Intel rompe récords: Apple la impulsa a superar los US$500.000 millones en un día histórico
Salto bursátil épico: Intel se dispara un 12,95% en Wall Street tras revelarse que Apple explora alternativas a TSMC, catapultando su valoración a US$543.712 millones en una sola jornada.
Las acciones de Intel (INTC) vivieron este martes un rally sin precedentes después de que Bloomberg destapara conversaciones preliminares entre Apple (AAPL), Intel y Samsung para diversificar la producción de chips. El movimiento no solo redefine el tablero de la industria semiconductor, sino que consagra a Intel como un jugador clave en la era de la inteligencia artificial (IA), donde la demanda de procesadores avanzados no para de crecer. El título cerró en US$108,18, acumulando un ascenso estratosférico del 174,71% en lo que va de año y un 433,70% en los últimos 12 meses.
El gigante de Cupertino, históricamente ligado a TSMC (TSM) para la fabricación de sus chips, ha dado los primeros pasos para reducir su dependencia. Según el reporte, Apple habría mantenido reuniones exploratorias con Intel —incluyendo visitas a sus plantas— y evaluado instalaciones de Samsung en Texas. Aunque las negociaciones están en fase inicial y aún no hay pedidos concretos, el solo rumor bastó para encender el mercado. ¿El detonante? La escasez de capacidad en TSMC, agravada por la explosión de la IA y los centros de datos, que amenaza con frenar el lanzamiento de productos estrella como el iPhone y las Mac.
Apple acelera su estrategia de diversificación: ¿por qué ahora?
La búsqueda de alternativas por parte de Apple no es nueva, pero adquiere urgencia en un contexto donde la guerra por los chips avanzados se recrudeció. En 2020, la compañía firmó un acuerdo millonario con TSMC para producir chips de 5 nanómetros, pero la saturación de sus plantas —especialmente las de empaquetado avanzado CoWoS— ha puesto en jaque su cadena de suministro. Dato clave: TSMC concentraba en 2019 el 52% del mercado de chips avanzados, una cuota que, lejos de disminuir, se volvió un cuello de botella con la irrupción de la IA.
La presión se acentúa cuando se mira el crecimiento de la demanda: en 2020, la producción de chips de 5 nm de TSMC creció un 20% interanual, pero hoy ese ritmo es insuficiente. Apple ya invirtió en 2019 US$1.000 millones en ARM (adquirida luego por Nvidia) para blindar su suministro, pero ahora necesita soluciones a corto plazo. Intel y Samsung emergen como salvavidas: la primera, con su tecnología de fabricación en Estados Unidos, y la segunda, con plantas en expansión como las de Texas. Atif Malik, analista de Citi, lo resume: “Intel tiene una oportunidad única para captar clientes hiperescaladores en empaquetado avanzado, justo cuando TSMC no da abasto”.
Intel: de la crisis a la resurrección en menos de un año
El repunte de Intel no es casualidad. Tras décadas de estancamiento frente a rivales como AMD y TSMC, la compañía presentó en abril un balance trimestral que sorprendió hasta a los más optimistas: un beneficio por acción de US$0,29 (frente a los US$0,02 esperados), impulsado por la demanda de CPUs para servidores de IA. Los analistas de Deutsche Bank, Ross Seymore y DJ Sebastian, destacaron que “los segmentos de productos superaron todas las estimaciones, con un crecimiento liderado por la IA en centros de datos”.
El dato más elocuente: en abril, Intel fue la acción que más subió en el S&P 500, con un alza del 114,09%. Pero hay más: la compañía anticipa un crecimiento de doble dígito en unidades de CPUs para servidores en 2026 y proyecta alcanzar el punto de equilibrio operativo en su división de fundición para finales de 2027. Tres pilares sostienen este despegue:
- Resultados récord: Beneficios por acción 14 veces superiores a lo esperado.
- Demanda de IA: Los centros de datos exigen chips más potentes, y Intel está posicionada para suministrarlos.
- Oportunidad con Apple: La posible alianza le abriría las puertas a uno de los clientes más lucrativos del sector.
El analista Atif Malik elevó la recomendación de Intel de “neutral” a “comprar”, argumentando que “la demanda de CPUs impulsada por IA agéntica elevará las ventas de todos los proveedores en los próximos años”. Además, destacó que los procesos de fabricación 18A/14A (claves para chips de próxima generación) “avanzan mejor de lo esperado”. Pese a ello, el consenso del mercado sigue cauto: solo el 31,1% de los analistas recomienda comprar, mientras el 62,3% sugiere mantenerla. El precio objetivo promedio (US$82,12) queda un 24% por debajo del valor actual, lo que refleja escepticismo sobre su capacidad para sostener el ritmo.
TSMC en jaque: ¿el fin de su hegemonía?
El interés de Apple en Intel y Samsung no solo es una noticia para los accionistas de estas empresas, sino un terremoto para TSMC. La taiwanesa, que facturó US$69.300 millones en 2023, ha sido durante años el partner exclusivo de Apple para chips de alta gama (como los A-series y M-series). Pero su dominio tiene grietas:
- Saturación de capacidad: Las plantas de empaquetado avanzado (como CoWoS) operan al límite, retrasando pedidos.
- Riesgo geopolítico: La tensión entre China y Taiwán añade incertidumbre a su cadena de suministro.
- Competencia agresiva: Intel y Samsung invierten miles de millones en plantas en EE.UU. (como la de Ohio, con una inversión de US$20.000 millones), atrayendo clientes con incentivos fiscales y menor dependencia de Asia.
¿Puede TSMC perder a Apple? Es poco probable a corto plazo, pero la diversificación ya es un hecho. En 2021, Apple comenzó a usar chips de Samsung para algunos modelos de iPhone, y ahora explora a Intel como proveedor de empaquetado avanzado. “No se trata de reemplazar a TSMC, sino de reducir riesgos”, explica un ejecutivo del sector bajo anonimato. Para TSMC, esto significa menores márgenes en un negocio donde ya enfrenta presiones por los altos costos de I+D en nodos de 3 nm y 2 nm.
El futuro: ¿hacia una nueva guerra de los chips?
La alianza potencial entre Apple e Intel marca un punto de inflexión en la industria. Por un lado, Intel gana oxígeno en su batalla por recuperar relevancia frente a AMD y Nvidia. Por otro, Apple reduce su exposición a los cuellos de botella de TSMC, mientras Samsung consolida su posición como alternativa viable. Pero hay más en juego:
1. La carrera por la IA: Los chips para servidores y dispositivos de IA son el nuevo oro. Intel, con su tecnología 18A (prevista para 2025), podría competir de tú a tú con TSMC en rendimiento.
2. La geopolítica: EE.UU. presiona por reducir la dependencia de Taiwán. La ley CHIPS Act (que destina US$52.000 millones a subsidios) es un espaldarazo para Intel y Samsung.
3. El precio de la diversificación: Apple pagará primas por cambiar de proveedor, pero el costo de no hacerlo —paralización de producciones, como ocurrió con el iPhone 14 en 2022— podría ser mayor.
La pregunta que todos se hacen: ¿Logrará Intel capitalizar este momento o será otro espejismo en su historia de altibajos? Con TSMC aún dominando el 60% del mercado de chips avanzados y Samsung avanzando en Texas, el margen de error es mínimo. Lo único seguro es que la industria nunca volverá a ser la misma.
El precedente que Intel no quiere repetir: el fracaso de los 10 nm y su impacto en US$7.000 millones
El rally de Intel este martes evoca, por contraste, uno de los capítulos más oscuros de su historia reciente: el desastroso lanzamiento de sus procesadores de 10 nanómetros entre 2017 y 2019. Aquella crisis técnica —que retrasó tres años la producción masiva y costó a la compañía más de US$7.000 millones en pérdidas y reconversión de plantas— marcó el inicio de su declive frente a AMD y TSMC. Según informes internos filtrados en 2020 por The Oregonian, los defectos en los procesos de litografía obligaron a Intel a reutilizar tecnología de 14 nm (ya obsoleta) para sus chips Core i7-8000 y i9-9000, mientras AMD, con su arquitectura Zen 2 (7 nm, fabricada por TSMC), le arrebataba el 25% del mercado de CPUs en solo dos años.
El error no fue solo técnico, sino estratégico. Intel subestimó la complejidad de escalar la producción de 10 nm y, según admitió su entonces CEO, Brian Krzanich, en una llamada con inversores en abril de 2018, la compañía «había priorizado la innovación en diseño sobre la ejecución en manufactura». Las consecuencias fueron brutales: en 2019, Intel registró su primer déficit operativo en 30 años (-US$600 millones) en su división de chips para servidores, mientras TSMC facturaba US$34.600 millones ese mismo año, un 12% más que en 2018. La lección aprendida —no repetir los errores de escalado— es hoy la obsesión del actual CEO, Pat Gelsinger, quien en 2021 anunció una inversión de US$20.000 millones para modernizar plantas en Arizona y Ohio, justamente las que ahora podrían fabricar chips para Apple.
El fantasma de los 10 nm planea sobre el actual optimismo. Analistas como Stacy Rasgon, de Bernstein, advierten que Intel «aún debe demostrar que sus nodos 18A/14A (claves para Apple) pueden producirse a escala sin los fallos del pasado». Un informe de Gartner de marzo de 2024 revela que, aunque Intel ha recuperado cuota en servidores (del 15% al 18% en un año), su tecnología de empaquetado avanzado —el mismo servicio que Apple buscaría— sigue dos generaciones por detrás de TSMC en densidad de transistores. La pregunta incómoda es si, esta vez, la urgencia de Apple acelerará un proceso que, en el pasado, precisó de 5 años y US$10.000 millones para corregirse.
2025: el año de la verdad para Intel (y para Apple)
El cronograma es implacable. Apple necesita diversificar ya —sus pedidos a TSMC para 2025 ya están copados—, pero Intel no tendrá lista su tecnología 18A (equivalente al 2 nm de TSMC) hasta mediados de ese año. Si la historia se repite, un retraso de incluso seis meses podría costarle a Apple US$3.000 millones en ventas perdidas de iPhone, según estimaciones de Counterpoint Research basadas en el desabastecimiento de 2022. Para Intel, en cambio, el riesgo es existencial: si falla, no solo perderá a Apple, sino también la credibilidad ante otros clientes como Microsoft (que ya evalúa a TSMC para sus servidores Azure AI). El mercado ha apostado por su resurrección, pero, como escribió The Wall Street Journal en 2020, «en la industria de los chips, la confianza se gana con silicio, no con promesas».