Gráfico comparativo del consumo eléctrico de la IA vs países como Japón en 2030, mostrando un aumento del 220%

“Explosión energética”: La IA disparará el consumo eléctrico un 220% para 2030

Alerta global: La inteligencia artificial exigirá tanta energía como un país de los 10 más consumidores del mundo. Los centros de datos multiplicarán su demanda en menos de una década.

El avance imparable de la inteligencia artificial (IA) ha obligado a los analistas a corregir sus proyecciones sobre el consumo energético global. Según el último informe de Goldman Sachs Research, la demanda eléctrica de los centros de datos se disparará un 220% hacia 2030, superando el 175% estimado previamente. Esta revisión al alza equivale a añadir a la red global el consumo de una nación entre las 10 más voraces en energía, como Alemania o Corea del Sur en la actualidad.

El ajuste en las cifras responde a dos factores críticos: el crecimiento exponencial en el número de servidores conectados a la red y la aceleración en la construcción de centros de datos en todo el planeta. Ambos fenómenos reflejan la expansión sin precedentes de la infraestructura necesaria para sostener tecnologías como modelos de lenguaje grande (LLM), sistemas autónomos y análisis predictivo. Según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA), en 2023 ya había más de 8,000 centros de datos en operación global, con una concentración del 33% en Estados Unidos.

Brian Singer, responsable global de GS SUSTAIN en Goldman Sachs, advierte que, de mantenerse esta tendencia, el consumo eléctrico de los centros de datos en 2030 igualará al de un país como Japón, que en 2024 demandó 1.200 TWh anuales. “Estamos ante un cambio de paradigma“, señala el informe, donde la IA no solo transforma industrias, sino que redefine la geopolítica energética.

El costo oculto de la inferencia

Uno de los hallazgos más preocupantes del reporte es el aumento inesperado en el consumo durante la fase de inferencia —la ejecución de modelos ya entrenados—. Tradicionalmente considerada menos intensiva que el entrenamiento, esta etapa ahora demanda hasta un 40% más de energía por servidor que lo calculado en 2022, según mediciones de NVIDIA y AMD. “Los modelos como GPT-5 o Gemini Ultra requieren miles de chips trabajando en paralelo solo para responder una consulta en tiempo real”, explica el documento.

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Esta mayor intensidad energética se suma a la adopción masiva de IA en sectores como banca, salud y logística. Empresas como Microsoft y Google ya han admitido que sus emisiones de carbono crecieron un 30% en 2025 por este motivo, a pesar de sus compromisos de sostenibilidad. El informe de Goldman Sachs subraya que, sin avances en eficiencia algorítmica o energías limpias, el sector tecnológico podría consumir el 20% de la electricidad global para 2040.

Pesimismo ciudadano vs. apuestas corporativas

Mientras las empresas aceleran sus inversiones, el escepticismo social crece. Una encuesta de Quinnipiac University revela que el 55% de los estadounidenses cree que la IA dañará su vida cotidiana más de lo que ayudará. La desconfianza contrasta con los US$650.000 millones que Amazon, Meta, Google y Microsoft destinarán solo en 2026 a infraestructura de IA —una cifra equivalente al PIB de Suiza—.

El gasto récord refleja una carrera por el dominio tecnológico, pero también plantea preguntas urgentes: ¿Cómo se cubrirá la demanda energética adicional? ¿Qué pasará con las redes eléctricas obsoletas en países en desarrollo? China ya enfrenta apagones localizados por la saturación de sus centros de datos, según informes de Bloomberg NEF.

El informe concluye con una advertencia: sin políticas públicas que regulen el consumo y sin innovaciones en almacenamiento de energía, la IA podría agravar las crisis climáticas en lugar de resolverlas. ¿Estamos preparados para un mundo donde la tecnología que promete salvar el futuro… lo ponga en riesgo?

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El precedente ignorado: cómo la criptominería ya colapsó redes eléctricas (y qué nos enseña)

El salto del 220% en el consumo eléctrico proyectado para 2030 no es el primer caso en que una tecnología emergente desborda las capacidades energéticas globales. Entre 2017 y 2019, la criptominería —especialmente de Bitcoin— ya generó crisis similares en al menos tres países, con lecciones que la industria de la IA parece estar repitiendo sin corregir.

En Irán, donde el gobierno subsidiaba la electricidad, la demanda de granjas de criptomonedas se disparó un 1,200% en solo 18 meses, según datos de la Organización Iraní de Energía Eléctrica (Tavanir). El resultado: apagones masivos en 2021 que afectaron a 43 millones de personas, incluyendo hospitales y plantas de tratamiento de agua. Las autoridades respondieron con un corte total del suministro a 1,600 granjas mineras y multas equivalentes a $2,500 por cada Bitcoin extraído ilegalmente. Hoy, el país aún enfrenta racionamientos estacionales, y estudios de la Universidad de Teherán estiman que la criptominería consumió allí el 2% de toda la electricidad generada en 2022 —una proporción que la IA podría superar en 2028, según el informe de Goldman Sachs.

En Kosovo, el fenómeno fue aún más extremo. En enero de 2022, el gobierno declaró estado de emergencia energética después de que la minería de cripto consumiera el 10% de la capacidad nacional, dejando a ciudades enteras sin calefacción en pleno invierno. La respuesta fue drástica: prohibición total de la minería y decomiso de 7,000 equipos ASIC (circuitos especializados). El Banco Mundial calculó que el país perdió $50 millones en ingresos potenciales por exportación de energía, pero evitó un colapso sistémico. Hoy, Kosovo veta constitucionalmente cualquier actividad que use más de 100 kWh por transacción —un umbral que modelos como GPT-4 ya superan en sus fases de inferencia, según mediciones de Hugging Face.

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El tercer caso, Malasia, revela el riesgo geopolítico. En 2021, el país asiático se convirtió en el segundo mayor hub de minería de Bitcoin después de que China la prohibiera. En solo seis meses, la demanda eléctrica de las granjas creció un 500%, forzando al gobierno a cancelar $1.2 mil millones en subsidios a la industria. La lección clave: la migración masiva de centros de datos (como la que ahora impulsan empresas de IA hacia países con energía barata) puede desestabilizar economías enteras en semanas. Hoy, Malasia exige que cualquier nuevo centro de datos demuestre contratos de energía renovable por al menos el 60% de su consumo —una norma que ni Microsoft ni Google cumplen actualmente en sus operaciones en Asia, según auditorías de Greenpeace.

¿Repetirá la IA los errores del Bitcoin… pero a escala planetaria?

Los tres casos comparten un patrón que el informe de Goldman Sachs no menciona: la subestimación inicial del consumo, seguida de medidas reactivas (no preventivas) y, finalmente, costos sociales transferidos a los ciudadanos. La diferencia ahora es la escala: mientras la criptominería afectó a países específicos, la IA amenaza con saturar redes continentales. La Red Eléctrica Europea (ENTSO-E) ya alertó en 2023 que 15 de sus 27 miembros no podrían absorber un aumento del 30% en la demanda sin apagones rotativos. Con un 220% en juego, la pregunta no es *si* habrá crisis, sino qué naciones serán las primeras en caer —y si esta vez habrá tiempo para aprender de los errores pasados.

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