Fran Cerúndolo corona al papá: 36 años sin volar, rotos en Londres
Miedo vencido: Alejandro “Toto” Cerúndolo superó su fobia a los aviones tras 36 años para ver a su hijo Fran ganar en Queen”s.
Alejandro “Toto” Cerúndolo tiene 66 años. Su vida giró en torno al tenis: como jugador, llegó a estar entre los 310 mejores del mundo a principios de los 80. Luego, como entrenador, moldeó a figuras como Mercedes Paz, José Acasuso, los hermanos Squillari, Pablo Albano y Gabriel Markus. Incluso lideró al equipo nacional de la ex Fed Cup en cuatro series (1988/1989). Viajó por el mundo, pero con un peso invisible: el terror a volar.
Las turbulencias en algunos vuelos lo marcaron para siempre. “Me tocaron vuelos con temblores y que se movieron tanto, que se cayeron las máscaras de oxígeno. La gente rezaba, lloraba, gritaba que no se quería morir… Vuelos de terror, realmente”, confesó. Pero el origen de ese miedo se remonta a su infancia: en 1972, con solo 12 años, la tragedia de los Andes lo impactó de tal manera que el estrés por volar se convirtió en su mayor temor. “Durante mi vida soporté estrés por muchas cosas, pero nada me generó tanto temor como volar; nada”, admitió.
Ese pánico lo mantuvo alejado de ver a sus hijos competir en el exterior. Francisco y Juan Manuel, tenistas, y María Constanza, jugadora de hockey, nunca contaron con su presencia en torneos fuera de Argentina. Hasta este domingo.
El viaje que cambió todo
El Toto y su esposa, María Luz Rodríguez, emprendieron un viaje histórico: desde Buenos Aires hasta Londres, tras 36 años sin volar en trayectos largos. Llegaron justo a tiempo para sentarse en el ATP de Queen”s, en West Kensington, cuando Francisco lideraba 3-2 en el tercer set contra Tommy Paul. El partido, que duró tres horas, terminó con victoria argentina: 6-7 (4-7), 6-4 y 6-3. Un regalo de Día del Padre inigualable.
El camino no fue fácil. Cerúndolo (padre) lo intentó todo: cursos para superar el miedo, terapias con psicólogos (su esposa es una de ellos), e incluso un viaje previo a San Pablo para una clínica de tenis. Pero el miedo persistía. “Los chicos ya no me creían, porque yo les decía que iba a viajar y después no me animaba”, contó. Hace semanas, en Roland Garros, estuvo a punto de lograrlo, pero el valor le falló.
Esta vez, María Luz tomó la iniciativa: sin consultarle, compró los pasajes. Francisco fue avisado, pero no lo creyó hasta verlos. El Toto se despidió de sus alumnos con una advertencia: “Este lunes no me van a ver… Salvo que llegara a la puerta del avión y me arrepintiera”. Pero no hubo marcha atrás.
Una llegada épica
El vuelo no fue directo: escalaron en Frankfurt. “Arranqué asustado. Pobre María Luz, que estaba a mi lado. Tomé clonazepam como si fueran caramelos, jaja. Aterrizamos a las 10:30 en Alemania, yo estaba mareado, dormido, no entendía nada de tantas pastillas”, relató. La conexión no tenía wifi, un problema porque querían seguir el partido de Fran. Al llegar a Londres, un auto del torneo los esperaba. “Yo le decía al chofer que acelerara todo lo que pudiera. Mientras tanto, iba sufriendo con Fran”, ilustró.

María Luz y el Toto entraron al court central de Queen”s —llamado Andy Murray— cuando Francisco ganaba 3-2 en el tercer set. Se sentaron cerca de Nicolás Massú, el nuevo coach de Fran, y Mariano Gaute, su preparador físico. “En un cambio de lado bajé y les di un abrazo a ambos”, dijo el Toto, emocionado. “No me aguanté y tiré un par de gritos, unos “vamos Fran”, pero María Luz me retaba, porque Fran podía escucharme y emocionarse o desconcentrarse”. El final fue de película: “Valió la pena tanta corrida y animarme a volar”.

Francisco, primer argentino en ganar en Queen”s, describió la escena: “Se conectaron los planetas. Mi papá ya venía diciendo, hace un año, que estaba tratando de superar ese miedo. Pero desde que yo nací, nunca hicimos un viaje en familia fuera de Argentina. Todos los viajes fueron en auto: a San Martín de los Andes, Punta del Este… Siempre en auto”. Y añadió: “Él es fanático de la gira de pasto y dijo que iba a intentar. Y este sábado supe que viajaban. Sabía que si el partido era largo, había una chance de que vieran el final. Y llegaron. Cuando festejé y los vi ahí, me puse muy contento de que hayan podido estar y de que mi papá haya superado ese miedo a volar”.
En este contexto, la victoria de Fran no solo es un título más: es el símbolo de un miedo familiar superado. La implicación inmediata es clara: cuando el amor y la determinación se alinean, hasta los obstáculos más profundos pueden caer.
Lo mejor de la final de Queen”s
¿Qué otros miedos podríamos vencer si tuviéramos el coraje de dar el primer paso?
El peso simbólico de un abrazo en Queen’s
El gesto de Alejandro Cerúndolo al abrazar a su hijo en pleno partido tras 36 años de ausencia en torneos internacionales trasciende el tenis: es la materialización de una lucha interna que redefine el legado familiar.
Lo que esto significa es que el miedo, cuando se enfrenta con apoyo incondicional —como el de María Luz al comprar los pasajes sin avisar—, puede convertirse en el motor de un momento histórico. La llegada del Toto al court central no solo fue física: fue la culminación de décadas de sacrificio silencioso, donde su ausencia en las canchas de sus hijos era el precio de su fobia. Ahora, ese mismo miedo, superado en un vuelo con escalas y pastillas, se transforma en el testimonio más poderoso para Francisco, Juan Manuel y María Constanza: el amor puede más que el terror.
La implicación inmediata es que este viaje no es un punto final, sino el inicio de una nueva etapa. Si el Toto pudo romper su barrera, ¿qué otros límites autoimpuestos podrán caer en la familia Cerúndolo? La pregunta ahora es si este acto de valentía inspirará a otros a confrontar sus propias sombras, sabiendo que el apoyo y la determinación son las herramientas más efectivas.
¿Y ahora qué?
Con el precedente de Londres, el próximo torneo fuera de Argentina ya no será una incógnita, sino una oportunidad. La pelota está en el techo de Fran, Juan Manuel y María Constanza: ¿están listos para jugar con su padre en la tribuna?