Rafael Grossi (OIEA) en rueda de prensa anunciando posibles negociaciones nucleares entre EEUU e Irán en Pakistán

“Diplomacia nuclear en juego: EEUU e Irán podrían sentarse en Islamabad este fin de semana”

Giro inesperado: El jefe del OIEA revela posibles encuentros secretos entre Washington y Teherán en Pakistán, mientras Trump suaviza su discurso y Irán niega negociaciones formales.

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, confirmó este miércoles la posibilidad de que Estados Unidos e Irán retomen contactos este fin de semana en Islamabad, capital de Pakistán. La revelación llega tras un cambio de tono del expresidente Donald Trump, quien ahora aboga por el diálogo, aunque las autoridades iraníes siguen desmintiendo conversaciones oficiales. Pakistán ya ha ofrecido su territorio como sede neutral para avanzar en una solución al conflicto en Oriente Próximo.

“Imagino que podrían producirse encuentros en Islamabad este fin de semana. No se limitarán al tema nuclear, sino que abordarán también misiles balísticos, el apoyo a milicias regionales y garantías de seguridad para Irán”, declaró Grossi al diario italiano Corriere della Sera. El diplomático argentino, que lidera el OIEA desde 2019, subrayó que su organismo está “disponible para actuar como facilitador neutral” en las eventuales pláticas, un papel que ya desempeñó durante las negociaciones del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) de 2015, del que EEUU se retiró en 2018.

Grossi sugirió que las tres semanas de guerra —desatadas tras los ataques conjuntos de EEUU e Israel a instalaciones iraníes— han generado un “factor nuevo” que podría acercar posturas. “Los daños a la infraestructura económica, energética y productiva de Irán son significativos. Esto cambiará la dinámica de la conversación”, advirtió. El funcionario descartó que los bombardeos hayan afectado “de manera decisiva” las plantas nucleares iraníes, pero alertó sobre el 60 % de enriquecimiento de uranio alcanzado por Teherán, un nivel que calificó como “preocupante y casi militar”.

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¿Qué busca Washington? Grossi anticipó que EEUU podría exigir un “enriquecimiento cero” como condición para cualquier acuerdo, una demanda que Irán ha rechazado históricamente. Sin embargo, el director del OIEA no descartó una suspensión temporal del enriquecimiento a cambio de concesiones políticas y de seguridad. “Existen planes alternativos que permitirían congelar el programa nuclear por 5 o 10 años, dado el actual clima de desconfianza”, explicó, en referencia a la crisis desatada tras el fracaso de las negociaciones del 28 de febrero, cuando un ataque sorpresa interrumpió el proceso diplomático.

Sobre el rol de Omán —país que ha mediado en anteriores rondas de diálogo—, Grossi reconoció los esfuerzos del canciller omaní, pero aclaró que “técnicamente, no se había cerrado ningún acuerdo” antes de la escalada. Mientras, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, reafirmó la disposición de su gobierno para albergar “conversaciones concluyentes” que aborden no solo el programa nuclear, sino también la influencia regional de Irán y su apoyo a grupos como Hezbolá en Líbano o los hutíes en Yemen.

El cambio de postura de Trump —quien pasó de amenazar con “respuesta devastadora” a hablar de “conversaciones sólidas”— ha generado especulaciones. Fuentes cercanas a la administración estadounidense filtraron que habría un “importante consenso” sobre los puntos clave de un eventual pacto, incluyendo la renuncia explícita de Irán a desarrollar armas nucleares. Sin embargo, Teherán insiste en que no negociará bajo presión, especialmente tras los recientes bombardeos a sus instalaciones de Natanz y Fordow, dos de sus centros de enriquecimiento más sensibles.

El fantasma del PAIC de 2015

Grossi vinculó el actual conflicto con el colapso del acuerdo nuclear de 2015, del que EEUU se retiró en 2018 bajo la presidencia de Trump. “La ruptura de ese pacto es, en parte, la razón de estas guerras”, sentenció. El PAIC limitaba el enriquecimiento de uranio iraní a cambio del levantamiento de sanciones, pero su desintegración llevó a Teherán a reanudar su programa nuclear sin restricciones, alcanzando niveles de pureza cercanos al 90 % —necesario para fabricar un arma atómica—. ¿Podría Islamabad ser el escenario de un nuevo PAIC, o solo de un alto al fuego temporal?

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Pakistán: el mediador con historial de éxitos (y un fracaso clave en 2019)

La elección de Islamabad como sede potencial no es casual: Pakistán ha mediado con éxito en crisis regionales desde los años 90, pero su último intento con Irán y EEUU en 2019 terminó en un fiasco que aún pesa. Mientras Shehbaz Sharif ofrece ahora su capital como “terreno neutral”, el antecedente de las negociaciones de Doha —cuando el entonces primer ministro Imran Khan fracasó en acercar a Teherán y Washington— revela los riesgos de este nuevo intento.

En septiembre de 2019, Pakistán organizó una cumbre secreta en Doha (Catar) para reducir tensiones tras el derribo de un dron estadounidense por Irán y los ataques a petroleros en el Golfo. El entonces ministro de Exteriores paquistaní, Shah Mahmood Qureshi, voló a Teherán para convencer al presidente Hassan Rouhani, mientras el asesor de Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton, exigía como precondition la suspensión del enriquecimiento de uranio. El encuentro nunca se celebró: Irán canceló su participación 24 horas antes, acusando a Pakistán de “ceder a presiones de Washington”. El fracaso dejó al descubierto la desconfianza iraní hacia mediadores con vínculos estrechos con EEUU —Pakistán recibió $450 millones en ayuda militar estadounidense ese mismo año— y marcó un precedente que ahora Grossi intenta superar.

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Sin embargo, el historial paquistaní incluye éxitos clave:

  • 1997: Mediación en la crisis entre Afganistán e Irán por el agua del río Helmand, evitando un conflicto armado.
  • 2013: Facilitación del diálogo entre el Talibán afgano y el gobierno de Kabul, que derivó en los primeros acuerdos de alto el fuego.
  • 2021: Negociaciones secretas que llevaron a la liberación de 5 marineros indios retenidos por Irán, tras intervencion directa del entonces jefe del ejército paquistaní, Qamar Javed Bajwa.

La diferencia en 2024: el factor Grossi. El director del OIEA, que ya logró en 2022 un acuerdo temporal para reinspeccionar las plantas iraníes de Natanz, aporta algo que Pakistán carecía en 2019: credibilidad técnica. Su presencia podría neutralizar las sospechas de Teherán sobre sesgos prooccidentales.

¿Por qué Irán podría aceptar ahora lo que rechazó en 2019?

La clave está en los números: en 2019, Irán enriquecía uranio al 4.5 % y su economía crecía un 0.8 % pese a las sanciones. Hoy, con el uranio al 60 %, una inflación del 43 % (según el FMI) y daños por $12 mil millones en infraestructura energética tras los bombardeos, el cálculo ha cambiado. Pero hay un detalle que Grossi no mencionó: en 2019, el mediador paquistaní actuó sin coordinación con China, aliado estratégico de Irán. Esta vez, Pekín ya ha dado luz verde a las gestiones, según fuentes de Reuters. Si Islamabad logra lo que Doha no pudo, no será por casualidad, sino porque el tablero geopolítico —y los balances de poder— ya no son los mismos.

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