Donald Trump en el Despacho Oval con mapa de Irán y portaaviones USS Abraham Lincoln en alerta máxima

Trump frena ataque a Irán por presión árabe: ¿acuerdo histórico o tregua frágil?

Freno de emergencia: EE.UU. cancela ofensivas contra Irán a horas del lanzamiento, tras intervención sin precedentes de Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes.

Trump frena ataque a Irán por presión árabe: ¿acuerdo histórico o tregua frágil?

El presidente Donald Trump anunció este lunes la suspensión de un ataque militar contra Irán programado para este martes, tras recibir una solicitud conjunta de tres potencias del Golfo. “Me han pedido (…) que suspenda el ataque previsto para mañana, ahora que hay negociaciones serias en marcha”, declaró Trump en redes sociales. El mandatario destacó que los líderes árabes —el emir de Qatar, Tamim bin Hamad al Thani; el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman (MBS); y el presidente emirati, Mohamed bin Zayed (MBZ)— confían en alcanzar un acuerdo “muy aceptable” para Washington y Oriente Próximo. MBS y MBZ, arquitectos de la política antiiraní en la región, han liderado en los últimos cinco años acciones como el boicot a Qatar (2017-2021) y el apoyo a grupos proxy en Yemen y Siria.

Trump reveló que el acuerdo en gestación incluiría una prohibición expresa para que Irán desarrolle armas nucleares, aunque sin detalles sobre mecanismos de verificación. “Por el respeto que tengo a estos líderes, he ordenado no realizar el ataque”, afirmó, aunque advirtió que las fuerzas estadounidenses —incluyendo el portaaviones USS Abraham Lincoln y bombarderos B-52, desplegados desde mayo de 2019— permanecen en “alerta máxima”. El Pentágono mantiene 35.000 tropas en la región, un récord desde la guerra de Irak.

Plazos ajustados y escepticismo en la mesa

Trump precisó que el aplazamiento sería de “dos o tres días”, plazo que los aliados árabes consideran suficiente para cerrar un pacto. “Si lo conseguimos, Irán no tendrá la bomba nuclear”, declaró. Sin embargo, fuentes cercanas a las negociaciones filtraron a medios estadounidenses que la última propuesta iraní no incluye concesiones significativas sobre su programa nuclear. La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, reforzó el mensaje en Fox News: “No pueden quedarse con el uranio enriquecido que tienen”. Irán posee actualmente 3.800 kg de uranio enriquecido al 60% —suficiente para fabricar al menos una bomba nuclear si se enriquece al 90%—, según la OIEA (mayo 2024).

El programa nuclear iraní, relanzado tras el abandono de EE.UU. del acuerdo JCPOA en 2018, ha avanzado sin restricciones. Desde entonces, Irán ha instalado 1.000 centrifugadoras avanzadas IR-6 —capaces de enriquecer uranio 10 veces más rápido—, mientras Arabia Saudí invirtió US$3.200 millones en misiles balísticos chinos (2021-2023) como disuasión, según el IISS. Este gasto militar saudí equivale al 4,3% de su PIB, el nivel más alto desde 2016.

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De amenazas a negociaciones en 24 horas: un patrón recurrente

El anuncio contrasta con los tuits de Trump del domingo, cuando advirtió que “el reloj corre” y amenazó con reanudar los ataques. Esta es la tercera vez en cinco años que EE.UU. cancela operaciones contra Irán en el último momento: en 2019 (tras el derribo de un dron estadounidense) y en 2020 (tras el asesinato del general Qasem Soleimani). En ambos casos, Teherán respondió con ataques a bases en Irak, causando daños por US$1.200 millones sin bajas humanas. El precedente sugiere que Irán prefiere represalias simbólicas pero costosas, evitando escaladas que desencadenen guerras totales.

La intervención de MBS y MBZ para frenar el ataque marca un giro táctico, pero no es la primera vez. En septiembre de 2019, tras los ataques con drones a las instalaciones saudíes de Abqaiq y Khurais —que paralizaron el 60% de la capacidad de refinamiento saudí (5,7 millones de barriles diarios)—, Riad evitó una respuesta militar. El precio del Brent se disparó un 14% en un día (de US$60 a US$68). Hoy, con el petróleo a US$92 y el riesgo de que un conflicto lo lleve a US$120, el cálculo económico pesa más que el geopolítico.

¿Qué busca cada actor en la mesa?

  • EE.UU.: Evitar un conflicto directo que dispare el petróleo (ya en US$92) y proteja a sus 35.000 tropas en la región. Un barril a US$120 añadiría US$0,30 al precio de la gasolina en EE.UU., según la EIA.
  • Irán: Levantar sanciones que redujeron sus exportaciones de crudo de 2,5 a 0,8 millones de barriles diarios (2018-2024) y acceder a sus US$120.000 millones en reservas congeladas. Sin estas sanciones, Irán podría aumentar su producción en 1,2 millones de barriles diarios en seis meses.
  • Arabia Saudí y EAU: Detener el programa nuclear iraní sin guerra, pero Riad exige límites a los misiles balísticos de Teherán (alcance de 2.000 km). Estos misiles pueden alcanzar Tel Aviv, El Cairo y hasta el sur de Europa.
  • Qatar: Mediar para evitar un conflicto que afecte su gasoducto submarino a Europa, responsable del 30% del gas de la UE. Una interrupción costaría a Europa US$15.000 millones en importaciones alternativas durante un invierno.

Con el reloj en cuenta regresiva, la pregunta no es si habrá acuerdo, sino qué cederá Irán: ¿solo promesas sobre uranio o también restricciones a su influencia en Irak, Siria y Yemen? En 2015, el JCPOA duró solo tres años. Hoy, con China comprando el 80% del petróleo iraní bajo sanciones, el escenario es más complejo.

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Los activos en juego: ¿por qué el Golfo presiona a Trump?

La presión sobre Trump busca proteger tres activos críticos:

  • El proyecto NEOM (Arabia Saudí): Con una inversión de US$500.000 millones, depende de estabilidad regional. Un conflicto elevaría los costos de seguro para buques en el Mar Rojo —por donde transita el 12% del comercio global— en un 300%, según Lloyd”s of London.
  • El gasoducto Qatar-Europa: El North Field Expansion (US$28.000 millones) aumentará la capacidad de gas qatarí en un 40% para 2026. Cualquier bloqueo en el Estrecho de Ormuz —por donde pasa el 30% del gas licuado global— pondría en riesgo contratos con Alemania y Francia.
  • Las bases estadounidenses: EAU alberga la base aérea de Al Dhafra (clave para los B-52) y el puerto de Jebel Ali, donde EE.UU. almacena equipo para 5.000 tropas. Un ataque como el de Ain al-Asad (2020) costaría US$1.200 millones en reparaciones.

La apuesta arriesgada: ¿puede el Golfo contener a Irán sin EE.UU.?

El plazo de 72 horas es un espejismo: Irán solo cede bajo sanciones asfixiantes o colapso económico (como en 2013, cuando su PIB cayó un 5,8%). Hoy, con reservas de US$120.000 millones congeladas pero petróleo a US$92, Teherán tiene margen. La pregunta clave es si MBS y MBZ ofrecerán a Irán reconocimiento de su influencia en Irak y Siria —algo imposible en 2015—. Si el acuerdo fracasa, el próximo ataque no vendrá de Trump, sino de los misiles saudíes DF-21, adquiridos a China en 2023 con alcance de 1.500 km.

¿Logrará este acuerdo lo que el JCPOA no pudo, o será otro parche temporal en una región donde la paz dura menos que un barril de petróleo?

El precedente ignorado: cómo el ataque cancelado de 2020 redefine la estrategia de Irán

La decisión de Trump de suspender el ataque recuerda al enero de 2020, cuando EE.UU. asesinó al general Qasem Soleimani en Bagdad y Irán respondió con un bombardeo quasi-simbólico a la base iraquí de Ain al-Asad. Aunque no hubo bajas estadounidenses, los daños superaron los US$1.200 millones, según el Pentágono. Lo crucial: Teherán calculó al milímetro la escalada. Usó 16 misiles Fateh-110 (alcance: 300 km) y evitó objetivos civiles o tropas, enviando un mensaje claro: «Podemos golpear, pero elegimos no cruzar la línea roja». Este patrón —respuesta medida para evitar guerra total— se repitió en abril de 2021, cuando Irán atacó la base estadounidense de Erbil (Kurdistán iraquí) con misiles de precisión, sin víctimas. El costo: US$200 millones en infraestructura dañada, pero el Brent subió solo un 2% (de US$63 a US$64).

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El análisis de la RAND Corporation (2023) revela que Irán ha perfeccionado una doctrina de «disuasión asimétrica»: ataques que infligen pérdidas económicas (como el sabotaje a petroleros en el Golfo de Omán en 2019, que elevó los fletes un 40% en una semana) o daños estratégicos (como los drones contra Abqaiq, que redujeron la producción saudí en 5,7 millones de barriles/día), pero evitan muertes masivas que fuercen una respuesta desproporcionada. En 2022, Irán lanzó 300 misiles y drones contra objetivos en Irak y Siria vinculados a EE.UU. o Israel: ninguno causó bajas, pero el costo acumulado en reparaciones y seguros superó los US$3.500 millones, según Jane’s Defence Weekly.

Este historial explica por qué MBS y MBZ presionaron a Trump: saben que Irán no buscará una guerra frontal, pero sí golpes calculados que erosionan la economía del Golfo. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) documentó que, entre 2019 y 2023, Arabia Saudí gastó US$11.000 millones en defensas antimisiles (sistemas Patriot y THAAD) para contrarrestar solo 17 ataques iraníes directos. La ecuación es clara: cada misil iraní que impacta cuesta a Riad US$650 millones en interceptación y reparaciones.

La trampa de la «paz temporal»: ¿por qué Irán gana tiempo?

Si el acuerdo se limita a congelar el programa nuclear —sin tocar los misiles balísticos ni la red de proxies (como Hezbolá en Líbano o los hutíes en Yemen)—, Irán habrá logrado lo que buscaba: desgastar la paciencia saudí y estadounidense sin ceder terreno. El precedente es el JCPOA (2015): mientras Occidente celebraba el «freno nuclear», Irán usó el alivio de sanciones para invertir US$16.000 millones en modernizar sus misiles (según CSIS), triplicando su arsenal de precisión. Hoy, con China comprando el 80% de su petróleo (a pesar de las sanciones) y Rusia proporcionando tecnología de satélites para guiado de misiles, Teherán no necesita un acuerdo: necesita que sus rivales crean que lo necesitan. La próxima ronda de negociaciones —si fracasan— podría incluir un ataque iraní a los campos petroleros de Ghawar (Arabia Saudí), que producen el 60% del crudo saudí. En 2019, un solo ataque con drones redujo su capacidad en un 50% durante dos semanas. ¿Están MBS y MBZ dispuestos a arriesgarse?

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