Explosión nocturna en Tel Aviv tras misiles iraníes en represalia por muerte de Alí Lariyani, con humo iluminado por luces de emergencia

Irán golpea Tel Aviv: represalia sangrienta por muerte de Lariyani

Escalada letal: Irán lanzó misiles contra Tel Aviv, dejando dos civiles muertos, en venganza por el asesinato de Alí Lariyani, alto funcionario de seguridad, en un bombardeo israelí-estadounidense.

La Guardia Revolucionaria iraní asumió este miércoles la autoría de un ataque masivo contra Tel Aviv, que causó al menos dos muertos y alcanzó “más de un centenar de objetivos militares y de seguridad”, según un comunicado difundido por la agencia semioficial Tasnim. El organismo militar iraní calificó la ofensiva como una “venganza” por el asesinato de Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y asesor cercano al difunto líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.

Lariyani, una de las figuras más influyentes en el régimen iraní, murió el lunes en un bombardeo ejecutado por Israel y Estados Unidos en Teherán, según confirmó el presidente iraní, Masud Pekeshkian. En su mensaje, Pekeshkian lo describió como una “figura distinguida” con un legado de “amplios servicios” durante décadas en la República Islámica. Este es el primer ataque directo de Irán contra suelo israelí desde abril de 2024, cuando lanzó más de 300 misiles y drones en respuesta a un bombardeo israelí contra su consulado en Siria.

El Ejército israelí alertó durante la noche sobre el “lanzamiento de misiles desde Irán”, mientras los servicios de emergencia confirmaban las primeras víctimas: un matrimonio de más de 70 años, alcanzado por metralla en Ramat Gan (periferia de Tel Aviv) cuando intentaban llegar a un refugio antibombas. El diario “Times of Israel” detalló que las víctimas, identificadas como Yosef y Rachel Levy, murieron instantáneamente.

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Horas después, la Guardia Revolucionaria también confirmó la muerte de Golamreza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij, en el mismo bombardeo que eliminó a Lariyani. La Basij, conocida por su papel en la represión interna y en conflictos externos como Siria e Irak, ha sido clave en la estrategia de Irán para extender su influencia regional. Su último líder, Hossein Taeb, fue destituido en 2022 tras fallos en la inteligencia durante protestas masivas.

¿Qué sigue? El ataque iraní eleva la tensión a niveles no vistos desde 2020, cuando el asesinato del general Qasem Soleimani por un dron estadounidense desencadenó una respuesta con misiles balísticos contra bases en Irak. Ahora, con dos frentes abiertos (Líbano y Gaza) y la implicación directa de Washington, ¿estamos al borde de un conflicto regional total?

El patrón de represalias iraníes: de Soleimani (2020) a Lariyani (2024)

El ataque con misiles contra Tel Aviv no es una excepción, sino la confirmación de una doctrina militar iraní forjada tras décadas de tensiones: responder con fuerza proporcional —pero calculada— a los asesinatos selectivos de sus líderes. El precedente más cercano es el 3 de enero de 2020, cuando un dron estadounidense eliminó al general Qasem Soleimani en Bagdad. Irán replicó cinco días después con el lanzamiento de 22 misiles balísticos contra las bases iraquíes de Ain al-Asad y Erbil, donde se alojaban tropas estadounidenses. Aunque no hubo bajas mortales (gracias a sistemas de alerta temprana), el Pentágono registró 109 soldados con traumatismos craneales y daños materiales por 1.5 millones de dólares.

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Sin embargo, el modus operandi de Teherán ha evolucionado. En abril de 2024, tras el bombardeo israelí a su consulado en Damasco (que mató a 7 oficiales de la Guardia Revolucionaria, incluyendo al general Mohammad Reza Zahedi), Irán lanzó 331 misiles y drones contra Israel. Aunque el 99% fueron interceptados por la coalición liderada por EE.UU., el ataque marcó un punto de inflexión: fue la primera vez que Irán atacaba directamente suelo israelí desde su territorio, rompiendo décadas de guerra por proxies. Ahora, con el asesinato de Alí Lariyani —un estratega clave en la Operación Jerusalén (el plan iraní para rodear a Israel con milicias en Siria, Líbano, Gaza e Irak)— el régimen ha escalado nuevamente, pero esta vez con un objetivo civil explícito: Ramat Gan, un distrito residencial de Tel Aviv.

La diferencia clave radica en el blanco seleccionado. Mientras que en 2020 y 2024 Irán apuntó a instalaciones militares o simbólicas (como la base de Nevatim), el ataque del miércoles mató a dos civiles en un área urbana, algo que no ocurría desde la Guerra Irán-Irak (1980-1988), cuando Saddam Hussein bombardeó ciudades iraníes con misiles Al-Hussein, causando más de 2.000 muertos en Teherán solo en 1988. Este cambio sugiere una nueva fase en la doctrina de disuasión iraní: ya no se trata solo de salvar la cara, sino de infligir dolor tangible a la población israelí.

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¿Hacia una guerra de desgaste asimétrica?

El cálculo de Teherán es claro: Israel no puede permitirse una guerra total con dos frentes activos (Gaza y Líbano) y la amenaza de Hezbolá en el norte. Pero Irán tampoco busca una confrontación directa con EE.UU., como demostró en 2020 cuando, tras su ataque a las bases iraquíes, Donald Trump optó por no responder militarmente y se limitó a imponer sanciones. La pregunta ahora es si Joe Biden —en plena campaña electoral y con el precedente de su retirada de Afganistán— repetirá esa contención. El riesgo es que, sin una respuesta contundente, Irán interprete el silencio como luz verde para futuros ataques, esta vez quizá contra objetivos estadounidenses en la región. El reloj avanza: en las próximas 72 horas, la respuesta de Israel (o su ausencia) definirá si el Medio Oriente entra en un ciclo de represalias sin fin.

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