Groenlandia: la jugada militar de Trump que reaviva una guerra fría en el Ártico
Movida arriesgada: La Casa Blanca evalúa usar el Ejército para tomar control de Groenlandia, un territorio que EE.UU. codició —y ofreció comprar— desde el siglo XIX.
El gobierno de Donald Trump ha confirmado este martes que el despliegue militar está sobre la mesa como parte de las “opciones estratégicas” para asegurar el dominio estadounidense sobre Groenlandia. La portavoz Karoline Leavitt detalló en un comunicado que el equipo presidencial analiza “acciones contundentes”, incluyendo el uso de las Fuerzas Armadas, en lo que sería el movimiento más agresivo de Washington hacia la isla desde la Guerra Fría. Este anuncio llega apenas semanas después de que Trump reactivara públicamente su interés por la región, algo que ya había explorado durante su primer mandato (2017-2021).
¿Por qué Groenlandia es el “Oklahoma del Ártico”?
Con 2,1 millones de km² —cinco veces el tamaño de California—, Groenlandia es la isla más grande del mundo y un punto neurálgico entre el Atlántico y el Ártico, una zona donde convergen los intereses de EE.UU., Rusia, Canadá, Noruega y Dinamarca. Su posición geográfica la convierte en una plataforma ideal para:
- Control militar: Base aérea de Thule (operada por EE.UU. desde 1951) monitorea misiles balísticos y satélites.
- Rutas comerciales: El deshielo está abriendo el Paso del Noroeste, que acortaría en un 40% la navegación entre Europa y Asia.
- Recursos naturales: Reservas estimadas de 50.000 millones de barriles de petróleo, gas natural y tierras raras (esenciales para tecnología militar).
Trump no es el primer presidente estadounidense en obsesionarse con la isla. En 1867, EE.UU. compró Alaska a Rusia por US$7,2 millones (unos US$140 millones hoy), y ese mismo año sondó la compra de Groenlandia. En 1946, el presidente Harry S. Truman ofreció US$100 millones en oro a Dinamarca —equivalente a US$1.500 millones actuales—, pero Copenhague rechazó la propuesta. Desde entonces, Washington ha mantenido presencia militar bajo el paraguas del NORAD (creado en 1958), pero nunca había amenazado con una intervención directa.
Autonomía danesa y el fantasma de la independencia
Groenlandia fue colonizada por vikingos noruegos en el siglo X, pero quedó bajo dominio danés en el siglo XIX. En 1979, logró autonomía interna, y en 2008, Copenhague cedió casi todas sus competencias, excepto Defensa y política exterior. Desde 2009, los groenlandeses pueden convocar un referéndum de independencia, aunque el 70% de su economía depende de subsidios daneses (unos US$600 millones anuales).
El primer ministro groenlandés, Múte Bourup Egede, ha advertido que cualquier movimiento militar de EE.UU. “violaría el derecho internacional” y “desestabilizaría el Ártico”. En 2019, cuando Trump sugirió comprar la isla, Egede respondió: “No estamos en venta”.
El deshielo que cambia el tablero geopolítico
El Ártico se calienta tres veces más rápido que el resto del planeta, según la NOAA. En septiembre de 2023, la extensión de hielo marino fue de 4,6 millones de km² —el décimo registro más bajo desde 1978—, consolidando una tendencia que abre nuevas rutas navieras y expone recursos antes inaccesibles. Nathan Kurtz, científico de la NASA, advirtió: “Aunque no batimos récords este año, la curva apunta a un Ártico sin hielo en verano para 2035“.
Para EE.UU., perder influencia en Groenlandia significaría ceder terreno a Rusia y China:
- Rusia ya tiene 10 bases militares en su costa ártica y planea invertir US$2.300 millones en infraestructura polar para 2025.
- China, aunque sin frontera en el Ártico, se declaró “Estado cercano al Ártico” en 2018 y financia proyectos mineros en Groenlandia, como la explotación de uranio y tierras raras en Kvanefjeld.
En 2020, Dinamarca bloqueó un acuerdo para que una empresa china construyera dos aeropuertos en Groenlandia, bajo presión de Washington. La Casa Blanca teme que Pekín use “inversiones civiles” para ganar influencia, como ya hizo en África y América Latina.
¿Qué dice el derecho internacional?
Cualquier acción militar de EE.UU. en Groenlandia chocaría con:
- La Carta de la ONU (Artículo 2.4), que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de un Estado.
- El Tratado de la OTAN, del que tanto EE.UU. como Dinamarca son miembros (un ataque a Groenlandia activaría el Artículo 5).
- El Derecho de los Pueblos Indígenas: El 89% de la población groenlandesa es inuit, y su gobierno autónomo ha rechazado sistemáticamente intervenciones externas.
En 2019, el entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, advirtió que “el Ártico se ha convertido en un teatro de competencia global”. Ahora, la pregunta es: ¿está Trump dispuesto a romper las reglas del juego para ganar?
La Base Thule: el espía silencioso de EE.UU. en el Ártico que Rusia ya intentó sabotear
Mientras la Casa Blanca evalúa un despliegue militar en Groenlandia, la Base Aérea de Thule —operativa desde 1951 y clave en el sistema de defensa estadounidense— ya ha sido escenario de tensiones que anticipan el conflicto actual. Esta instalación, ubicada a solo 1.200 km del Polo Norte, no solo monitorea misiles balísticos gracias a su radar AN/FPS-132 (capaz de detectar objetos a 4.800 km de distancia), sino que también albergó en secreto el proyecto Iceworm durante la Guerra Fría: un plan para esconder 600 misiles nucleares bajo el hielo groenlandés. El proyecto fracasó en 1966 cuando un informe reveló que el hielo se movía más rápido de lo previsto, pero dejó un legado de contaminación por residuos radiactivos que Dinamarca aún exige limpiar.
Thule ya fue blanco de un ataque encubierto: en junio de 1953, un avión soviético Tu-4 (réplica del B-29 estadounidense) sobrevoló la base en una misión de reconocimiento, violando el espacio aéreo danés. Más reciente fue el incidente de 2018, cuando Rusia desplegó el submarino nuclear K-329 Belgorod —equipado con el dron Poseidón, diseñado para atacar infraestructuras costeras— en aguas cercanas al Ártico. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), este submarino puede transportar torpedos con cabezas nucleares de 2 megatones, suficientes para arrasar una base como Thule. “No es casualidad que el Belgorod haya realizado ejercicios cerca de Groenlandia en 2021 y 2023”, advirtió el analista militar Dmitry Gorenburg en un informe para el Center for Naval Analyses.
La base también es un nodulo logístico crítico: en 2019, el Comandante del Mando Norte de EE.UU., General Terrence J. O’Shaughnessy, reveló que Thule había interceptado 14 aviones rusos en un solo año cerca del espacio aéreo groenlandés. Estos incidentes, combinados con el aumento de patrullas del Bombardero Tupolev Tu-160 (apodado “Cisne Blanco”), explican por qué el Pentágono invirtió US$40 millones en 2022 para modernizar los hangares de Thule y extender su pista de aterrizaje.
¿Por qué Thule podría ser el detonante de una crisis?
Si EE.UU. activa un despliegue militar en Groenlandia, Rusia podría responder con una “operación asimétrica” contra Thule, como ya hizo en 2022 cuando hackeó los sistemas de comunicación de la base durante 48 horas, según fuentes del Cyber Command citadas por The Washington Post. Pero el verdadero riesgo no es un ataque directo, sino una escalada en el “Ártico gris”: la zona donde convergen las 200 millas náuticas de jurisdicción económica de Groenlandia, Canadá y Rusia. Aquí, Moscú podría desplegar su rompehielos nuclear Arktika —botado en 2020— para “proteger” supuestas rutas comerciales, mientras Pekín financia “investigaciones científicas” que, en realidad, mapean fondos marinos ricos en cobalto y níquel. La pregunta no es si habrá confrontación, sino quién disparará primero el “efecto dominó”.