Gallardo se va: Coudet hereda un vestuario fracturado y sin líderes
Adiós al Muñeco: El Monumental vibró con el último “Muñeeeco” a Gallardo, pero el vestuario ya mira a Coudet con urgencia.
Como en innumerables ocasiones anteriores —pero por última vez—, Marcelo Gallardo ocupó el banco de suplentes del Monumental el jueves pasado. El escenario que lo vio triunfar en dos etapas distintas resonó con el cántico que lo inmortalizó: “Muñeeeco”. El mismo grito que, durante años, celebró el buen fútbol de River se convirtió en un adiós emotivo. Minutos después, sin embargo, la tribuna cambió de tono. Antes de que comenzara el partido, los hinchas corearon “jugadores…”, un reclamo que va más allá del clásico “movete” y refleja una frustración acumulada. La despedida del técnico fue tierna; la relación con el plantel, un lastre.
La segunda etapa de Gallardo en River dejó una estela de preguntas. Entre las causas del declive destacan refuerzos millonarios que no rindieron (como los casos de Matías Kranevitter o Manuel Lanzini), un mercado de pases insuficiente y la falta de un delantero letal. Pero el problema central fue la relación irregular con los jugadores, un contraste con su primera etapa, cuando el vestuario era un bloque blindado. Entonces, figuras como Jonathan Maidana, Enzo Pérez o Lucas Pratto distribuían el liderazgo. Ahora, Gallardo intentó imponer referentes a toda prisa —Gonzalo Montiel, Germán Pezzella y Lucas Martínez Quarta— mientras desvinculaba a veteranos clave. El hilo que se cortó fue el grueso: el equipo perdió su columna vertebral.
El fútbol moderno enfrenta un dilema: cada vez son menos los jugadores que se comprometen al 100% con un entrenador. ¿Es el individualismo de la época o el entorno que rodea a las estrellas, haciéndolas sentir intocables? Gallardo encontró apoyo en algunos, como Martínez Quarta —quien debutó bajo su mando y lo abrazó emocionado al conocerse su salida— o Montiel. Otros, como Franco Armani, demostraron lealtad pese a las críticas (el arquero, lesionado, pidió dar una entrevista para respaldarlo). Pero el plantel es amplio, y las grietas, evidentes.
La ausencia de Marcos Acuña ante Banfield fue el símbolo de la fractura. No solo porque su puesto lo ocupó Facundo González, un central sin experiencia en la banda, sino porque el lateral —figura en la selección argentina— expresó su descontento con ironías al conocerse la renuncia. Su peso en el vestuario, tras ganar la Copa América y el Mundial, hizo que su voz resonara más que otras. Allí se quebró la autoridad que antes definía a este River.
Gallardo entendió que, sin conmover a todo el plantel, no podría enderezar el rumbo. Diez derrotas en quince partidos son una estadística demoledora; en River, una crisis. El vestuario pasó de ser un baluarte a un grupo fragmentado, sin líderes claros. El Muñeco se va con la estatua intacta, pero su sombra ya no alcanza para cubrir al equipo.
Coudet: ¿El antídoto contra la apatía?
El mismo carácter que alejó a Eduardo Coudet de River en el pasado ahora lo acerca. Antes se lo descartaba por su temperamento explosivo; hoy, su personalidad extrovertida y su estilo de juego ofensivo se ven como la solución. El desafío es claro: debe reconstruir un vestuario donde la autoridad se diluyó.
Coudet llega con dos ventajas: su capacidad para armar equipos protagonistas y su verborragia, un liderazgo distinto al de Gallardo. Pero el contexto es más favorable que en 2022. Esta despedida del Muñeco fue necesaria. La pregunta ahora es si el Chacho podrá iluminar lo que quedó en penumbras: un plantel con talento, pero sin rumbo.
¿Podrá Coudet convertir el individualismo en colectivo? O, peor aún: ¿qué pasará si los jugadores que hoy miran de reojo al cuerpo técnico repiten su actitud con el nuevo DT?
El precedente de Coudet: ¿un espejo de lo que viene en River?
La llegada de Eduardo Coudet a River no es su primer rodeo con el club de Núñez, ni su primer desafío para reconstruir un vestuario fracturado. En 2022, el *Chacho* estuvo a punto de asumir el banquillo millonario tras la salida de Marcelo Gallardo (en su primera etapa), pero las negociaciones se truncaron por diferencias económicas y su carácter explosivo, que entonces se consideraba un riesgo. Sin embargo, su paso por Racing Club (2023) ofrece pistas concretas de lo que podría repetirse —o evitarse— ahora. En la Academia, Coudet heredó un equipo con solo 3 victorias en 12 partidos y figuras como Johan Carbonero y Matías Rojas en abierta rebelión contra el técnico anterior, Fernando Gago. En menos de tres meses, logró 11 triunfos en 15 partidos, recuperó a los disidentes (Rojas terminó como goleador del equipo con 8 tantos) y clasificó al club a la Copa Libertadores 2024. El método: reuniones individuales diarias con los líderes del vestuario y un discurso claro: *’O juegan como equipo o no juegan’*.
Pero el caso más revelador es su etapa en Celta de Vigo (2020-2021), donde enfrentó una situación idéntica a la actual en River: un plantel con estrellas desmotivadas (como Iago Aspas, quien había pedido públicamente la salida del DT anterior) y una racha de 8 partidos sin ganar. Coudet no solo logró que Aspas —figura indiscutida— se comprometiera (terminó la temporada con 14 goles y 7 asistencias), sino que implementó un sistema táctico que potenció a jugadores secundarios, como Nolito, quien pasó de ser suplente a clave con 5 goles en los últimos 10 partidos. El dato clave: redujo las rotaciones y apostó por un 11 fijo en el 70% de los partidos, algo que en River podría ser clave para estabilizar a un equipo con 23 cambios de alineación en los últimos 15 partidos bajo Gallardo. Sin embargo, su salida del Celta también dejó una advertencia: su estilo confrontativo lo llevó a roces con la directiva por fichajes no consultados (como el de Jeison Murillo, que costó €8 millones y solo jugó 9 partidos).
En River, Coudet encontrará un escenario aún más complejo: un vestuario con 6 jugadores que ganaron el Mundial 2022 (Acuña, Montiel, Armani, Álvarez, Palavecino y Ruiz) y egos que Gallardo no pudo —o no quiso— domar. Su éxito dependerá de si logra repetir la fórmula de Racing (diálogo + autoridad) o si cae en los errores del Celta (aislamiento + confrontación).
La primera prueba de fuego: el caso Acuña
El lateral Marcos Acuña, símbolo de la fractura con Gallardo, será el termómetro. En 2019, bajo el mando del *Muñeco*, Acuña fue clave en la Copa Libertadores (2 goles en la final contra Boca), pero su relación se deterioró cuando Gallardo lo sacó del equipo en abril de 2024 tras un error defensivo ante Talleres. Coudet ya vivió algo similar con Emiliano Martínez en la selección argentina: en 2021, el arquero criticó públicamente su manejo en un amistoso, pero el DT lo recuperó con un gesto simbólico (le dio la capitanía en el siguiente partido). ¿Repetirá la estrategia con Acuña? Si lo logra, tendrá al vestuario de su lado. Si no, River podría entrar en una espiral de la que ni su verborragia podrá salvarlo.