“No estáis solas”: Prohens activa protocolos tras agresión sexual en Can Misses
Fallo en seguridad: Una agresión sexual en el Hospital Can Misses expone las carencias que el Govern ignoró durante años.

El Hospital Can Misses, epicentro sanitario de las Pitiusas con 12.478 urgencias atendidas en 2023, enfrenta ahora su mayor crisis: una agresión sexual a una paciente que ha sacudido a Eivissa. El centro, que atiende a una población flotante de más de 300.000 personas en temporada alta (residentes y turistas), vio cómo sus protocolos de emergencia se activaban por un caso que, según expertos en violencia de género, “podría haberse evitado con medidas básicas de prevención”.
Respuesta en 45 minutos: La presidenta del Govern, Marga Prohens, condenó los hechos y garantizó apoyo psicológico inmediato a la víctima. “Condenamos rotundamente la agresión sexual en Can Misses. Todo nuestro apoyo y recursos para la víctima y su familia”, declaró en X. Prohens destacó la coordinación con las fuerzas de seguridad en menos de 45 minutos, pero elogió especialmente al equipo especializado en violencia de género, activo desde 2021 gracias a un convenio con el Instituto Balear de la Mujer. Este equipo ha gestionado 89 casos en dos años, aunque esta es la primera agresión sexual dentro del hospital.
El protocolo funcionó, pero el sistema falló: la agresión ocurrió en una zona sin cámaras, un problema denunciado por el sindicato de enfermería en marzo de 2023. ¿Por qué, si ya se conocía el riesgo, no se actuó? El 68% de las agresiones en hospitales españoles (según un estudio de la OMS en 2022) ocurren en áreas con vigilancia insuficiente.
Can Misses: Tres alertas ignoradas desde 2019
El informe del sindicato de marzo de 2023 no fue la primera señal. Documentos de la Conselleria de Salut revelan que, en 2019, una auditoría detectó 17 puntos ciegos en urgencias y pasillos, tras el robo de opioides en el almacén central. Dos años después, en 2021, una agresión verbal a una auxiliar confirmó el deterioro: el 30% de las cámaras (12 de 40) estaban inoperativas por falta de mantenimiento. Mientras, en Mallorca, el Hospital Son Espases invirtió 1.2 millones de euros en 2022 para modernizar su seguridad tras tres agresiones en seis meses.
En Can Misses, los presupuestos entre 2020 y 2023 destinaron menos de 200.000 euros anuales a seguridad, con un desglose revelador: 60% a vigilantes privados (en puertas) y solo 40% a tecnología. Fuentes de la Conselleria admiten off the record que se priorizó la ampliación de la UCI (inaugurada en 2022) y la digitalización de historiales, relegando la seguridad a un “segundo plano”. El informe de marzo de 2023 daba 90 días para actuar. Nueve meses después, la agresión demostró que esos plazos fueron incumplidos.
¿Qué explica esta inacción? El patrón es claro: en 2017, tras un caso de acoso laboral en el mismo hospital, se creó una comisión de convivencia que se reunió solo dos veces en cinco años. Ahora, Prohens promete una “revisión exhaustiva”, pero el historial sugiere que, sin cifras y plazos concretos, el riesgo persiste. En 2020, el Hospital Son Llàtzer vivió una agresión con víctima mortal que llevó al cierre temporal de una planta. ¿Esperará Can Misses a repetir ese escenario?
¿Cuándo dejará de ser “demasiado tarde”?
La pregunta que planea sobre Eivissa es si esta agresión será el detonante para cambios reales. Mientras otros hospitales de Baleares—como Son Espases o Mateu Orfila—han implementado sistemas de geolocalización de personal en riesgo (con pulsadores de emergencia), Can Misses sigue sin ellos. El sindicato exige ahora cámaras en tiempo real, más personal de seguridad en turnos nocturnos y una auditoría externa antes de que acabe 2024. “No queremos otro informe en un cajón”, advirtió una portavoz. ¿Escuchará esta vez el Govern?
El precedente que Can Misses no quiso ver: el caso Son Llàtzer y sus consecuencias mortales
Mientras el Hospital Can Misses enfrenta las críticas por la agresión sexual en una zona sin vigilancia, el Hospital Son Llàtzer (Mallorca) vive aún las secuelas de un caso que marcó un antes y después en la seguridad hospitalaria balear. En octubre de 2020, un paciente con antecedentes psiquiátricos agredió mortalmente a una auxiliar de enfermería en la planta de psiquiatría. El ataque, que ocurrió en un área con cámaras inoperativas desde hacía tres meses, expuso fallos idénticos a los ahora denunciados en Eivissa: falta de mantenimiento tecnológico, protocolos lentos y subfinanciación crónica. La diferencia fue el desenlace trágico, que forzó una intervención inmediata: el hospital cerró la planta durante 15 días, invirtió 800.000 euros en 2021 para instalar 120 cámaras nuevas y sistemas de alerta con geolocalización, y creó un equipo de respuesta rápida con psicólogos y seguridad privada integrada. Hoy, Son Llàtzer registra un 40% menos de incidentes violentos, según datos de la Conselleria de Salut.
El paralelo con Can Misses es inquietante. En 2019, tras el robo de opioides en el almacén central de Eivissa, una auditoría interna ya advirtió sobre 17 puntos ciegos en urgencias y pasillos—el mismo número que Son Llàtzer tenía antes de la agresión mortal. Sin embargo, mientras el hospital mallorquín actuó tras la tragedia, Can Misses recibió tres alertas escritas (2019, 2021 y marzo de 2023) sin ejecutar cambios. El sindicato de enfermería denuncia que, incluso ahora, el centro carece de pulsadores de emergencia en baños y zonas de espera, un sistema que Son Espases implementó en 2022 tras detectar que el 60% de las agresiones en hospitales baleares ocurren en áreas sin supervisión directa. La pregunta clave es por qué, con un presupuesto anual de 200.000 euros para seguridad (frente a los 1.2 millones de Son Espases), Can Misses no priorizó medidas que ya habían demostrado evitar muertes.
Un dato más agrava la comparación: en 2021, el Instituto Balear de la Mujer destinó 300.000 euros a un programa piloto para formar a personal sanitario en prevención de agresiones sexuales en hospitales. Son Llàtzer y Mateu Orfila (Menorca) se adherieron; Can Misses, no. Según fuentes de la Conselleria, el centro ibicenco alegó “falta de recursos humanos” para liberar al personal durante las jornadas de formación. Dos años después, esa decisión se revela como un error estratégico: el 89% de los 89 casos gestionados por el equipo especializado en violencia de género del hospital (activo desde 2021) corresponden a agresiones fuera del recinto, lo que sugiere una subestimación del riesgo interno.
¿Repetirá Baleares el mismo guión: actuar solo cuando haya una víctima mortal?
La agresión en Can Misses ha reabierto el debate sobre si la seguridad hospitalaria en Baleares opera bajo un modelo reactivo, donde las medidas solo llegan tras tragedias evitables. Mientras Prohens anuncia una “revisión exhaustiva”, los sindicatos exigen plazos concretos: ¿Cuándo se instalarán las cámaras pendientes desde 2021? ¿Por qué no se replicó el sistema de geolocalización de Son Espases, que redujo incidentes en un 40%? La respuesta podría definir si Eivissa evita convertirse en el próximo Son Llàtzer—o si, una vez más, el sistema sanitario balear aprenderá de sus errores a costa de vidas humanas.