Mapa de Groenlandia destacando yacimientos de tierras raras con banderas de EE.UU. y China superpuestas

Tesoro ártico: por qué Trump insiste en comprar Groenlandia y qué minerales esconde

Golpe geopolítico: El presidente Trump reavivó su obsesión por Groenlandia, una isla con recursos minerales clave para el futuro tecnológico.

El presidente Donald Trump ha reafirmado su intención de que Groenlandia forme parte de Estados Unidos, una idea que expresó por primera vez en 2019 y que ahora, en su segundo mandato, parece prioritaria. Esta semana, nombró a Jeff Landry, gobernador republicano de Luisiana y aliado del movimiento MAGA, como enviado especial para la isla ártica. “Necesitamos tenerla“, declaró Trump a la BBC, justificando su interés por motivos de “protección nacional“.

La respuesta de Dinamarca no se hizo esperar: el gobierno danés exigió, vía canales diplomáticos, que se respete su soberanía sobre Groenlandia, un territorio autónomo de 2,1 millones de km² pero con apenas 56.000 habitantes. La tensión escaló rápidamente, reviviendo un conflicto que parecía dormido desde el primer mandato de Trump, cuando ya había calificado la posible adquisición como “un gran negocio inmobiliario“.

Tesoro ártico: por qué Trump insiste en comprar Groenlandia y qué minerales esconde

Groenlandia alberga la Base Espacial Pituffik (antes Base Aérea Thule), operada por EE.UU. desde la Guerra Fría para monitorear misiles balísticos. Su ubicación estratégica entre el Atlántico y el Ártico la convierte en un punto clave para la defensa global.

El mapa de las riquezas ocultas

El renovado interés de Trump no es casual. En 2023, el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia publicó un informe revelador: los 400.000 km² de territorio no cubiertos por hielo en la isla contienen depósitos significativos de 38 minerales esenciales, según la lista de la Comisión Europea. Entre ellos destacan el cobre, grafito, niobio, titanio y rodio, pero el verdadero tesoro son las tierras raras, como el neodimio y el praseodimio, críticos para fabricar motores de vehículos eléctricos y turbinas eólicas.

Groenlandia podría contener hasta el 25% de las reservas globales de tierras raras“, advirtió Adam Simon, geólogo de la Universidad de Michigan, en declaraciones a BBC News Brasil. Esto equivale a aproximadamente 1,5 millones de toneladas de materiales, una cifra que podría alterar el equilibrio del mercado mundial. Las tierras raras son hoy 1.500 veces más demandadas que en 1960, impulsadas por la transición energética y la carrera tecnológica.

La isla ya atrajo la atención de EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, pero su valor estratégico se ha multiplicado con el descubrimiento de estos recursos. El informe de 2023 marcó un punto de inflexión: lo que antes era un territorio remoto se convirtió en un nodo geopolítico.

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China vs. EE.UU.: la batalla por el Ártico

El dominio chino en el mercado de tierras raras es abrumador: controla el 60% de la extracción global y el 85% del procesamiento, con un pico del 95% en 2010. Esta dependencia ha dado a Pekín un poder descomunal sobre las cadenas de suministro de Occidente, algo que Washington no está dispuesto a tolerar. Groenlandia emerge así como una alternativa clave para reducir la influencia china, pero el camino no es sencillo.

Actualmente, dos empresas australianas exploran yacimientos en la isla, pero una de ellas, Shenghe Resources, tiene como inversor a una empresa estatal china. Además, China ha intentado penetrar en Groenlandia a través de su iniciativa “Ruta de la Seda Polar”, un brazo ártico de su proyecto “La Franja y la Ruta”. En 2018, empresas chinas intentaron construir dos aeropuertos en la isla, pero fueron bloqueadas por empresas danesas, con presión estadounidense de fondo.

China quiere ser un país “cercano al Ártico”“, declaró el presidente Xi Jinping, pese a que el país está a 1.500 km de la región. Su estrategia incluye proyectos culturales, tecnológicos e infraestructuras, lo que ha encendido las alarmas en Washington. En su primer mandato, Trump ya había incluido las tierras raras en la lista de materiales críticos para la seguridad nacional y firmó acuerdos de cooperación científica con Groenlandia.

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Sin embargo, la extracción en Groenlandia enfrenta desafíos logísticos colosales. “Es poco probable que haya producción comercial en menos de 10 años“, advirtió Simon. La isla, azotada por icebergs y condiciones extremas, requiere inversiones masivas en infraestructura para transportar los minerales. Mientras los gobiernos piensan en plazos de 4 años, las mineras operan con horizontes de 40 años.

Musk, Trump y el “Destino Manifiesto” del siglo XXI

El interés de Trump por Groenlandia también está ligado a Elon Musk, CEO de Tesla, cuya producción de vehículos eléctricos depende directamente de las tierras raras. “Tesla necesita neodimio, litio y grafito“, explicó Simon. “Existe un claro conflicto de intereses si Musk, con influencia en la administración Trump, toma decisiones que afecten la disponibilidad global de estos minerales”.

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Pero más allá de los recursos, la obsesión de Trump podría responder a una visión ideológica: el “Destino Manifiesto”, doctrina del siglo XIX que justificaba la expansión territorial de EE.UU. como un “deber” para extender su modelo de libertad. Trump ha expresado públicamente su admiración por Andrew Jackson, el séptimo presidente (1829-1837), símbolo de esta expansión y conocido por desplazar a las poblaciones nativas. En su primer mandato, Trump colgó un retrato de Jackson en la Oficina Oval. Ahora, en su segundo período, parece dispuesto a revivir esa doctrina, esta vez en el Ártico.

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El orden mundial actual, con fronteras claras y organismos multilaterales, parecía haber enterrado el “Destino Manifiesto”“, explicó James P. Pinkerton, editor de The American Conservative. Sin embargo, la ambición de Trump por Groenlandia sugiere lo contrario: una vuelta a la expansión territorial bajo el argumento de la seguridad nacional y el control de recursos.

¿Logrará EE.UU. desbancar a China en la carrera por las tierras raras, o Groenlandia se convertirá en el nuevo escenario de una guerra fría por los minerales del futuro?

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Mientras Dinamarca resiste y Pekín avanza, la isla ártica se ha convertido en el tablero de un juego geopolítico donde el clima, la tecnología y el nacionalismo chocan sin tregua.

Kvanefjeld, el yacimiento que China ya codició (y que podría decidir la batalla)

Mientras Trump reactiva su interés por Groenlandia, hay un nombre que resuena en los círculos mineros y que el artículo no menciona: Kvanefjeld, el yacimiento más prometedor de la isla, ubicado cerca de Narsaq, en el sur. Este proyecto, que alberga uranio y tierras raras en proporciones excepcionales, ya fue centro de una pugna geopolítica en 2016, cuando una empresa china, Shenghe Resources (la misma que hoy tiene participación en otra minera australiana en Groenlandia), intentó adquirirlo. La operación fracasó por la oposición del gobierno groenlandés, pero dejó una lección: Pekín lleva casi una década mapeando los recursos de la isla, mientras Occidente dormía.

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Kvanefjeld no es un yacimiento cualquiera. Según un informe del Instituto Geológico de Dinamarca (GEUS) de 2021, contiene 1,000 millones de toneladas de mineral, con concentraciones de 0.2% de óxidos de tierras raras —suficiente para abastecer el 15% de la demanda global anual de neodimio durante 20 años. Pero hay un problema: el uranio asociado. Groenlandia prohibió en 2021 la extracción de uranio por razones ambientales, lo que paralizó el proyecto. Sin embargo, en abril de 2024, el gobierno autónomo revisó parcialmente la moratoria, permitiendo estudios para separar las tierras raras del uranio. Shenghe Resources ya solicitó permisos para retomar pruebas, según documentos filtrados a *Reuters*.

El movimiento no pasó desapercibido en Washington. En 2022, el Departamento de Defensa de EE.UU. financió un estudio confidencial —desclasificado parcialmente en 2023— que identificó a Kvanefjeld como un “punto crítico de vulnerabilidad” en la cadena de suministro de tierras raras. El informe, elaborado por Lockheed Martin, advertía que si China consolidaba su presencia en el yacimiento, podría “manipular los precios del neodimio en un 30% en menos de 5 años”, afectando directamente a la producción de misiles y drones estadounidenses. Esto explica por qué Trump nombró a Jeff Landry —un excongresista con experiencia en la Comisión de Energía y Recursos Naturales— como enviado especial: su misión no es solo negociar, sino bloquear avances chinos en Kvanefjeld.

La paradoja groenlandesa: ¿socorro económico o colonización encubierta?

Groenlandia necesita desesperadamente inversión: su PIB per cápita es de $33,000 (frente a los $68,000 de Dinamarca), y el 70% de su presupuesto depende de subsidios de Copenhague. Pero los groenlandeses —que votaron por mayoría absoluta en 2023 mantener la prohibición de minería a gran escala— ven con recelo tanto a China como a EE.UU. Aleqa Hammond, ex primera ministra de Groenlandia, declaró en una entrevista con *The Arctic Journal* que “no queremos ser el patio trasero de nadie, ni de Trump ni de Xi”. La pregunta ahora es si la isla podrá resistir la presión cuando, según estimaciones de Wood Mackenzie, el precio del óxido de neodimio podría duplicarse para 2027 —y Kvanefjeld sea la única alternativa viable fuera de China.

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