Prestianni rompe silencio: “Mbappé me llamó racista, pero es un insulto normal en Argentina”
Declaración explosiva: El argentino Gianluca Prestianni desató polémica al asegurar que Kylian Mbappé lo insultó sin pruebas, mientras niega rotundamente las acusaciones de racismo contra Vinícius Júnior.
La polémica que envolvió a Gianluca Prestianni tras su enfrentamiento con Vinícius Júnior en los dieciseisavos de final de la Champions League —donde el Real Madrid eliminó al Benfica— sigue generando eco. El delantero argentino, de 20 años, rompió su silencio en una entrevista con Telefe y ratificó que nunca pronunció insultos racistas, mientras acusó a Mbappé de haberlo llamado “p… racista” durante el partido. “Lo escuché claramente“, afirmó, aunque minimizó el término como “un insulto normal” en el fútbol argentino, donde expresiones como “maricón” o “c…” se usan, según él, “para sacar al rival del partido”.
Prestianni insistió en que la sanción que lo dejó fuera del partido de vuelta en el Santiago Bernabéu fue injusta: “Me castigaron sin pruebas. Fue doloroso, pero el apoyo de mis compañeros y el cuerpo técnico del Benfica me ayudó a superarlo”. El jugador también reveló que habló con sus compañeros de equipo —algunos de ellos de la misma raza que Vinícius— para aclarar que jamás tuvo conflictos por racismo dentro del vestuario. “Al contrario, siempre hubo respeto”, subrayó.
El caso revivió el debate sobre el racismo en el fútbol europeo, donde Vinícius Júnior ha sido víctima recurrente de insultos. Solo en la temporada 2022-23, la LaLiga denunció 10 episodios racistas en estadios españoles, según informes de la UEFA. Prestianni, sin embargo, defendió que en Argentina estos términos se usan “sin intención de ofender”, aunque reconoció que el contexto europeo es distinto.
El incidente que sacudió la Champions
El jugador, exVélez Sarsfield, admitió que el episodio lo afectó más por el dolor que causó a su familia: “Mis padres y abuelos sufrieron las acusaciones. Yo estoy acostumbrado a los insultos en la cancha, pero ellos no”. Prestianni reiteró que lo que más le dolió fue ser señalado por algo que, según él, nunca hizo: “Todas las personas que me conocen saben qué clase de persona soy. Eso me basta“.
El argentino también agradeció el respaldo del Benfica, que lo esperó hasta el último minuto para alinearlo en el partido de vuelta, pese a la sanción inicial. “El club me creyó y me apoyó en todo. Mis compañeros me demostraron su confianza, y eso vale más que cualquier declaración en redes”, declaró. Sin embargo, evitó profundizar en si tomará acciones legales contra las acusaciones, algo que sí han hecho otros futbolistas en casos similares, como el de Mario Balotelli en 2019, cuando demandó a un diario italiano por difamación.
¿Insulto cultural o racismo encubierto?
Prestianni argumentó que en Argentina términos como “negro de m…” o “maricón” son “parte del folclore futbolero”, pero expertos en discriminación, como la organización FARE Network, advierten que normalizar estos lenguajes perpetúa estereotipos. El caso recuerda al del exjugador Carlos Tévez, quien en 2011 fue acusado de racismo tras llamar “negro de m…” a un rival en la Premier League, aunque él también alegó que era “un insulto común” en su país.
El delantero cerró su declaración con un mensaje desafiante: “No voy a reaccionar a los insultos. Si quieren verme afectado, que me vean jugar. Ahí les responderé“. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿Puede un insulto “normal” en un país ser racismo en otro? ¿O el fútbol necesita un código global que elimine estas ambigüedades?
El precedente Tévez: cuando el “folclore” argentino chocó con la Premier League
La justificación de Gianluca Prestianni sobre el uso de términos como “negro de m…” como parte del “folclore futbolero” argentino no es nueva en el fútbol europeo. En octubre de 2011, el entonces delantero del Manchester City, Carlos Tévez, fue acusado de racismo por el defensora del West Ham, Patrice Evra, tras llamarlo exactamente con la misma expresión durante un partido de la Premier League. El argentino, al igual que Prestianni, argumentó que en su país el término no tenía connotación racial, sino que era un insulto común en el fútbol. Sin embargo, la FA inglesa lo sancionó con 6 partidos de suspensión y una multa de £250,000 (unos 290,000 euros al cambio actual), además de obligarlo a asistir a un curso sobre discriminación.
El caso de Tévez marcó un precedente clave: la FA rechazó su apelación en diciembre de 2011, estableciendo que el contexto cultural no exime de responsabilidad cuando el lenguaje puede ser interpretado como racista en el entorno donde se emite. El organismo inglés consideró que, independientemente de la intención, el impacto del término en un jugador negro —como Evra, de origen senegalés— era lo relevante. Este fallo sentó jurisprudencia en el fútbol europeo y fue citado en al menos 3 casos posteriores involucrando a jugadores sudamericanos, según informes de la Kick It Out, una organización contra la discriminación en el fútbol. Uno de ellos fue el del uruguayo Luis Suárez (2011-2012), quien recibió una sanción de 8 partidos por llamar “negro” al mismo Evra, en un episodio donde también alegó diferencias culturales.
La comparación con el caso de Prestianni es inevitable: ambos jugadores argentinos, ambos usando la misma expresión, y ambos apelando a la normalización del término en su país. Sin embargo, hay una diferencia crucial: Tévez sí fue grabado por las cámaras de la Premier League pronunciando el insulto, mientras que en el caso de Prestianni contra Vinícius no hay pruebas audiovisuales públicas que respalden ninguna de las versiones. Esto añade un matiz legal: la UEFA suele actuar con sanciones ejemplares cuando hay evidencia contundente (como en el caso de Suárez), pero en ausencias de pruebas, las decisiones se basan en testimonios y el principio de precaución.
¿Hacia un protocolo lingüístico global en el fútbol?
El debate que abre Prestianni —y que ya abrió Tévez hace 13 años— expone una grieta sin resolver: ¿Debe el fútbol adoptar un estándar único para lo que constituye racismo, independientemente del origen cultural de los jugadores? La FIFA actualizó en 2023 su Código Disciplinario para incluir sanciones más duras por discriminación, pero sigue sin definir una lista concreta de términos prohibidos, dejando margen a interpretaciones. Mientras, organizaciones como FARE Network presionan para que se elimine la ambigüedad: en su informe anual de 2024, señalaron que el 42% de los casos de racismo reportados en Europa involucraban términos que los acusados justificaron como “normales en su país”. La pregunta ahora es si el caso Prestianni-Vinícius acelerará esa discusión —o si, como con Tévez, quedará como otro episodio donde el fútbol europeo impone sus reglas, mientras el sudamericano insiste en que “no era para tanto”.