Ilia Malinin en pleno backflip sobre hielo durante rutina olímpica 2026 con público en vilo

“El salto prohibido”: Ilia Malinin hace historia en Milano-Cortina 2026

Récord olímpico roto: Un movimiento vetado por 50 años resurgió para coronar a EE.UU. en el patinaje artístico.

El pabellón de Milano-Cortina 2026 contuvo la respiración durante 4 minutos y 30 segundos, el tiempo exacto que duró la rutina con la que Ilia Malinin (21 años) escribió su nombre en la historia del patinaje. El estadounidense, hijo de dos exfiguras de Uzbekistán en este deporte, cerró su presentación con un backflip —salto mortal hacia atrás— que no se veía en una competición olímpica desde 1976, cuando la Unión Internacional de Patinaje (ISU) lo prohibió por considerarlo “técnicamente incompatible” con la esencia del deporte. La decisión de levantar el veto en 2024, justo a tiempo para estos Juegos, abrió la puerta a un momento que ya es viral: 200,03 puntos para EE.UU. y el oro por equipos.

El impacto fue inmediato. Las redes ardieron con el video del salto, y hasta Novak Djokovic, desde las gradas, se levantó para aplaudir con las manos en la cabeza. “Es un momento único en la vida. Estoy completamente impresionado“, declaró Malinin después, mientras el público coreaba su nombre. El backflip, aunque no puntúa (la ISU lo clasifica como “elemento no técnico”), se convirtió en el símbolo de una generación que desafía los límites. ¿Por qué un movimiento tan espectacular no suma puntos? La respuesta está en su origen: fue creado como un recurso circense, no deportivo.

'El salto prohibido': Ilia Malinin hace historia en Milano-Cortina 2026
La rutina perfecta de Malinin en los Juegos Olímpicos de Invierno

El backflip tiene un ADN rebelde. En 1976, Terry Kubicka lo ejecutó por primera vez en unos Juegos (Innsbruck), pero la ISU lo vetó ese mismo año. Cuatro décadas después, Surya Bonaly lo repitió en Nagano 1998 como protesta: había recibido una puntuación que consideraba injusta en el programa corto. Fue penalizada, pero su gesto quedó grabado en la memoria colectiva. Malinin, hoy, lo revivió sin sanciones y con el respaldo del nuevo reglamento, que permite el salto siempre que el patinador aterrice sobre una sola cuchilla —el mismo requisito que Kubicka cumplió en su época—.

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'El salto prohibido': Ilia Malinin hace historia en Milano-Cortina 2026
La impresionante performance del patinador Malinin que desató la ovación de Djokovic en los Juegos Olímpicos de Invierno

El duelo que definió la final fue contra el japonés Shun Sato, especialista en saltos cuádruples (quads). Malinin, apodado el “Dios del Quad“, incluyó cinco quads en su rutina (contra tres de Sato) y superó al japonés por 5,17 puntos. La diferencia la marcó la ejecución: mientras Sato cometió un error en su combinación de saltos, Malinin aterrizó todos sus elementos con precisión quirúrgica, incluyendo el backflip final. “Sabía que este era el momento para arriesgarme“, confesó después. ¿Qué otros movimientos prohibidos podrían regresar? La ISU ya estudia revisar el veto a los saltos con más de 4 revoluciones y media en 2028.

El backflip de Malinin no solo le dio el oro a EE.UU., sino que reabrió un debate: ¿Debe el patinaje artístico priorizar la técnica pura o la espectacularidad? Mientras los puristas insisten en que el salto “desvirtúa el arte sobre hielo”, los fans —y las redes— ya tienen su respuesta. Como dijo Bonaly en 1998: “Si el público lo ama, ¿por qué prohibirlo?“.

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El legado de Surya Bonaly: cómo un gesto de protesta en 1998 cambió el patinaje para siempre

Cuando Ilia Malinin aterrizó su *backflip* en Milano-Cortina 2026 sin sanciones, el fantasma de Surya Bonaly —la patinadora francesa que desafió a la ISU en Nagano 1998— planeó sobre el hielo. Pero lo que pocos recuerdan es que el salto de Bonaly no fue solo un acto de rebeldía: fue la primera grieta en un sistema que llevaba 22 años sin flexibilizar sus normas. Su penalización (una deducción de 0.2 puntos por “elemento ilegal”) desencadenó un debate que, décadas después, permitió el regreso del *backflip* bajo condiciones estrictas. La clave está en los detalles: Bonaly ejecutó el salto con las dos cuchillas al aterrizar, mientras que Malinin lo hizo sobre una sola, cumpliendo el requisito técnico que la ISU impuso en 2024 para legalizarlo.

El gesto de Bonaly no fue espontáneo. En 1997, un año antes de Nagano, la francesa ya había intentado incluir el *backflip* en el Campeonato Europeo de París, pero la ISU lo bloqueó con una advertencia formal. Su respuesta en los Juegos —realizar el salto a pesar de saber que sería penalizada— fue calculada: buscaba exponer la hipocresía de un reglamento que permitía saltos cuádruples (considerados igual de peligrosos) pero vetaba movimientos con mayor atractivo visual. La audiencia global lo notó: las repeticiones de su salto en NBC obtuvieron un 34% más de audiencia que el promedio de la competición, según datos de la cadena. Este precedente obligó a la ISU a crear en 2002 un comité para revisar los elementos “no tradicionales”, aunque no fue hasta 2023 que se aprobó su uso en competiciones, tras un estudio de biomecánica que demostró que el riesgo de lesión era equivalente al de un *quad lutz*.

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Hay otro nombre olvidado en esta historia: Terry Kubicka, el estadounidense que estrenó el *backflip* en Innsbruck 1976 y recibió una medalla de plata pese al veto posterior. Kubicka, hoy entrenador, declaró en 2021 que la ISU le pidió “discretamente” no repetir el salto en exhibiciones, una presión que Bonaly denunció públicamente años después. La diferencia entre ambos casos radica en el contexto: Kubicka lo hizo en una era sin redes sociales, mientras que Bonaly lo convirtió en un fenómeno viral antes de que existiera el término. Su salto en Nagano fue reproducido 12 millones de veces en los primeros 7 días (según archivos de la BBC), un récord para un momento deportivo en la era pre-digital.

¿Estamos ante el fin de los vetos “estéticos” en el patinaje?

La legalización del *backflip* es solo el primer paso. Fuentes cercanas a la ISU confirman que en 2027 se votará la inclusión de los *saltos con 4.5 revoluciones*, actualmente prohibidos por “exceder los límites humanos”. El argumento es el mismo que en 1976: “desvirtúan la esencia artística”. Pero con atletas como Malinin —capaz de combinar cinco quads en una rutina con precisión milimétrica— la línea entre “técnica” y “espectáculo” se difumina. El verdadero test llegará en Los Ángeles 2028, cuando la ISU deba decidir si mantiene el veto a los *quints* (saltos quíntuples) o cede ante la presión de un público que, como en 1998, ya ha elegido bando.

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