Escándalo en el Mundial: regla 5.3 genera injusticias en el campo
Polémica en juego: La nueva regla 5.3 de la FIFA está generando controversia en el Mundial al obligar a jugadores lesionados a salir del campo un minuto, incluso si la falta no fue sancionada.
Ocurrió en el primer tiempo del partido entre Francia y Senegal. Ismaila Sarr disputaba el balón en ataque cuando William Saliba, de manera involuntaria, le propinó un fuerte pisotón. El árbitro iraní Alireza Faghani no lo vio. El juego continuó. Pero el senegalés no pudo recuperarse. Un minuto después, el partido se detuvo para atención médica.
Aquí entra en acción la nueva norma: el jugador atendido debe permanecer un minuto fuera de la cancha desde que se reanuda el juego. Triple injusticia: el infractor quedó impune, el VAR no puede corregir la omisión y Senegal jugó con uno menos.
Pero la regla no distingue entre faltas y accidentes. En la última jugada del mismo encuentro, Kylian Mbappé recibió un pelotazo en el rostro de Kalidou Koulibaly. Fue una acción fortuita, sin infracción. Aun así, Mbappé tuvo que salir. Senegal estuvo a punto de marcar en esa jugada final, mientras los franceses protestaban.
La FIFA contra el tiempo perdido
El objetivo de la FIFA es claro: terminar con la simulación y la pérdida de tiempo. Y en gran parte, lo está logrando. Los laterales y saques de arco son más rápidos. Los jugadores ya no fingan lesiones con tanta frecuencia. Pero esta regla, en particular, ya generó injusticias y amenaza con desatar un escándalo mayor.
Hasta ahora, la suerte ha evitado que estas situaciones afecten el marcador. Pero la pregunta es inevitable: ¿qué pasaría si un equipo en desventaja numérica recibe un gol por esta norma?
La regla 5.3, incluida en “Poderes y deberes del árbitro”, establece que el juego debe continuar si la lesión es leve. Solo se detiene si es grave. Y aquí el problema: el jugador lesionado no puede ser atendido en el campo. Si la lesión interrumpe el juego, el afectado debe abandonar el terreno y solo puede volver un minuto después de reiniciado el partido.
Excepciones que no cubren todo
¿Hay salvedades? Sí, pero son limitadas. El reglamento permite que el jugador se quede si es el arquero, si hay choque entre arquero y jugador de campo, si dos compañeros chocan, si el infractor es amonestado o si la falta derivó en penal y el lesionado es el ejecutante.
Pero no contempla el caso más polémico: la omisión de una falta no vista por el árbitro. Como ocurrió en Costa de Marfil vs. Ecuador. Wilfried Singo golpeó a Moi Caicedo en una jugada de pelota parada. El juez francés François Letexier no vio infracción. Caicedo tardó en recuperarse. Cuando el árbitro paró el juego para llamar a los médicos, el ecuatoriano ya estaba de pie. Aun así, fue obligado a salir. Y ni siquiera había sido atendido.
En este contexto, la regla se convierte en un arma de doble filo. Por un lado, elimina las avivadas de quienes simulan lesiones para perder tiempo. Pero por otro, castiga a equipos que sufren faltas no sancionadas. La brecha legal es evidente: el equipo infractor sale beneficiado.
¿Solución a la vista?
Una posible solución sería que el VAR avisara al árbitro sobre la existencia de la infracción y la ausencia de simulación. Así, el jugador podría quedarse en el campo, aunque no se revierta la jugada. En el Mundial, esto podría funcionar. Pero en ligas como la argentina, donde los jugadores abusan de la simulación, el VAR se vería saturado de revisiones.
En el Mundial, el ambiente es más sano. La prueba piloto, en líneas generales, es positiva. Los laterales y saques de arco son más ágiles. Hay menos simuladores. Pero la atención médica sigue siendo un punto negro. La brecha jurídica es real y en cualquier momento puede explotar.
Lo que comenzó como una medida para agilizar el juego podría terminar en un escándalo de proporciones históricas. La pregunta que todos se hacen es la misma: ¿cuándo será el primer gol que decida un partido por esta injusticia?

El costo oculto de la eficiencia
La regla 5.3 demuestra que la obsesión por la agilidad puede generar distorsiones en la justicia deportiva. Lo que esto significa es que, al priorizar la fluidez sobre la equidad, la FIFA ha creado un sistema donde el castigo recae sobre la víctima, no sobre el infractor.
En este contexto, el problema no es la norma en sí, sino su aplicación rígida. La imposibilidad de que el VAR intervenga en casos de faltas no sancionadas deja a los equipos en una posición de vulnerabilidad: la omisión arbitral se convierte en ventaja táctica para el rival. La pregunta urgente es si la FIFA está dispuesta a sacrificar la equidad en el altar de la eficiencia.
La paradoja es clara: mientras se reducen las simulaciones, se incrementan las injusticias por errores humanos. Y en un torneo como el Mundial, donde cada detalle cuenta, esta brecha puede definir el destino de un partido o incluso de una selección.
¿El próximo paso?
La presión sobre los árbitros y el VAR será insostenible si no se ajusta el reglamento. El riesgo es que, en lugar de agilizar el juego, la regla 5.3 termine por envenenar la competencia con decisiones que el público percibirá como arbitrarias.