Tanque israelí destruido cerca del río Litani con humo y soldados en zona de combate en el sur de Líbano

Frontera en llamas: Israel pierde a su quinto soldado en el sur de Líbano

Escalada letal: El sur de Líbano se convierte en el nuevo epicentro de violencia, con cinco soldados israelíes muertos en menos de un mes.

La frontera sur de Líbano ha estallado en un conflicto que amenaza con redefinir la seguridad regional. Desde el inicio de la ofensiva israelí en Gaza, analistas y gobiernos advirtieron sobre el riesgo de que el frente norte se reactivara. Hoy, esa advertencia es una realidad sangrienta: el río Litani, límite histórico de la ofensiva israelí de 1978, vuelve a ser escenario de combates que podrían alargar la crisis durante meses.

El Ejército israelí confirmó este domingo la muerte del sargento Moshe Yitzchak Hacohen Katz, de 22 años, natural de New Haven, Connecticut (EE.UU.), integrante del 890.º Batallón de la Brigada de Paracaidistas. Tres soldados más resultaron heridos en el mismo ataque, que elevó a cinco las bajas israelíes en el sur de Líbano desde marzo. Katz, miembro de una unidad especializada en operaciones de alto riesgo desde 1953, cayó en una zona donde su brigada —la 35ª, desplegada en Sinaí, Cisjordania y ahora Líbano— ha sido blanco recurrente de cohetes y explosivos.

Las Fuerzas Armadas israelíes detallaron que los tres heridos sufrieron lesiones de gravedad moderada y fueron evacuados de emergencia. Sus familias, junto a la del sargento Katz, ya fueron notificadas. Este nuevo golpe se suma a una ola de violencia que, en solo 48 horas, dejó un oficial gravemente herido por misiles antitanque el viernes y siete soldados más afectados por cohetes el sábado, según informes castrenses.

Hezbolá, la milicia chií libanesa, ha reactivado su arsenal histórico: misiles antitanque Kornet y cohetes Grad, sistemas que ya empleó en conflictos anteriores. Pese a los más de 5.000 bombardeos israelíes desde octubre —según fuentes abiertas—, la capacidad ofensiva de Hezbolá sigue intacta. Mientras, el balance humano se disparó: Líbano registra cerca de 1.200 muertos, y Israel acumula decenas de heridos en un mes de combates sin tregua.

El cruce del río Litani —línea divisoria natural entre el sur y el centro de Líbano— marcó un punto de no retorno. La Resolución 1701 de la ONU (2006) prohibió la presencia de armas al sur de este río, excepto para el Ejército libanés y la Fuerza Interina de las Naciones Unidas (FINUL). La avanzada israelí podría violar este mandato, aumentando la presión diplomática sobre Jerusalén y riesgo de sanciones internacionales.

Moshe Katz y la sombra de 1978: ¿Por qué el Litani es la línea roja?

La muerte de Moshe Katz no es un hecho aislado, sino el símbolo de una escalada que ya supera los cinco soldados israelíes fallecidos en el sur de Líbano desde marzo. Este batallón, adscrito a la Brigada 35 de Paracaidistas, tiene un historial de operaciones en zonas de alto conflicto, como Sinaí (Egipto) y Cisjordania, donde sus miembros son blancos prioritarios para grupos armados. La unidad de Katz, el 890.º Batallón, se creó en 1953 para misiones de élite, y su pérdida subraya la gravedad del actual despliegue.

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El río Litani es más que un accidente geográfico: en 1978, marcó el límite de la ofensiva israelí durante la Operación Litani, una campaña que buscó debilitar a la OLP en el sur de Líbano. Hoy, su cruce por tropas israelíes reaviva el fantasma de una reconfiguración territorial, con Hezbolá dispuesto a defender lo que considera su zona de influencia. La milicia chií anunció el sábado que sus ataques han logrado contener el avance israelí hacia el norte del Litani, aunque el costo humano es devastador: 1.200 muertos en Líbano, según las autoridades locales.

En las últimas 72 horas, la intensidad de los combates se ha disparado:

  • Viernes: Un oficial israelí resultó gravemente herido por un misil antitanque.
  • Sábado: Siete soldados israelíes (uno grave, seis leves) fueron alcanzados por cohetes.
  • Domingo: Muerte de Moshe Katz y tres heridos más en un nuevo ataque.

Hezbolá ha demostrado que conserva capacidad operativa pese a los bombardeos, utilizando armamento como los Kornet (misiles guíados con alcance de 5 km) y los Grad (cohetes de artillería no guiados). Estos sistemas, combinados con la experiencia de la Brigada 35 israelí en terrenos hostiles, convierten el sur de Líbano en un polvorín.

¿Qué dice la Resolución 1701? Aprobada en 2006 tras la guerra entre Israel y Hezbolá, esta resolución de la ONU estableció que solo el Ejército libanés y la FINUL podrían portar armas al sur del Litani. La presencia israelí actual podría interpretarse como una violación flagrante, lo que abriría la puerta a sanciones o a una intervención más activa de la comunidad internacional.

Escenarios críticos: ¿Hacia dónde va el conflicto?

La escalada actual responde a tres factores clave:

  • Reactivación del frente norte: La ofensiva en Gaza desencadenó una respuesta en Líbano, donde Hezbolá actúa como aliado de Hamás.
  • Armamento letal: Los Kornet (capaces de perforar blindajes) y los Grad (usados en lluvias de cohetes) aumentan la mortalidad.
  • Unidades de élite en juego: La Brigada 35, con experiencia en Sinaí y Cisjordania, enfrenta un enemigo que conoce el terreno y tiene apoyo logístico de Irán.
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Los próximos días son decisivos. Israel podría:

  • Intensificar operaciones terrestres, arriesgándose a una violación abierta de la Resolución 1701 y a represalias de Hezbolá.
  • Buscar una pausa negociada, bajo presión de EE.UU. y la UE, para evitar un conflicto regional.
  • Aumentar los bombardeos aéreos, pero con el riesgo de que Hezbolá responda con misiles contra ciudades israelíes.

Históricamente, conflictos como este han requerido intervención multilateral para establecer corredores humanitarios. Sin embargo, la presencia de actores no estatales (Hezbolá) y el respaldo de Irán y Siria complican cualquier solución rápida. En 2006, la guerra duró 34 días y dejó 1.200 muertos en Líbano y 160 en Israel. Hoy, con un Hezbolá más armado y un Israel decidido a evitar otro “foco terrorista” en su frontera norte, el escenario es aún más explosivo.

¿Podrá la diplomacia frenar una guerra que ya ha cobrado 1.200 vidas en un mes? La respuesta depende de si Jerusalén acepta retroceder del Litani, si Hezbolá cesa sus lanzamientos de Kornet, y si Washington —aliado clave de Israel— ejerce presión real para un alto el fuego. Mientras, cada día sin tregua acerca a la región a un abismo del que fue difícil salir en 2006.

El precedente de 2006: Cuando el Litani dividió a Líbano e Israel en 34 días de infierno

La actual escalada en el sur de Líbano no es la primera vez que el río Litani se convierte en el epicentro de un conflicto que amenaza con desestabilizar Oriente Medio. En julio de 2006, un incidente fronterizo —el secuestro de dos soldados israelíes por parte de Hezbolá— desencadenó una guerra que duró 34 días, dejó 1.191 muertos en Líbano (en su mayoría civiles) y 165 en Israel (43 de ellos civiles), según datos de la ONU. El balance económico fue igualmente devastador: Líbano perdió el equivalente al 15% de su PIB en infraestructuras destruidas, mientras que Israel gastó $1.600 millones en operaciones militares, según el Banco Mundial.

El conflicto de 2006 marcó un antes y después en la estrategia de Hezbolá. Antes de esa guerra, la milicia chií contaba con un arsenal estimado de 12.000 cohetes, principalmente de corto alcance (como los Katyusha, con 20-30 km de alcance). Tras el alto el fuego mediado por la ONU, Irán y Siria aceleraron el rearme de Hezbolá, que para 2010 ya disponía de 40.000 proyectiles, incluyendo misiles de mayor precisión como los Fajr-5 (75 km de alcance) y los Kornet (los mismos que ahora están diezmando a las tropas israelíes). Según un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de 2021, Hezbolá posee hoy entre 130.000 y 150.000 proyectiles, una capacidad de fuego que supera a la de muchos estados-nación.

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La Resolución 1701, aprobada el 11 de agosto de 2006, estableció un cese al fuego y desplegó a la FINUL (Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano) con un mandato ampliado: 15.000 cascos azules para supervisar el desarme de Hezbolá al sur del Litani. Sin embargo, 17 años después, la milicia no solo no ha sido desarmada, sino que ha consolidado su presencia en la zona. Según fuentes de inteligencia israelíes citadas por The Jerusalem Post en 2023, Hezbolá opera más de 200 puestos militares permanentes al sur del Litani, muchos de ellos camuflados en zonas civiles. Este incumplimiento sistemático de la resolución explica por qué Israel ahora justifica su avance como una operación para “restaurar la disuasión” perdida desde 2006.

El conflicto actual reproduce patrones inquietantes de aquel verano. En 2006, Israel lanzó 7.000 bombardeos aéreos en Líbano, mientras que Hezbolá disparó 4.000 cohetes contra ciudades israelíes, según el Informe Winograd (comisión israelí que investigó la guerra). Hoy, las cifras son similares: más de 5.000 bombardeos israelíes desde octubre y un promedio de 100 cohetes diarios lanzados por Hezbolá en las últimas semanas. La diferencia clave es la letalidad: los Kornet que ahora emplea Hezbolá tienen una precisión del 90% contra blindados, según datos del Ejército de EE.UU., mientras que en 2006 dependían de los menos precisos Katyusha.

¿Estamos ante un déjà vu con final distinto?

En 2006, la guerra terminó cuando ambos bandos declararon victoria: Israel afirmó haber debilitado a Hezbolá, mientras que la milicia chií celebró haber “resistido” al ejército más poderoso de la región. Hoy, sin embargo, el contexto es radicalmente distinto. Hezbolá no actúa solo: es el brazo armado de Irán en la región, y su arsenal incluye misiles capaces de alcanzar Tel Aviv (como los Scud-D, con 700 km de alcance). Además, Israel enfrenta una crisis de legitimidad internacional: su ofensiva en Gaza ha generado condenas globales, y una operación terrestre en Líbano podría aislarlo aún más. La pregunta no es si habrá una repetición de 2006, sino si esta vez el conflicto se contará en semananas… o en meses.

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