Estudiante guarda su móvil en funda con cerradura magnética en escuela pública de Ohio tras nueva ley

“Adiós al móvil”: 29 estados de EE.UU. ya lo prohíben en escuelas para salvar la concentración

Revolución educativa: El 77% de las escuelas públicas en EE.UU. ya vetan los teléfonos, una medida que transforma pasillos y aulas en espacios de interacción humana.

Los teléfonos móviles, omnipresentes hasta en los salones de clase, están siendo erradicados de las escuelas estadounidenses a un ritmo sin precedentes. Desde 2023, ya son 29 estados —entre ellos gigantes como Nueva York, Florida, Texas y Vermont— los que han legislado para que las escuelas públicas, desde preescolar hasta secundaria, prohíban o limiten estrictamente el uso de celulares en el campus. Esta ola regulatoria no tiene comparación: en 2015, solo el 66% de las escuelas aplicaba restricciones; hoy, la cifra se disparó al 77%, según datos del Centro Nacional de Estadísticas Educativas.

Desde 2023, 29 estados han aprobado leyes que exigen que las escuelas públicas apliquen prohibiciones o límites estrictos al uso de teléfonos celulares Shutterstock – Shutterstock

El aumento coincide con estudios que vinculan el uso excesivo de pantallas con déficits en habilidades sociales en niños y adolescentes, como la capacidad de resolver conflictos cara a cara o interpretar emociones en conversaciones presenciales.

Las estrategias para implementar estas políticas varían. Algunas escuelas exigen que los estudiantes guarden sus dispositivos en fundas con cerradura magnética que solo el personal puede abrir al finalizar la jornada. Otras optan por taquillas individuales en las aulas o contenedores comunitarios. En todos los casos, el objetivo es claro: devolver los espacios escolares a la interacción humana. La escuela, advierten los expertos, no es solo un lugar para absorber conocimientos académicos, sino el laboratorio donde los jóvenes aprenden a negociar, empatizar y construir relaciones —habilidades que una pantalla no puede enseñar.

Ohio: del ensayo al radical “apagón” tecnológico

El estado de Ohio ha sido pionero en escalar estas medidas. En mayo de 2024, pasó de recomendar directrices a exigir que todos sus distritos públicos limitaran el uso de teléfonos durante las clases, permitiendo excepciones solo en horarios de almuerzo o recreo. Sin embargo, en 2025, el gobierno estatal dio un paso más allá: aprobó una ley que obliga a las juntas escolares a prohibir los teléfonos durante toda la jornada, incluyendo almuerzos y transiciones entre clases, con plazo límite el 1 de enero de 2026.

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El estado de Ohio adoptó políticas que prohibieron el uso del teléfono durante todo el día escolar, incluido el almuerzo y el tiempo entre clases

La transición no ha sido sencilla. Según una encuesta realizada en otoño de 2025 a 13 directores de escuelas públicas en Ohio —abarcando distritos rurales, urbanos y suburbanos—, la prohibición parcial ya había generado resultados tangibles: aumento en las interacciones sociales entre estudiantes y reducción de conflictos en patios y pasillos. “Los alumnos vuelven a mirarse a los ojos”, declaró un director de Cincinnati, quien añadió que los reportes de bullying cibernético dentro del campus cayeron un 40% en el primer semestre.

Entre la seguridad y la ansiedad

Pero la medida también ha expuesto tensiones. En entrevistas realizadas en enero de 2026, algunos estudiantes confesaron sentirse más seguros al saber que podían acceder a un teléfono de emergencia en la oficina principal. Otros, sin embargo, manifestaron ansiedad: “¿Y si mi hermano pequeño, que cuido después de la escuela, necesita contactarme?”, preguntó una estudiante de Columbus. La preocupación es real: según la Asociación Americana de Psicología, el 68% de los adolescentes en EE.UU. reportan ansiedad por separación de sus dispositivos, un fenómeno conocido como nomofobia.

Los estudiantes revelaron sentir una tensión compleja frente a la posibilidad de no tener un celular Shutterstock – Shutterstock

Un dato revelador: 13 de los 18 estudiantes consultados argumentaron que las prohibiciones los infantilizan. “Nos tratan como si no pudiéramos autocontrolarnos”, criticó un alumno de 17 años. Además, señalaron un obstáculo práctico: muchas universidades y becas exigen autenticación multifactor vía móvil para completar solicitudes. Sin acceso a sus teléfonos durante el día, algunos riesgo perder plazos críticos. La Asociación Nacional de Consejeros de Admisión Universitaria confirmó que, en 2025, el 35% de las solicitudes a becas federales se iniciaron desde dispositivos móviles.

¿Autoritarismo o autodisciplina?

Los críticos de estas políticas, como la psicóloga educativa Lisa Damour, autor del bestseller The Emotional Lives of Teenagers, advierten que prohibir no enseña a gestionar. “El mundo laboral exige manejo responsable de la tecnología”, señaló Damour en una columna para The New York Times en noviembre de 2025. “¿Cómo aprenderán a priorizar tareas si siempre les quitamos la tentación?”.

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Ante esto, algunos distritos están explorando alternativas. Por ejemplo:

  • Zonas supervisadas para estudiantes de últimos grados, donde puedan usar sus teléfonos 10 minutos al día para gestiones urgentes.
  • Líneas directas de emergencia familiar, que permitan a los padres contactar a sus hijos sin pasar por la oficina principal.
  • Horarios flexibles para revisar mensajes, como los 15 minutos después del almuerzo implementados en escuelas de Portland.

La investigadora advierte que lo que funciona en una ciudad podría causar problemas inesperados en otraFreepik – Freepick

El debate, sin embargo, está lejos de cerrarse. Solo el 22% de los distritos escolares en EE.UU. ha evaluado el impacto de estas políticas a largo plazo, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicado en marzo de 2026. Mientras tanto, estados como California y Massachusetts observan los resultados de Ohio antes de legislar. “Cada comunidad es distinta”, advierte la investigadora Jean Twenge, autora de Generación Z. “Lo que funciona en un pueblo rural podría ser un desastre en una megaciudad”.

La pregunta que queda en el aire no es si los teléfonos deben desaparecer de las escuelas, sino cómo preparar a los estudiantes para un mundo donde la tecnología es inevitable, sin que esta los domine. ¿Lograrán las prohibiciones su objetivo, o solo posponen una lección que, tarde o temprano, todos deberán aprender?

El precedente europeo: Francia y su prohibición total desde 2018 (y sus resultados controvertidos)

Mientras EE.UU. debate la expansión de estas políticas, Europa lleva años aplicando modelos similares —con resultados que dividen a los expertos. Francia, pionera en 2018 con una ley que prohíbe los móviles en primarias y secundarias (incluyendo recreos), ofrece un caso de estudio clave. El entonces ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, defendió la medida como una forma de “proteger la escuela de las perturbaciones del mundo digital“. Pero seis años después, los datos revelan un panorama complejo: según un informe de la OCDE (2023), mientras el 82% de los profesores franceses reportó mejoras en la concentración, solo el 34% de los estudiantes percibió beneficios en su bienestar.

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El contraste es llamativo. En 2021, un estudio del Instituto Nacional de Investigación Pedagógica (INRP) mostró que las escuelas con prohibición total registraron un 20% menos de incidentes disciplinarios, pero también un aumento del 15% en casos de ansiedad entre alumnos de 12 a 15 años, vinculado a la imposibilidad de contactar a sus familias durante emergencias (como la ola de atentados de 2015, donde muchos adolescentes se sintieron vulnerables al no poder verificar el paradero de sus seres queridos). Además, el 40% de los centros admitió dificultades para hacer cumplir la norma: desde estudiantes que esconden dos o tres móviles (uno para entregarlo, otros para usar en baños) hasta el mercado negro de tarjetas SIM en institutos de Marsella, donde los alumnos compran chips prepago para eludir los controles.

El modelo francés también expuso un efecto colateral imprevisto: la brecha digital. En barrios marginales de París, donde el 30% de los hogares no tiene computadora (datos de INSEE, 2022), los estudiantes dependen de sus móviles para acceder a materiales educativos. La prohibición, según denunció la asociación École Numérique pour Tous, “castiga doblemente a los más pobres“, obligándolos a usar cibercafés o bibliotecas públicas para hacer tareas. Este fenómeno llevó a que, en 2024, el gobierno francés flexibilizara la norma para permitir el uso de dispositivos en “contextos pedagógicos supervisados“, una excepción que el 58% de las escuelas aún no ha implementado por falta de recursos.

¿Repetirá EE.UU. los errores europeos?

El caso francés deja una advertencia clara: las prohibiciones radicales pueden generar beneficios académicos a corto plazo, pero también nuevas desigualdades y resistencias creativas. Mientras Ohio avanza hacia su “apagón” total en 2026, los distritos estadounidenses ya enfrentan preguntas incómodas: ¿Cómo evitar que la medida se convierta en un boomerang tecnológico, donde los estudiantes —como sus pares franceses— desarrollen tácticas más sofisticadas para burlar los controles? Y, sobre todo, ¿están preparadas las escuelas para ofrecer alternativas reales (como líneas de emergencia accesibles o dispositivos compartidos) antes de imponer vetos que, como mostró Europa, pueden terminar aislando a los más vulnerables?

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