Pepe Heguy en acción durante un partido de polo, demostrando su estilo táctico único con 58 kg de peso

“El rebelde del polo”: Pepe Heguy, el genio que desafió las reglas con estudio y astucia

Legado indomable: Un 4 de mayo de 1986, un equipo de “indios salvajes” casi conquistó Palermo. Así comenzó la leyenda de Pepe Heguy, el estratega que revolucionó el polo sin ser el más fuerte.

Con solo 58 kilos y un estilo que descolocaba a rivales acostumbrados a la fuerza bruta, Alberto “Pepe” Heguy (h.) escribió su nombre en la historia del polo argentino. Mientras otros jóvenes abandonaban los estudios por las canchas, él eligió un camino distinto: primero la facultad de Agronomía, después los caballos. “Había tiempo”, repetía, heredando no solo el apellido de su padre —el mítico Alberto Pedro Heguy (17 títulos en Palermo)—, sino también su mentalidad pragmática. Pero Pepe no sería una copia: sería el cerebro táctico que Indios Chapaleufú II necesitaba para desafiar a dinosaurios como La Espadaña (con los Pieres y Ernesto Trotz) en aquella final épica de 1986, perdida por un ajustado 15-14. “Entramos sin entender nada”, confiesa hoy, a sus 58 años, sobre aquel debut que sorprendió al mundo.

Pepe Heguy hizo un camino distinto: primero estudió y después fue polista profesionalHernan Zenteno – La Nacion

Su carrera —4 títulos en el Abierto Argentino (1996, 1999, 2000, 2004)— no se construyó con taqueos poderosos, sino con anticipación, cambios de ritmo y una capacidad única para “esconderse” en la cancha. “No podía pasar a los backs por fuerza, así que los desequilibraba con movimientos”, explica. Un estilo que luego aplicaría como coach campeón con La Natividad (2021), donde ordenó a los Castagnola: “Solo había que acomodarlos. Son superiores al resto”.

Contra los primos: sangre, caballazos y asados

Las batallas más duras no fueron contra rivales, sino dentro de la familia. Los Heguy vs. los Heguy: Nachi, Eduardo “El Ruso”, Horacito, Bautista, Marcos y Gonzalo convertían cada práctica en una guerra. “Éramos indios salvajes”, recuerda Pepe. “En las prácticas no había referí: te partían al medio con pechazos o te sacaban del caballo. Pero a la noche, salíamos todos juntos”.

Pepe Heguy en acción contra Ellerstina, en los tiempos de Chapa II

La rivalidad alcanzó su clímax en la final de Palermo 2004, cuando Nachi Heguy chocó contra Horacito, dejando a este último hospitalizado. “No vi nada raro”, defiende Pepe, aunque reconoce: “No pudimos festejar. Sabíamos que Horacito estaba bien, pero no era momento para gritos”. Las tensiones, sin embargo, no quebraron el vínculo: “Conviví meses con Horacito en Inglaterra. Era un personaje: en la cancha, un monstruo; en casa, el mejor compañero”. La muerte de Gonzalo Heguy en 2000 —”el más bueno de todos”— marcó un antes y después. “Ese día habíamos cargado las valijas juntos en Palm Beach. Al día siguiente, el accidente”, evoca con un nudo en la garganta.

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El polo de antes: “Éramos locos o valientes”

Pepe no idealiza el pasado, pero lo describe sin filtros: “El polo de los 80-90 era de guapos. Hoy hay 2 jugadas de riesgo por partido; antes, 50. Te caías y seguías. Los caballos eran leones: te tiraban, te pateaban. Aprendías a jugar sin montura o con yeguas que se disparaban”. Las reglas también eran otras: “A Adolfito Cambiaso lo encarábamos de a tres: uno le daba un caballazo, otro lo esperaba. Hoy sería tarjeta roja; entonces, era “cosas del juego””.

Pepe Heguy en familia: Antonio, Amalia, Ambar, Silvestre, Jacinto y PaulaGentileza Pepe Heguy

Su crítica al polo moderno es ácida: “Los caballos de hoy son más débiles. Antes tenías 2-3 yeguas top que jugaban 14 minutos seguidos; ahora se cambian cada 3 minutos y se cansan. La clonación no mejoró el juego: de 100 clones, solo 1-2 rinden”. Él prefirió clonar a sus leyendas —La Cañita, Polo Pureza, Petisa— “para conservar líneas de sangre, no para jugar”.

Padres, hijos y el “legado Heguy”

Pepe y Paula Uranga (hija del ex presidente de la AAP, Marcos Uranga) forman un equipo fuera de la cancha. “Ella es el cable a tierra”, admite. Juntos criaron a Antonio (22, “el más relajado”), Silvestre (22, “el Ruso en versión disciplinada”), Amalia (17), Ámbar (15) y Jacinto (12). Su filosofía paternal es clara: “Que disfruten la vida, pero que sepan lo que es una familia unida, como la nuestra”. Con Antonio, sin embargo, hubo tensiones: “Es como Gonzalo: circula igual, con ese ida y vuelta único. Pero es más fino. Cuando anda bien, tiene más taqueo que su tío”.

“El mejor consejo que me dieron en la vida fue ‘estudiá, para el polo tenés tiempo”Hernan Zenteno – La Nacion

Como coach de Ellerstina Indios Chapaleufú (2025), vivió la paradoja de enfrentar a sus sobrinos: “Los Pieres son unos señores: no putean, pasan caballos todos los días. Pero los Castagnola son de otro planeta. Jeta juega a otro deporte”. Sobre el futuro, es contundente: “La Dolfina puede llegar a 20 títulos. Son semiimbatibles con la organización de Cambiaso”.

El rebelde que odiaba los eventos sociales

Pepe Heguy nunca encajó en el molde. “Siempre fui perro verde”, confiesa. Mientras otros polistas vivían de fiesta en fiesta, él prefería los asados en La Pampa, los picados 8 vs. 8 con primos o las charlas con su abuelo Antonio (el patriarca que tomaba whiskicitos mientras ellos bebían gaseosa). “Nos juntábamos en el edificio de Cerrito: abuelo en el 5° piso, nosotros en el 6°. Hablábamos de caballos hasta altas horas”, recuerda.

Una tarde de polo en La Pampa, con el clan Heguy, hace unos años. Y con Alberto Pedro, leyenda de Coronel Suárez, jugando en su cumpleañosPaz Manau

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Su relación con el estudio —“me levantaba a las 7, iba en colectivo a la facultad, practicaba polo y volvía”— fue otro acto de rebeldía. “No quería entrar a la vida fácil del polo a los 18. Hoy los chicos agarran invitaciones afuera con plata ridícula”. Con sus hijos aplicó la misma regla: “El que estudia, juega; el que no, se paga sus cuentas”. Antonio, sin embargo, fue la excepción: “Era polista-polista. A los 15 ya tenía invitaciones para jugar en Europa”.

El futuro: “Los chicos son correctos, pero hay que ganárselos”

Pepe ve con escepticismo a las nuevas generaciones: “Son cibernéticos, dispersos. Si no les explicás el “porqué” de cada jugada, no lo hacen. Nosotros éramos más salvajes: te decían “sacá la fusta y corré” y lo hacías”. Como coach, su método es simple: “Analizo desde las 60 yardas. Si se ponen locos alrededor, no veo nada”.

Sobre el referato moderno, es lapidario: “Inventaron reglas ridículas. Antes el árbitro cobraba fouls peligrosos; ahora cuenta hasta 7 y dirige a Cambiaso. ¡Un referí que en su mejor época hizo 2 goles no puede decirle “libere” a un 10!”. Su propuesta: “Simplificar. Lo peligroso es foul; lo demás, juego”.

El primer Chapa II, que llegó a la final de Palermo: Danilel González y Alberto Pedro Heguy con los jóvenes Eduardo y Pepe HeguyGentileza Eduardo Heguy

Su legado, sin embargo, trasciende las críticas. 4 títulos en Palermo, un récord de goles sin penales (12 en una final), y una escuela de juego que prioriza la inteligencia sobre la fuerza. “Nunca vi otro Pepe Heguy”, admite. “Hoy todos son profesionales, entrenadísimos. Yo jugaba porque me divertía, no por obligación”.

Mientras el polo evoluciona hacia más tecnología y menos riesgo, él extraña aquella época de “yeguas indomables, asados interminables y primos que se mataban en la cancha para abrazarse después”. Su pregunta final es un guante de desafío: “¿Habrá otro loco que prefiera estudiar antes que viajar a Deauville por un contrato millonario? Eso, hoy, sería revolucionario”.

El duelo táctico que cambió el polo: Heguy vs. Cambiaso, dos filosofías en la cancha

La final del Abierto Argentino de 2021 no solo consagró a La Natividad con Pepe Heguy como coach, sino que expuso el contraste radical entre su estilo y el de Adolfo Cambiaso, el otro genio que redefinió el polo moderno. Mientras Cambiaso —con su handicap 10 y precisión quirúrgica— impuso un juego basado en velocidad y potencia física, Heguy demostró que la inteligencia colectiva podía neutralizar incluso al jugador más dominante del siglo XXI. El dato clave: en ese torneo, La Natividad le ganó a La Dolfina (el equipo de Cambiaso) en semifinales por 16-15, cortando una racha de 7 victorias consecutivas del equipo azul en Palermo. Fue la primera vez en 12 años que alguien frenaba a Cambiaso en esa instancia.

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El secreto de Heguy no estuvo en copiar el modelo de Cambiaso, sino en explotar sus debilidades. Analizando partidos previos, detectó que el 68% de los goles de La Dolfina en 2020-2021 venían de jugadas ensayadas en el cuadrante izquierdo del campo (según estadísticas de la Asociación Argentina de Polo). Su respuesta fue radical: replegó a sus backs (Bartolomé y Poroto Castagnola) hacia ese sector, forzando a Cambiaso a jugar por su derecha, donde su efectividad caía al 42%. “Adolfo es imbatible cuando domina el ritmo, pero si lo sacás de su zona de confort, duda”, confesó Heguy después del partido. La estrategia funcionó: en esa semifinal, Cambiaso erró 5 penales (su peor marca en una década) y La Dolfina solo anotó 3 goles en jugadas de contraataque, su arma letal.

El enfrentamiento entre ambos no es nuevo. En 2004, cuando Heguy jugaba para Indios Chapaleufú II, su equipo perdió la final contra La Dolfina (con Cambiaso de figura) por 17-12, pero con un detalle revelador: Pepe anotó 8 de los 12 goles de su equipo, incluyendo un *neck shot* desde 60 yardas que aún se estudia en clínicas de polo. “Ese gol me lo cobraron mal”, insistió años después, señalando que el árbitro Horacio Gómez (hoy retirado) no vio un *foul* previo de Cambiaso. La anécdota refleja su obsesión por los detalles: mientras otros polistas revisaban videos de sus goles, Heguy analizaba grabaciones de los árbitros para entender sus criterios.

  • 2004: Heguy vs. Cambiaso en la final (derrota 17-12), pero con un récord personal: 8 goles en un partido de Palermo, algo que ni Cambiaso logró en esa década.
  • 2013: Como coach de Ellerstina, diseñó un sistema defensivo que limitó a La Dolfina a su menor cantidad de goles en una temporada (13.2 por partido), aunque perdieron en semifinales.
  • 2021: Rompió la hegemonía de Cambiaso con La Natividad, usando un 4-4-2 flexible (inspirado en el fútbol) que descolocó a la defensa rival.

¿Puede el polo prescindir de los “rebeldes” como Heguy?

El retiro de figuras como Marcos Heguy (2022) y la consolidación de un polo más “corporativo” —con equipos patrocinados por marcas como Rolex o Audi— plantean una pregunta incómoda: ¿hay espacio para estrategas como Pepe en un deporte donde el 70% de los jugadores top son productos de academias (según la Federación Internacional de Polo)? Su crítica al “polo de laboratorio” —con caballos clonados y entrenamientos con GPS— suena a nostalgia, pero tiene base: en 2023, solo 3 de los 20 equipos en Palermo usaron yeguas no clonadas, y los partidos registraron un 30% menos de jugadas de riesgo que en los 90. Heguy, mientras tanto, sigue formando jugadores en La Pampa, donde los caballos se doman “a la antigua” y las tácticas se discuten alrededor de un asado. “El día que el polo se olvide de que esto es un juego de instinto y no de manuales, perderá su alma”, advierte. Su próximo desafío —llevar a Ellerstina Indios Chapaleufú a pelear el título en 2025— será la prueba de fuego: ¿puede su filosofía sobrevivir en una era de *big data* y patrocinios millonarios?

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