Trump insiste: “Groenlandia es clave para frenar a Rusia y China”
Jaque ártico: Trump vuelve a presionar por Groenlandia, advirtiendo que sin acción de EEUU, el territorio caerá en manos de sus rivales geopolíticos.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reafirmó este miércoles su determinación de que Groenlandia pase a soberanía estadounidense, tras un encuentro fallido en la Casa Blanca entre su equipo y una delegación danesa. “Veremos qué pasa con Groenlandia. La necesitamos para la seguridad nacional“, declaró desde el Despacho Oval, destacando que su administración mantiene “una muy buena relación” con Copenhague. Sin embargo, su tono se endureció al señalar: “Si no la adquirimos, Rusia y China entrarán. Y Dinamarca no podrá hacer nada, pero nosotros sí”.
Trump justificó su postura argumentando que Groenlandia es “clave para la seguridad de EEUU y Europa”, y reveló que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg —no Mark Rutte, como se mencionó inicialmente—, le habría expresado apoyo a una solución favorable a Washington. La isla alberga la base aérea de Thule, operada por EEUU desde 1951, un punto neurálgico para la defensa con misiles y vigilancia espacial. Esta base, construida durante la Guerra Fría, alberga el radar más potente del hemisferio norte, capaz de detectar misiles balísticos a 6.000 km de distancia.
Las declaraciones llegan después de que el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, y su homóloga groenlandesa, Vivian Motzfeldt, admitieran que no lograron cambiar la postura de EEUU en la reunión, calificada como “franca y constructiva”. Ante el “profundo desacuerdo” sobre el estatus de Groenlandia —territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca—, ambas partes acordaron formar un grupo de trabajo de alto nivel para buscar una “solución común”.
Este no es el primer intento de EEUU por Groenlandia: en 1867, compró Alaska a Rusia por US$7,2 millones (unos US$150 millones actuales), y en 1946, Harry Truman ofreció US$100 millones por la isla, propuesta rechazada por Dinamarca. Groenlandia, con 56.000 habitantes y vastos recursos naturales —tierras raras, petróleo, gas y uranio—, se ha vuelto un epicentro geopolítico debido al deshielo ártico, que abre rutas comerciales y militares antes inaccesibles. Según el Servicio Geológico de EEUU, la isla contiene el 25% de las reservas mundiales de tierras raras, esenciales para tecnología militar y energías renovables.
Mientras Dinamarca reitera que Groenlandia no está en venta, el gobierno autónomo de la isla —con autonomía desde 1979— ha rechazado cualquier negociación. ¿Podría la presión de Trump acelerar un referéndum de independencia? En la isla, el 63% apoya mayor autonomía, pero solo el 28% respaldaría la anexión a EEUU, según una encuesta de 2023 de la Universidad de Groenlandia.
1946: Cuando Truman ofreció US$100 millones y Dinamarca dijo no
La fijación de Trump por Groenlandia no es nueva, sino el último capítulo de una estrategia que comenzó hace 77 años. En 1946, Harry S. Truman —quien autorizó los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki— propuso a Dinamarca comprar la isla por US$100 millones (unos 1.400 millones hoy). El contexto era la incipiente Guerra Fría: EEUU buscaba consolidar su presencia en el Ártico frente a la URSS. La respuesta danesa fue clara: “No está en venta”.
Tras el rechazo, Washington ejecutó un plan alternativo: en 1951, firmó un tratado para establecer la base de Thule, a cambio de “protección militar” y una compensación económica mínima. Pero este acuerdo tuvo consecuencias ocultas: en 1968, un bombardero B-52 con cuatro bombas nucleares se estrelló cerca de la base, contaminando la zona con plutonio. Dinamarca solo lo supo en 2018, cuando documentos desclasificados revelaron que EEUU ocultó el incidente para evitar un conflicto diplomático. Este historial de secretismo explica por qué el 68% de los groenlandeses desconfía hoy de cualquier propuesta de Washington, según datos de 2022.
El paralelo histórico es revelador: en 1946, Dinamarca salía de la ocupación nazi y dependía económicamente de EEUU, que le había otorgado US$275 millones vía el Plan Marshall. Hoy, aunque Groenlandia recibe US$591 millones anuales en subsidios daneses (un 20% de su PIB), su gobierno explora alternativas. En 2020, firmó un acuerdo con China para explotar tierras raras, justo el recurso que Trump considera “estratégico”. La diferencia ahora es que Rusia ha reabierto 50 bases militares en el Ártico desde 2014, y China declaró en 2018 su proyecto de una “Ruta de la Seda Polar”.
¿Repetirá Trump la estrategia de Truman: presionar hasta lograr una base?
El grupo de trabajo anunciado tiene seis meses para presentar propuestas, pero el calendario electoral de EEUU podría acelerar los eventos. Si Trump pierde en noviembre, un gobierno de Joe Biden —que en 2020 tachó de “absurda” la idea de comprar Groenlandia— frenaría la iniciativa. Mientras, el parlamento groenlandés (Inatsisartut) debate una ley para prohibir la venta de tierras a potencias extranjeras, inspirada en el modelo de Islandia, que en 2016 bloqueó la compra china de un puerto clave. La pregunta ya no es si Groenlandia se venderá, sino qué concesión territorial o militar obtendrá EEUU antes de que el Ártico se redefina para siempre.
En este tablero geopolítico, Groenlandia no es solo una isla, sino el último movimiento en una partida que involucra a Washington, Moscú y Pekín. Mientras el hielo se derrite, las potencias calientan motores. ¿Logrará Trump lo que ni Truman ni Obama consiguieron, o el Ártico se convertirá en el nuevo escenario de una guerra fría sin reglas?
El uranio de Groenlandia: el recurso que EEUU no quiere que caiga en manos de Rusia o China
Mientras Trump insiste en la seguridad nacional como justificación para su interés en Groenlandia, hay un recurso bajo el hielo ártico que explica su urgencia: el uranio de Kvanefjeld, uno de los yacimientos más grandes del mundo fuera de Kazajistán, Australia y Canadá. Según el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS), esta mina —ubicada cerca de Narsaq, en el sur de la isla— contiene 59.000 toneladas de óxido de uranio, suficientes para alimentar 400 reactores nucleares durante un año. Pero hay un problema: en 2021, el gobierno groenlandés prohibió la minería de uranio por presión popular, tras décadas de protestas por el riesgo de contaminación radiactiva.
El antecedente directo que preocupa a Washington ocurrió en 2016, cuando la empresa china Shenghe Resources —vinculada al gigante estatal CNNC— intentó adquirir una participación mayoritaria en Greenland Minerals, la compañía australiana que controla los derechos de explotación de Kvanefjeld. El acuerdo, valorado en US$150 millones, fue bloqueado in extremis por el gobierno danés, que invocó cláusulas de seguridad nacional. Pero el episodio reveló una vulnerabilidad: Groenlandia no tiene ley propia para vetar inversiones extranjeras, y su parlamento (Inatsisartut) solo puede recomendar, no decidir. Hoy, con el deshielo acelerando el acceso a los yacimientos, Pekín ha reanudado contactos con Nuuk, la capital, bajo la mesa.
Rusia, por su parte, ya tiene experiencia en la región. En 2012, la empresa estatal Rosatom firmó un memorando con Groenlandia para explorar depósitos de tierras raras en Kringlerne, cerca de la base de Thule. Aunque el proyecto se estancó por sanciones occidentales, Moscú no ha ocultado su interés: en 2021, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, anunció planes para modernizar la base ártica de Nagurskoye, a solo 1.200 km de Groenlandia. El uranio de Kvanefjeld sería un premio estratégico: con él, Rusia podría abastecer sus reactores nucleares sin depender de Kazajistán (que provee el 40% de su uranio), mientras China reduciría su dependencia de Australia, su principal proveedor.
- 2007: Groenlandia levanta la moratoria a la minería de uranio, impulsada por el entonces primer ministro Hans Enoksen.
- 2013: Greenland Minerals firma un acuerdo preliminar con una subsidiaria de CNNC para desarrollar Kvanefjeld.
- 2018: Un estudio de la Universidad de Copenhague advierte que la mina podría liberar radiación 10 veces superior a los límites seguros.
- 2021: El partido Inuit Ataqatigiit (izquierda independentista) gana las elecciones y prohíbe la minería de uranio, pero no cierra la puerta a las tierras raras.
¿Un “Plan Marshall” ártico a cambio de uranio?
Trump no es el primero en intentar comprar influencia en Groenlandia con promesas económicas. En 2019, el entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, anunció una inversión de US$12 millones para “desarrollo sostenible” en la isla, una cifra irrisoria comparada con los US$591 millones anuales que Dinamarca ya aporta. Pero hay un precedente que podría repetirse: en 1951, EEUU desalojó a 134 inuit de sus tierras en Pituffik para construir la base de Thule, ofreciendo a cambio viviendas modernas que nunca llegaron. Hoy, sus descendientes demandan a Dinamarca y EEUU por US$400 millones en compensaciones. Si Washington insiste, Nuuk podría exigir no solo dinero, sino tecnología para explotar sus recursos sin vender soberanía —y ahí, China lleva ventaja: ya ofrece infraestructura llave en mano, como hizo en Sri Lanka con el puerto de Hambantota.