Stand de la Feria del Libro Académico de Quito 2024 con libros expuestos y visitantes explorando novedades editoriales

Feria del Libro Académico de Quito 2024: 20 editoriales y figuras literarias en su segunda edición

Quito se convierte en epicentro literario: 20 editoriales y autores de talla internacional

Evento clave: Del 7 al 9 de mayo, la Universidad Andina Simón Bolívar alberga la segunda edición de la Feria del Libro Académico, con 20 editoriales y la participación estelar de Iván Egüez y Fernando Iwasaki.

Feria del Libro Académico de Quito 2024: 20 editoriales y figuras literarias en su segunda edición

La feria, que en su primera edición (2023) reunió a 12 editoriales, duplica su convocatoria este año, consolidándose como el encuentro académico-literario más ambicioso del país. Según datos de la Cámara Ecuatoriana del Libro, Ecuador publica anualmente alrededor de 2.000 títulos nuevos, de los cuales el 30% corresponden a producción académica.

El evento contará con dos figuras centrales: el ecuatoriano Iván Egüez, ganador del Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo (2010), y el peruano Fernando Iwasaki, miembro de la Real Academia Española desde 2019. Ambos participarán en diálogos sobre la edición contemporánea y los desafíos de la literatura en el siglo XXI.

Entre las novedades de esta edición destaca la creación del premio Editor con Trayectoria, que recae en Egüez por su trabajo en la revista Rocinante (fundada en 1996) y su dirección en la Campaña Nacional de Lectura Eugenio Espejo, iniciativa que ha llevado libros a más de 500.000 ecuatorianos en zonas rurales.

Egüez, autor de obras fundamentales como El cojo y el bushi (2003) y La línea imaginaria (2014), ha sido traducido a cinco idiomas. Su labor como editor ha impulsado a nuevas generaciones de escritores ecuatorianos, entre ellos Mónica Ojeda y Gabriela Alemán, ganadoras de premios internacionales en la última década.

Por su parte, Iwasaki —reconocido por obras como Ajuar funebre (2004) y España, aparta de mí estos premios (2009)— dictará la conferencia magistral “El libro en la era digital: ¿supervivencia o reinvención?”. El escritor, que ha publicado más de 30 títulos, es también columnista en medios como El País y Letras Libres.

La agenda incluye 12 mesas redondas, entre ellas:

  • “Literatura infantil y formación de lectores”, con participación de la editorial El Conejo, especializada en libros para primera infancia.
  • “Comunicación y edición académica”, moderada por la Universidad San Francisco de Quito.
  • “El futuro del libro físico”, con datos de la Federación de Gremios de Editores de España sobre el crecimiento del 7% en ventas de libros impresos durante 2023.

Las áreas académicas de la Universidad Andina presentarán 47 novedades editoriales, entre ellas investigaciones sobre biodiversidad amazónica y estudios urbanos de Quito. Además, Pilar Cobo, correctora de estilo con más de 20 años de experiencia en casas como Taurus y Debate, dictará un taller práctico sobre edición de textos académicos.

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Juan Carlos Arteaga, coordinador del evento, enfatiza: “El libro sigue siendo el objeto cultural más democrático: no requiere electricidad, no caduca y permite un diálogo intergeneracional. En Ecuador, donde el 40% de la población aún no tiene acceso estable a internet (según el INEC 2023), su rol es insustituible”.

La feria también contará con la participación de librerías históricas como Española (fundada en 1945) y Mr. Books, que traerán fondos especializados en ciencias sociales y literatura latinoamericana. Según los organizadores, se espera una afluencia de más de 5.000 visitantes, superando los 3.200 de la edición anterior.

Impacto cultural: ¿Cómo transforma Quito este evento?

La Feria del Libro Académico no solo promueve la lectura, sino que reactiva el circuito cultural de la capital. En 2023, eventos similares como la Feria Internacional del Libro de Quito (FILQ) generaron un impacto económico de US$1,2 millones en ventas directas y servicios asociados (hotelería, gastronomía), según la Cámara de Comercio de Quito.

Este año, la apuesta por integrar a editoriales independientes —como Ciespal y Abya-Yala— busca visibilizar proyectos que suelen quedar fuera de los grandes circuitos comerciales. “El 70% de las editoriales participantes son pymes o colectivos autogestionados”, destaca Arteaga, lo que refleja un esfuerzo por descentralizar la producción literaria.

Un estudio de la FLACSO Ecuador (2022) revela que el 68% de los ecuatorianos lee al menos un libro al año, pero solo el 12% consume textos académicos. La feria busca cerrar esa brecha con actividades como:

  • “Talleres de escritura creativa para investigadores”, impartidos por la Universidad de las Américas.
  • “Encuentros entre editores y autores emergentes”, con apoyo de la Dirección de Cultura del Municipio de Quito.
  • Una “Feria de Trueque de Libros“, donde los asistentes podrán intercambiar textos usados por novedades académicas.

La inclusión de librerías como Mr. Books —que en 2023 vendió más de 15.000 ejemplares de textos académicos— y la Librería Española, con un catálogo de 80.000 títulos, garantiza una oferta diversa. “Queremos que el visitante encuentre desde un ensayo sobre la Revolución Liberal de 1895 hasta un manual de inteligencia artificial aplicada a las humanidades“, explica Arteaga.

Desafíos: ¿Cómo crecer sin perder esencia?

Para 2025, los organizadores planean incorporar un espacio digital paralelo con transmisiones en vivo y una plataforma de venta de ebooks, pero sin descuidar el formato presencial. “El reto es equilibrar innovación y tradición”, admite Arteaga. “En países como Argentina o México, las ferias del libro ya tienen apps con realidad aumentada, pero en Ecuador aún priorizamos el contacto humano y la experiencia táctil con los libros”.

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Otro desafío es atraer a un público joven. Aunque el 55% de los asistentes en 2023 fueron menores de 35 años, los organizadores buscan aumentar esta cifra con alianzas con universidades y colegios. “Queremos que los estudiantes vean el libro académico no como una obligación, sino como una herramienta de empoderamiento“, señala Arteaga.

La feria también servirá como plataforma para lanzar la Red de Editoriales Académicas del Ecuador (REAE), una iniciativa que agrupará a más de 30 sellos independientes para impulsar coediciones y distribucciones conjuntas en el exterior. “El objetivo es que un libro ecuatoriano sobre biodiversidad amazónica pueda llegar a bibliotecas de España o Colombia sin barreras”, explica María Fernanda López, editora de Abya-Yala.

¿Logrará Quito posicionarse como la capital del libro académico en la región andina? La respuesta dependerá de si eventos como este logran trascender el ámbito universitario y convertirse en espacios de encuentro ciudadano, donde el conocimiento no sea un privilegio, sino un derecho.

El legado de Rocinante: cómo una revista de los 90 moldeó la literatura ecuatoriana actual

Mientras la Feria del Libro Académico de Quito 2024 rinde homenaje a Iván Egüez con el premio Editor con Trayectoria, pocos conocen el impacto concreto de su proyecto más influyente: la revista Rocinante, fundada en 1996 durante un período en que Ecuador publicaba apenas 800 títulos anuales (menos de la mitad que hoy). Esta plataforma no solo lanzó a autores como Mónica Ojeda —ganadora del Premio Las Américas 2021 con Nefando— y Gabriela Alemán —finalista del Premio Herralde 2017 con Poso Wells—, sino que redefinió el canon literario del país al incluir voces indígenas y afrodescendientes en una época donde el 92% de los libros editados en Ecuador eran de autores mestizos, según datos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (1998).

Egüez transformó Rocinante en un laboratorio de experimentación: en su número 12 (2001), publicó el primer relato en kichwa traducido al español en una revista literaria nacional (El sueño de la serpiente, de Luis Andrango), un gesto que anticipó en dos décadas la actual demanda por diversidad lingüística en la edición. Además, la revista fue pionera en serializar obras inéditas: el 30% de los textos publicados entre 1996 y 2005 terminaron convertidos en libros, como La línea imaginaria (2014) del propio Egüez, que vendió más de 8.000 copias en su primera edición —una cifra récord para un ensayo ecuatoriano—. Su modelo de talleres de corrección colectiva, donde autores consolidados como Eliécer Cárdenas revisaban manuscritos de noveles, inspiró programas como el Taller de Narrativa de la Universidad San Francisco, que hoy forma al 40% de los escritores ecuatorianos menores de 35 años.

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El impacto de Rocinante trasciende lo literario: en 2003, su edición especial sobre la dolarización (con ensayos de economistas como Pablo Lucio Paredes) se convirtió en material de referencia en 7 universidades del país, y su tirada de 5.000 ejemplares —inusual para una revista cultural— agotó en menos de un mes. Hoy, números originales se venden en Librería Española por hasta $120, un precio que refleja su valor como documento histórico. Sin embargo, su mayor legado podría ser invisible: según un estudio de la FLACSO (2020), el 60% de los editores independientes ecuatorianos menores de 40 años citan a Rocinante como su “escuela informal”.

¿Puede la feria de 2024 replicar ese efecto multiplicador?

La pregunta no es retórica: mientras en 2023 el 78% de las mesas redondas de la feria estuvieron dominadas por autores mayores de 50 años, este año la organización ha reservado el 40% de los espacios a voces emergentes, muchas de ellas formadas en talleres como los que Egüez impulsó. El desafío es claro: Rocinante demostró que una revista podía ser un ecosistema; ahora, la feria debe probar que un evento masivo puede ser algo más que un escaparate. La clave estará en si logran repetir lo que hizo única a la revista: convertir el encuentro entre generaciones en producción concreta. Si en 2025 aparecen dos o tres nuevos sellos editoriales nacidos de alianzas gestadas en estas jornadas —como ocurrió con Editorial La Caracola (fundada en 2004 por excolaboradores de Rocinante)—, entonces habrán honrado su legado. De lo contrario, riesgo de quedar como otro festival más en el calendario cultural.

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