Prototipo de robot humanoide Optimus de Tesla en laboratorio con pantallas de IA generativa al fondo

Robots humanoides: ¿Silicon Valley apuesta al futuro o a un fracaso?

Revolución en marcha: La IA aviva el sueño de robots humanoides funcionales, pero el escepticismo persiste en Silicon Valley.

Durante años, los robots fueron considerados una mala inversión en el ecosistema tecnológico: costosos, complejos y, según el capitalista de riesgo Modar Alaoui, “aburridos, honestamente”. Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial generativa —como ChatGPT y Gemini— ha reavivado el interés por dar cuerpo físico a estos sistemas. La pregunta ya no es si los humanoides llegarán, sino cuándo lo harán y qué papel jugarán en fábricas, hogares o incluso parques temáticos.

Alaoui, fundador de Humanoids Summit, congregó esta semana a más de 2.000 asistentes —entre ellos ingenieros de Disney, Google y decenas de startups— en el Museo de Historia de la Computación (Mountain View, California), un símbolo de los hitos tecnológicos pasados. El evento buscaba mostrar avances concretos y debatir los obstáculos que frenan a una industria aún en pañales. “Muchos investigadores ahora creen que los humanoides —o alguna encarnación física de la IA— se convertirán en la norma“, declaró Alaoui. “La incógnita es el tiempo que tomará”.

Uno de los ejemplos más llamativos es el robot Olaf, el personaje de nieve de Frozen, que Disney llevará a sus parques en Hong Kong y París a principios de 2025. Aunque estos robots entretienen y asombran, su utilidad práctica en entornos laborales o domésticos sigue siendo un espejismo. “Los humanoides de uso general —que puedan cocinar, limpiar o asistir en una fábrica— están a décadas de distancia“, advierten expertos como Rodney Brooks, cofundador de iRobot (creadores de Roomba) y uno de los críticos más vocales del sector.

Ya existen los Juegos Olímpicos para Robots Shutterstock – Shutterstock

El escepticismo fluyó incluso en un evento diseñado para celebrar la tecnología. Cosima du Pasquier, cofundadora de Haptica Robotics —una startup que desarrolla el sentido del tacto en robots—, lo resumió: “El espacio humanoide enfrenta desafíos científicos enormes. Hay preguntas básicas, como cómo equilibrar la energía y la movilidad, que aún no tienen respuesta”. Du Pasquier, quien lanzó su empresa hace apenas una semana, sabe que su primer mercado son precisamente los asistentes a la cumbre: investigadores y capitalistas dispuestos a apostar por soluciones parciales.

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Robots humanoides: ¿Silicon Valley apuesta al futuro o a un fracaso?
Las nuevas habilidades del robot Optimus Gen 2 de Tesla

Según un informe de McKinsey & Company, ya hay 50 empresas globales que han recaudado al menos US$100 millones cada una para desarrollar humanoides. El liderazgo lo ostenta China, con 20 empresas (frente a 15 en América del Norte), impulsadas por subvenciones estatales y un plan gubernamental para crear un “ecosistema de humanoides” antes de 2025. En la exposición de la cumbre, los stands chinos —como el de Unitree, fabricante de robots ágiles y económicos— acapararon la atención. Sus modelos, más accesibles, son usados por investigadores estadounidenses para probar software.

En EE.UU., el salto cualitativo llegó con los chatbots de IA generativa. Estas herramientas no solo revolucionaron el procesamiento del lenguaje, sino que también mejoraron la capacidad de los robots para interpretar entornos mediante “modelos de lenguaje visual”. Combinados con visión artificial, permiten que máquinas como Digit —el robot bípedo de Agility Robotics— naveguen almacenes o manipulen objetos con mayor precisión. Sin embargo, Rodney Brooks advirtió en un ensayo de septiembre de 2023 que “invertir cientos de millones en entrenar humanoides no garantiza que aprendan destrezas útiles“.

Robots humanoides están diseñados para realizar una serie de tareas en la línea de producción de una planta china de vehículos comercialesYoutube/Ubtech Robotics

La ausencia más notable en la cumbre fue la de Elon Musk y su proyecto Optimus, el humanoide de Tesla que el magnate promete vender “en 3 a 5 años“. Musk diseñó Optimus hace tres años como un robot “extremadamente capaz” y masivo, pero su desarrollo ha sido opaco. Mientras tanto, empresas como Agility Robotics ya prueban soluciones concretas: su robot Digit, con patas similares a las de un ave, comenzará a operar en 2024 en un centro de distribución de Mercado Libre en Texas, transportando contenedores junto a trabajadores humanos.

El paralelo con los vehículos autónomos es inevitable. Alaoui, quien trabajó en sistemas de atención al conductor, señala que en 2014 Google presentó su prototipo de auto sin conductor —una burbuja futurista— y hoy, once años después, los robotaxis de Waymo (filial de Google) circulan por las calles de Silicon Valley. “La robótica humanoide podría seguir un camino similar: lento al principio, pero acelerado por la IA“, sostiene.

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Un robot humanoide Optimus diseñado por TeslaTesla

Mientras los humanoides dan sus primeros pasos, los robots industriales tradicionales —como los usados en líneas de ensamblaje de automóviles— siguen siendo imbatibles en precisión y velocidad. Jeff Burnstein, presidente de la Asociación para el Avance de la Automatización, urge al gobierno de EE.UU. a definir una estrategia nacional para no quedarse atrás. “Tenemos la tecnología y el talento en IA”, afirma, “pero China lleva ventaja en impulso y escala. El liderazgo aún está en juego”.

La pregunta que planea sobre Silicon Valley no es si los humanoides llegarán, sino qué harán cuando lo logren. ¿Reemplazarán trabajos repetitivos? ¿Se convertirán en compañeros domésticos? ¿O quedarán relegados a atracciones turísticas y experimentos costosos? Mientras los inversores apuestan millones, el reloj corre: 2025, el plazo que se dio China, está a la vuelta de la esquina.

Algunos robots con componentes humanos ya se están probando en lugares de trabajo (imagen ilustrativa)Shutterstock – Shutterstock

¿Y si el futuro no es humanoide? Algunos expertos, como Brooks, sugieren que la obsesión por replicar la forma humana podría ser un error. “Los robots más útiles —argumenta— son aquellos diseñados para tareas específicas, no para imitarnos”. Mientras la cumbre cerraba sus puertas, una pregunta resonaba: ¿Estamos invirtiendo en el próximo gran salto tecnológico… o en otro sueño fallido de Silicon Valley?

El precedente de Honda y ASIMO: ¿Por qué los humanoides siguen siendo un desafío después de 23 años

Mientras Silicon Valley debate el futuro de los robots humanoides, el proyecto ASIMO de Honda —presentado en 2000 como el “humanoide más avanzado del mundo”— ofrece una lección incómoda: incluso con décadas de I+D y una inversión estimada en $1.000 millones, la promesa de robots autónomos en entornos reales sigue sin cumplirse. ASIMO, capaz de correr a 9 km/h, subir escaleras y servir café, fue retirado en 2018 sin haber trascendido el ámbito de los showrooms corporativos. Su fracaso comercial expone los mismos obstáculos que hoy frenan a Optimus, Digit o Olaf: costo energético, fragilidad mecánica y la brecha entre demostraciones controladas y aplicaciones prácticas.

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Honda no fue la única en toparse con este muro. Boston Dynamics, adquirida por Hyundai en 2020 por $1.100 millones, lleva desde 2016 intentando comercializar su robot Atlas —famosa por sus piruetas virales—. Pese a logros como su capacidad para saltar cajas de 1,2 metros o abrir puertas, la empresa aún no ha lanzado un producto masivo para consumidores. Su único ingreso proviene de Spot, un robot cuadrúpedo vendido a $74.500 por unidad, principalmente a industrias como la construcción o la inspección de infraestructuras. Marc Raibert, fundador de Boston Dynamics, admitió en 2022 que “los humanoides son como cocinar un plato de 12 ingredientes: si falla uno, el resultado es incomible“.

El caso de SoftBank Robotics y su robot Pepper —lanzado en 2014 como el “primer robot emocional del mundo”— ilustra otro riesgo: la sobrepromesa. Pepper, diseñado para interactuar en tiendas y aeropuertos, se vendió a 20.000 unidades en sus primeros tres años, pero en 2021 SoftBank detuvo su producción por “falta de demanda sostenible“. Hoy, sus robots se alquilan por $700/mes, un modelo de negocio que refleja la realidad: los humanoides aún no justifican su costo.

La diferencia con la actual ola de inversión radica en un actor ausente en los 2000: la IA generativa. Empresas como Agility Robotics argumentan que modelos como Digit —que usará IA para navegar almacenes de Mercado Libre— podrían evitar los errores del pasado al enfocarse en nichos específicos (logística, no hogares). Sin embargo, el escepticismo persiste: Rodney Brooks calcula que, incluso con IA, un robot doméstico útil costaría hoy $250.000, un precio inalcanzable para el mercado masivo.

2025: ¿El año de la verdad o otro “invierno de la robótica”?

China ha fijado 2025 como plazo para liderar el mercado de humanoides, con 20 empresas respaldadas por subvenciones estatales. Pero el historial sugiere cautela: en 2015, el gobierno chino prometió dominar la industria de semiconductores para 2020; hoy, aún depende de chips extranjeros. Si los humanoides repiten el patrón —prototypes espectaculares, pero sin escalabilidad—, Silicon Valley podría enfrentar no solo un fracaso tecnológico, sino una crisis de credibilidad. La pregunta no es si estos robots llegarán, sino si lo harán antes de que los inversores pierdan la paciencia.

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