mié. Jul 8th, 2026
Argentina celebra remontada épica contra Egipto con Messi y Scaloni emocionados en el campo

Argentina revive: el corazón de campeón que no se rinde

Resurrección albiceleste: Argentina, al borde del abismo, encontró una vida más para remontar a Egipto y mantener vivo su sueño mundialista.

No podía terminar así. No después de todo lo que construyó esta selección. No con Lionel Messi caminando cabizbajo hacia el centro de la cancha, buscando respuestas mientras el Mundial se le escurría entre los dedos. No con esta generación, la más importante de la historia, resignándose a una despedida que nadie estaba dispuesto a aceptar.

Messi cabizbajo en el campo durante el partido contra Egipto
El gol de Cristian Romero que encendió la esperanza argentina: el cordobés marcó el primer tanto de la remontada para el 3-2Elsa – Getty Images North America

El abismo y la remontada épica

Durante 79 minutos, todo parecía roto. El equipo, el partido, el alma de los jugadores y la de los miles de argentinos que coparon el estadio. No había más. Egipto ganaba 2-0. Messi había fallado un penal y jugaba su peor partido del Mundial. Lionel Scaloni ya había arriesgado todo: cancha llena de delanteros, un equipo partido al medio. Y el segundo gol egipcio parecía el golpe final.

Pero este equipo nunca entendió de finales lógicos. Cuando parecía que no quedaban respuestas, afloró aquello que lo convirtió en campeón del mundo y bicampeón de América. No fue táctica. Ni física. Ni siquiera fútbol. Fue carácter. Orgullo. Rebeldía. Esa esencia que siempre aparece cuando todo parece perdido.

Porque esta selección puede jugar mejor o peor, tener tardes brillantes o noches oscuras, pero nunca deja de creer. Nunca deja de competir. Y siempre se las arregla para ganar.

Celebración de los jugadores argentinos tras la remontada
Leandro Paredes y Lisandro Martínez abrazan a Lionel Messi tras el gol del 2-2 parcialAníbal Greco / Enviado Especial –

Atlanta terminó siendo otra página inolvidable. Argentina, al borde de la eliminación, se levantó para construir una de las remontadas más emocionantes de los últimos tiempos. El pitazo final encontró a los jugadores abrazados, a Scaloni con los ojos vidriosos, a Messi sonriendo entre lágrimas y a miles de hinchas llorando en las tribunas. Esa imagen lo explica todo.

El fuego que nunca se apaga

Es difícil explicar lo que transmite este equipo. Tiene la costumbre de caminar por el borde del abismo, de sufrir más de la cuenta, de convertir la angustia en combustible. Parece caerse, parece quedarse sin respuestas, parece que el proceso más ganador de la historia se apaga. Y sin embargo, siempre encuentra la manera de levantarse.

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Ya no juega como en Qatar. Perdió aquella fluidez. Ya no domina con la misma autoridad ni transmite esa sensación de invulnerabilidad que intimidaba a sus rivales. Pero conserva algo igual de valioso: ese fuego interior que distingue a los grandes. Esa personalidad que nunca le permite dar nada por perdido.

Scaloni con expresión emocional en el banquillo
Argentina llegó a perder 2-0 a 16 minutos del final, pero reaccionó a tiempo y terminó dándolo vueltaAníbal Greco / Enviado Especial –

Dudas tácticas, actitud incuestionable

Habrá tiempo para analizar los errores. Porque antes del desahogo final, Argentina volvió a dejar dudas. Le costó imponer condiciones frente a un Egipto que le jugó de igual a igual. Le costó recuperar la pelota, generar juego, encontrar espacios. Le costó romper una defensa bien parada, que cerró los caminos y la obligó a jugar incómoda.

Lo que no se discute es la actitud. La selección mostró una versión más intensa. Presionó más arriba, recuperó pelotas cerca del área rival y tuvo una actitud agresiva para disputar cada balón. Paredes, acierto de Scaloni, le dio orden al mediocampo y permitió que Mac Allister jugara más adelantado. Aunque no alcanzó para cambiar un partido que casi siempre se jugó como quería Egipto. De todos modos, fue de lo mejor del equipo y salvó a Argentina con un cruce decisivo en el final.

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Momento del penal fallado por Messi
A la selección le costó todo ante Egipto, pero sacó a relucir su corazón de campeón y logró una victoria que será difícil de olvidarAníbal Greco / Enviado Especial –

El golpe del 1-0 llegó con un centro cruzado que encontró a Ibrahim atacando el espacio entre los centrales. Le ganó en el salto a Lisandro Martínez y metió un cabezazo imposible para Dibu. Luego, la gran oportunidad: Tagliafico ganó la espalda de su marcador y Messi, con su calma habitual, acomodó la pelota, respiró, miró al arquero… Mostafa Shobeir le adivinó la intención. El arquero egipcio estuvo a punto de convertirse en el villano, aunque la eliminación habría tenido muchos responsables.

El segundo tiempo comenzó traumático. Hassan armó una jugada extraordinaria por la derecha y asistió a Ziko, que definió para el 2-0. El gol fue anulado por el VAR por una infracción casi imperceptible sobre Lisandro Martínez. Pero Egipto siguió sin miedo. Y tras otra salida rápida, Ziko dejó a Argentina al borde del abismo. Faltaban 23 minutos.

Cuti Romero en acción durante el partido
Lionel Scaloni se llevó trabajo para casa, pero también una victoria que fortalece más que nunca al equipo para lo que vieneAníbal Greco / Enviado Especial –

Scaloni ya había quemado todos los recursos: Cuti Romero como gladiador en las dos áreas, cuatro delanteros en cancha. Algunos jugadores caminaban con las manos en la cintura. Otros miraban el reloj. Solo se escuchaban los gritos egipcios. Y sin embargo, lo mejor estaba por escribirse.

Messi fue el primero en entenderlo. Cambió la postura, la energía, el lenguaje corporal. Fue como si hubiera decidido jugar el resto del Mundial en esos 15 minutos. El centro a la cabeza de Romero encendió al equipo y al estadio. Luego, cuando Egipto más resistía, Messi la agarró de volea en el punto del penal, casi sin recorrido, y sacó un zurdazo que pegó en el travesaño antes de entrar. Y ya sobre el final, el cabezazo de Enzo Fernández desató la locura. Messi no participó de ese gol. Pero sin él, nada habría pasado.

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El corazón que late más fuerte

Tendrá trabajo Scaloni. Porque al equipo otra vez le costó todo. Porque tuvo niveles flojos, volvió a sufrir en defensa y necesitó de un Messi descomunal y de unos pocos puntos altos para meterse entre los ocho mejores. Pero más deberán esforzarse los rivales. Porque se la puede poner contra las cuerdas, se la puede hacer sufrir, se la puede obligar a jugar lejos de su mejor versión. Pero hay algo que este equipo jamás negocia: un corazón de campeón que nunca deja de latir.

¿Hasta dónde puede llegar un equipo que, cuando todo parece perdido, siempre encuentra una vida más?

Equipo argentino abrazado tras el pitazo final

El ADN que define a una era

Lo que separa a este equipo de cualquier otro no es su talento, sino su capacidad para transformar el sufrimiento en victoria cuando el reloj parece agotado.

En este contexto, la remontada ante Egipto no fue solo un resultado, sino la confirmación de un patrón: Argentina ya no gana a pesar de sus errores, sino gracias a su negación a aceptar la derrota. El 2-0 en contra no fue un golpe letal, sino el detonante de una reacción que solo los equipos con identidad propia pueden desatar. Lo que esto significa es que, más allá de las dudas tácticas o la irregularidad en el juego, existe un código interno que activa el instinto de supervivencia cuando el abismo acecha.

La implicación inmediata es clara: los rivales futuros no solo deberán superar su fútbol, sino también su mentalidad. Porque este equipo no compite contra adversarios, sino contra sus propios límites. Y hasta ahora, esos límites siempre se han expandido en el momento crítico.

¿Hasta dónde puede llegar el instinto?

La pregunta ahora no es si Argentina puede jugar mejor, sino cuántas veces más podrá resucitar cuando el partido —y el Mundial— parezcan perdidos. La respuesta definirá si este corazón de campeón bastará para escribir otra página de leyenda.

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