Brasil: ¿Su escasez de capital es la clave para ganar en la carrera de la IA?
Ventaja inesperada: La falta de recursos en Brasil podría ser el secreto para crear startups de IA más sólidas y sostenibles que las de EE.UU.
El entusiasmo global por la inteligencia artificial (IA) ha desencadenado comparaciones con la burbuja de las puntocom de los años 2000, un período en el que empresas como Google y Amazon surgieron entre el caos financiero. Sin embargo, según Thiago Kapulskis, socio de São Pedro Capital, la actual fiebre por la IA carece de algo crucial: disciplina en los modelos de negocio. “Cada día estoy más convencido de que nos encontramos en una burbuja como la de los años 2000”, advirtió durante el evento The AI Economy Brazil, donde criticó que las startups actuales no debaten cómo generarán ingresos en tres años, un contraste marcado con las gigantes tecnológicas que sobrevivieron al colapso del 2000.
Kapulskis destaca que, paradójicamente, la escasez de capital en Brasil —un obstáculo aparente— podría convertirse en una ventaja estratégica. “Vivimos en un país difícil, donde el capital es caro y los inversores exigen claridad sobre cómo una empresa planea ganar dinero”, explicó. Esta presión por la rentabilidad desde el inicio obligaría a las startups brasileñas a evitar los excesos que hoy caracterizan al ecosistema estadounidense, donde el 90% de las startups de IA queman cash sin un plan claro de monetización, según datos de CB Insights.
Competencia feroz: ¿Puede Brasil crear su propia “Stripe”?
Las pequeñas y medianas empresas brasileñas llegan a la era de la IA debilitadas por años de altas tasas de interés (que superaron el 13,75% en 2022) e inestabilidad fiscal. Sin embargo, Camila Vieira, socia de QED Investors, ve en este escenario una oportunidad para que surjan negocios disruptivos. “Quizás una Stripe brasileña esté bien posicionada en el futuro para competir con las estadounidenses”, afirmó, recordando que Stripe —valorada hoy en US$50.000 millones se lanzó años después que PayPal pero logró superarla en innovación.
El sector financiero ya está dando pasos agigantados. Instituciones como Itaú y Nubank han desarrollado soluciones de IA internas con resultados sorprendentes. “En un fin de semana, Itaú realizó una prueba que presentó un rendimiento un 40% superior al modelo original. Es un retorno gigantesco”, reveló Vieira. Este avance no es aislado: según un informe de McKinsey (2023), los bancos brasileños invierten un 30% más en IA que el promedio latinoamericano, buscando automatizar desde atención al cliente hasta análisis de riesgo.
Henrique Ferreira, socio de DGF Investimentos, sumó otro argumento a favor de Brasil: su matriz energética renovable. “En el ámbito de los modelos fundacionales, podemos desempeñar un papel estratégico en materia de energía”, dijo. El país genera el 52% de su electricidad a partir de fuentes renovables (hidroeléctricas, eólicas y solares), muy por encima del 26% global, según datos de la Agencia Internacional de Energía (2023). Esta ventaja podría atraer centros de datos y proyectos de IA, reduciendo costos operativos y la huella de carbono.
Energía renovable: El as bajo la manga de Brasil en la IA
La infraestructura de computación para IA demanda enorme capacidad energética. Aquí, Brasil tiene un diferencial clave: en 2022, el país generó 93.000 GWh de electricidad, con una capacidad instalada de energía renovable de 100 GW. Proyectos como el complejo hidroeléctrico de Belo Monte (11.233 MW), el parque eólico de Búzios (230 MW) y el proyecto solar de Janaúba (23,4 MW) demuestran su potencial para alimentar servidores y centros de datos con energía limpia y económica.
Este contexto energético no solo reduce costos, sino que también alinea a Brasil con las demandas globales de sostenibilidad. Empresas como Microsoft y Google ya han anunciado que buscarán ubicar sus centros de datos en regiones con energía 100% renovable para 2030. ¿Podría Brasil convertirse en el hub de IA verde de América Latina?
Desafíos que persisten
A pesar de estas ventajas, Brasil enfrenta obstáculos. La captación de fondos sigue siendo un cuello de botella: en 2023, las startups brasileñas de IA recibieron solo US$200 millones en inversión, un 80% menos que sus pares estadounidenses, según LAVCA. Además, la competencia con gigantes como OpenAI y Anthropic —que cuentan con recursos casi ilimitados— es feroz.
Sin embargo, la disciplina financiera y el enfoque en energía renovable podrían ser los diferenciadores que posicionen a Brasil como un jugador clave. Como preguntó Ferreira: “¿Qué pasará cuando el mundo descubra que la IA sostenible no es solo posible, sino que ya está happening en Brasil?”.
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El precedente histórico: Cómo la crisis de 2008 moldeó a los unicornios brasileños
La tesis de que la escasez de capital puede ser una ventaja para Brasil no es nueva: el país ya demostró su capacidad para forjar empresas tecnológicas resilientes en medio de crisis económicas. Durante la recesión global de 2008-2009, cuando el PIB brasileño se contrajo un 0,1% (según el IBGE) y el crédito se secó, surgieron gigantes como Nubank (fundada en 2013) y PagSeguro (creada en 2006 como parte de UOL). Ambas nacieron con modelos de negocio enfocados en rentabilidad temprana y eficiencia operativa, un contraste con el derroche de sus pares estadounidenses en la misma época. PagSeguro, por ejemplo, logró ser rentable en solo 3 años, mientras que su competidora directa en EE.UU., Square (hoy Block), tardó 6 años en alcanzar el mismo hito.
El patrón se repitió en el sector de fintech. Según un estudio de KPMG (2021), las startups brasileñas que sobrevivieron a la crisis de 2008 tenían un 40% menos de gasto en adquisición de clientes que las estadounidenses, pero un 25% más de retención a largo plazo. Esto se debió a que, ante la falta de capital barato, priorizaron métricas de unidad económica (como el Customer Lifetime Value) sobre el crecimiento a cualquier costo. Un caso emblemático es StoneCo, fundada en 2012 por André Street, que se convirtió en la primera fintech brasileña en cotizar en el NASDAQ (2018) con un modelo basado en márgenes brutos del 60%, el doble del promedio del sector en EE.UU. en ese momento.
La lección es clara: la austeridad forzada por crisis pasadas ya ha demostrado que Brasil puede producir empresas tecnológicas más capital-efficient que sus competidoras globales. Pero hay un matiz clave en la IA: mientras que en fintech el regulador (el Banco Central) actuó como facilitador, en IA el marco legal aún es incierto. La Ley General de Protección de Datos (LGPD), vigente desde 2020, impone restricciones al uso de datos personales que podrían limitar el entrenamiento de modelos locales, un obstáculo que no enfrentaron los unicornios de la década pasada.
| Empresa | Año de fundación | Tiempo hasta rentabilidad | Margen bruto (2023) |
|---|---|---|---|
| Nubank | 2013 | 5 años | 42% |
| PagSeguro | 2006 | 3 años | 58% |
| StoneCo | 2012 | 4 años | 63% |
La paradoja regulatoria: ¿Frenará la LGPD el avance de la IA brasileña?
El éxito pasado no garantiza el futuro. Mientras que en 2013 el Banco Central brasileño lanzó un sandbox regulatorio que aceleró la innovación en fintech, hoy la Agencia Nacional de Protección de Datos (ANPD) ha multado a 5 empresas en 2024 por uso indebido de datos en modelos de IA, incluyendo a un banco público que entrenaba algoritmos con información de clientes sin consentimiento explícito. La pregunta urgente es si Brasil podrá replicar su fórmula de austeridad + innovación en un entorno donde la regulación de datos —no la falta de capital— podría ser el nuevo cuello de botella. Si empresas como Itaú logran navegar este laberinto (su unidad de IA ya cuenta con un comité ético interno desde 2022), el país tendría no solo una ventaja en costos, sino también en confianza institucional, un activo escaso en el salvaje oeste de la IA global.