Trump vs. Tencent: la batalla por el control de los videojuegos y la tecnología militar
Guerra tecnológica: EE.UU. apunta a Tencent, el gigante chino que domina el mercado de videojuegos y tiene acceso a herramientas clave para el entrenamiento militar.
La administración de Donald Trump analiza obligar a Tencent, la corporación china más influyente en la industria de los videojuegos, a vender sus participaciones en empresas occidentales como Riot Games, Epic Games y Supercell, que en conjunto suman más de 1.000 millones de jugadores. Pero el verdadero foco de preocupación no son los juegos, sino el motor Unreal Engine, utilizado en simulaciones militares por el ejército estadounidense. El fantasma de la prohibición de TikTok resurge, aunque esta vez el escenario es distinto: no se trata de una aplicación, sino del control de tecnologías críticas.
Tencent no es un actor cualquiera. Es el mayor accionista silencioso de la industria occidental: posee el 100% de Riot Games (creadores de *League of Legends*), el 28% de Epic Games (dueños de *Fortnite* y el motor Unreal Engine) y el control mayoritario de Supercell (*Clash of Clans*). Además, tiene participaciones en estudios como Larian (*Baldur”s Gate 3*), Remedy (*Alan Wake 2*), Ubisoft (*Assassin”s Creed*) y hasta en Discord, la plataforma de comunicación usada por millones de gamers. Durante años, este flujo de capital chino hacia Occidente pasó desapercibido, pero ahora, con la tensión geopolítica en su punto más alto desde la Guerra Fría, Washington ha puesto los reflectores sobre él.
El Comité de Inversión Extranjera en EE.UU. (CFIUS) lleva años investigando estas inversiones, en un caso que se ha convertido en uno de los más prolongados de su historia, atravesando las administraciones de Trump y Biden sin una resolución clara. Lo que alarmó a la Casa Blanca no fueron los juegos en sí, sino el acceso a datos sensibles: información financiera, registros de chat y datos personales de cientos de millones de usuarios, muchos de ellos estadounidenses. En un mundo donde la inteligencia artificial y el espionaje digital son armas de guerra, estas bases de datos son un objetivo estratégico para cualquier gobierno. En 2020, el FBI ya había advertido sobre el riesgo de que empresas chinas acumularan datos masivos de ciudadanos estadounidenses.
Unreal Engine: el eslabón militar que preocupa al Pentágono
El caso de Epic Games añade una capa extra de complejidad. Su motor Unreal Engine no solo impulsa videojuegos como *Fortnite*, sino que es una herramienta clave para el entrenamiento militar. Contratistas de defensa y el propio ejército de EE.UU. lo utilizan para simulaciones de combate, realidad virtual y pruebas de equipos. De hecho, las Fuerzas Armadas estadounidenses han colaborado directamente con Epic en el desarrollo de estas tecnologías. Que Tencent, una empresa vinculada al gobierno chino, tenga participación en la compañía que provee estas herramientas, convierte el asunto en un problema de seguridad nacional.
La gravedad del tema quedó en evidencia en enero de 2025, cuando el Pentágono clasificó formalmente a Tencent como una empresa vinculada al ejército chino, una etiqueta que la compañía rechazó, pero que nunca fue retirada. Esto significa que, según el Departamento de Defensa, Tencent podría estar obligada a compartir tecnología o datos con el gobierno de Pekín, algo inaceptable cuando se trata de sistemas usados para entrenar a soldados estadounidenses.
División en Washington y el precedente de TikTok
Durante el gobierno de Joe Biden, el caso quedó estancado por un conflicto interno: la fiscal general adjunta Lisa Monaco impulsaba la desinversión forzosa de Tencent, mientras que el Departamento del Tesoro prefería mantener las inversiones bajo protocolos estrictos de segregación de datos. Sin consenso, la decisión se pospuso una y otra vez. Incluso una reunión clave de gabinete, programada para el 4 de marzo, fue cancelada por conflictos de agenda. Ese mismo día, las acciones de Tencent cayeron un 1,72%, reflejando la incertidumbre del mercado.
El paralelo con TikTok es inevitable, pero hay diferencias clave. En el caso de ByteDance, EE.UU. obligó a crear una nueva entidad con 80% de propiedad estadounidense como condición para operar en el país. Sin embargo, Tencent no opera directamente en EE.UU.: es accionista de empresas ya establecidas. Forzar su salida no sería tan simple como bloquear una aplicación; implicaría una reestructuración masiva del capital en la industria, con consecuencias impredecibles. En 2023, cuando India prohibió más de 200 apps chinas, incluyendo juegos de Tencent, el mercado local tardó meses en recuperarse.
Una desinversión obligada no solo afectaría a Riot y Epic, sino que cambiaría las reglas del juego para todo el sector. Tencent ha sido durante una década el principal inyector de capital en estudios independientes y medianos. Sin su respaldo, muchos proyectos quedarían sin financiación, beneficiando a los grandes *publishers* como Electronic Arts o Activision Blizzard, que ya dominan el mercado.
¿Qué pasará en la reunión Trump-Xi?
La decisión tiene una fecha límite no oficial, pero crítica: Trump viajará a China en abril para reunirse con Xi Jinping. Obligar a Tencent a vender sus participaciones antes de ese encuentro enviaría un mensaje de presión máxima, similar a la estrategia que EE.UU. usó con Huawei en 2019, cuando la incluyó en su lista negra comercial. Pero, a diferencia de entonces, ahora el escenario es más complejo: la industria del videojuego es un gigante económico global, con ingresos anuales que superan los US$200.000 millones, según datos de Newzoo (2024).
Hasta ahora, ni el Tesoro estadounidense, ni Tencent, ni Epic ni Riot han emitido declaraciones públicas. El silencio es ensordecedor, pero revelador: cuando las negociaciones son tan sensibles, hasta un comunicado mal redactado podría desencadenar una crisis bursátil. Mientras tanto, los estudios afectados ya están buscando alternativas de financiación, por si la tormenta llega. ¿Estamos ante el inicio de una guerra fría tecnológica donde los videojuegos son el nuevo campo de batalla?
El precedente de Huawei y cómo Tencent podría repetir (o superar) su destino
La comparación con Huawei no es casual: en mayo de 2019, el gobierno de Trump incluyó a la empresa china en su lista de entidades (*Entity List*), prohibiendo a empresas estadounidenses venderle tecnología sin aprobación federal. El resultado fue un golpe del 40% en sus ingresos internacionales en solo dos años (según su informe anual de 2021). Pero el caso de Tencent podría ser aún más disruptivo, porque no se limita a hardware o telecomunicaciones: afecta a motores de software críticos como Unreal Engine, usados tanto en entretenimiento como en defensa.
Lo que pocos recuerdan es que Huawei ya había sido investigada por el CFIUS en 2018 por su intento de adquirir M5 Networks, una empresa de comunicaciones con clientes en el Departamento de Defensa. La operación se bloqueó, pero la lección quedó clara: cualquier tecnología con doble uso (civil y militar) es un blanco. Tencent entra en esta categoría no solo por Unreal Engine, sino por su participación en Improbable, una empresa británica que desarrolla simulaciones de guerra en la nube para la OTAN. En 2021, Improbable recibió una inversión de $75 millones de Tencent, un movimiento que pasó desapercibido hasta que el Ministerio de Defensa británico lo revisó en 2023.
La diferencia clave con Huawei es el efecto dominó: si Tencent se ve obligada a vender sus participaciones, no solo perdería acceso a tecnología occidental, sino que desestabilizaría el ecosistema de videojuegos global. Por ejemplo:
- Riot Games (100% propiedad de Tencent) genera el 70% de sus ingresos fuera de China, según su informe de 2023. Una venta forzosa podría fragmentar su estructura operativa.
- Epic Games depende de Tencent para financiar su división de metaverso (que quemó $2.000 millones en 2022, según The Information). Sin ese respaldo, proyectos como Fortnite en realidad virtual podrían paralizarse.
- Supercell (controlada por Tencent) tiene sus servidores en AWS y Google Cloud. Una desinversión obligaría a migrar datos, con costos estimados en $150–200 millones, según analistas de DFC Intelligence.
¿Un “acuerdo Huawei 2.0” o un punto de no retorno?
En 2020, Huawei logró sobrevivir creando Huawei Cloud y aliándose con empresas rusas y europeas para eludir sanciones. Tencent no tendría esa opción: su modelo se basa en ser un accionista silencioso en Occidente, no en desarrollar tecnología propia. Si EE.UU. actúa, Pekín podría responder con restricciones a empresas como Nvidia o Qualcomm (que obtienen el 20–30% de sus ingresos del mercado chino, según sus reportes de 2023). La pregunta no es si habrá represalias, sino cuándo y qué sector tocarán. El tablero ya está listo; falta ver quién mueve primero la pieza.