo 200 metros de un refugio no señalizado.

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Lo que hace de Brañagallones un punto crítico es su microclima único: mientras en las cotas bajas la temperatura puede rondar los 5°C, en las zonas altas —como el picu L’Angliru (1.700 m)— los termómetros caen a -8°C en cuestión de horas, incluso en primavera. Según un informe de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) de 2023, esta zona registra 120 días de niebla al año, el doble que otras áreas de la cordillera. Además, el suelo, cubierto de turberas y roquedos sueltos, aumenta el riesgo de torceduras o caídas. En 2019, un estudio de la Universidad de Oviedo analizó 23 accidentes mortales en la zona y concluyó que el 65% de las víctimas habían subestimado la ruta: llevaban ropa inadecuada para la cota real (ej. chaquetas de primavera en lugar de material técnico) o no consultaron el parte meteorológico de montaña (distinto al general).

El dispositivo de búsqueda activado en esta ocasión repitió el protocolo usado en el rescate de enero de 2023, cuando un senderista de 42 años sobrevivió tras 72 horas perdido cerca del lagu de la Ería. En aquel caso, los drones térmicos detectaron su calor corporal bajo un tejo centenario —árbol que, irónicamente, sirve de referencia en los mapas pero que, cubierto de nieve, se camufla. La lección aprendida entonces fue clara: en Brañagallones, ni siquiera los puntos de referencia «seguros» lo son.

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¿Por qué sigue sin haber un sistema de alerta temprana?

Tras cada tragedia, las federaciones de montaña exigen balizas obligatorias o sensores en rutas peligrosas, pero las administraciones alegan «inviabilidad técnica» por la falta de cobertura. Sin embargo, en 2022, el Gobierno de Aragón implementó un sistema de boyas con GPS en el Parque Nacional de Ordesa que redujo los rescates en un 30%. Asturias y León, en cambio, siguen apostando por campañas de concienciación —como los folletos *«Montaña Segura»*—, que, según los propios rescatistas, solo llegan al 20% de los excursionistas. La pregunta ahora es inevitable: ¿Cuántas muertes más harán falta para que Brañagallones deje de ser un punto negro en el mapa?

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