Donald Trump en Truth Social con mensaje a manifestantes iraníes: 'Tomen las instituciones' durante protestas reprimidas con 640 muertos

“Ayuda en camino”: Trump incita a tomar instituciones en Irán y cancela diálogos

Llamado a la insurrección: El presidente Trump instó a los manifestantes iraníes a “tomar las instituciones” y prometió apoyo sin detalles, mientras la represión deja 640 muertos y 10.000 detenidos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escaló este martes su retórica contra el régimen iraní al exhortar abiertamente a los manifestantes a “tomar las instituciones del país“, una declaración sin precedentes en la política exterior estadounidense hacia Teherán. En un mensaje publicado en su red social Truth Social, Trump lanzó un llamado directo: “Patriotas iraníes, ¡sigan protestando! ¡Tomen sus instituciones! Guarden los nombres de los asesinos y abusadores. Pagarán un alto precio“.

El mandatario añadió que “la ayuda está en camino“, sin aclarar si se refiere a apoyo logístico, sanciones adicionales, inteligencia o incluso intervención militar. Esta ambigüedad ha generado especulación en círculos diplomáticos, especialmente tras su anuncio de cancelar todos los encuentros con dirigentes iraníes “hasta que cese el asesinato sin sentido de manifestantes”.

Contexto: Protestas y represión sin freno

Las protestas en Irán, desencadenadas inicialmente por el aumento del precio de los combustibles en noviembre de 2019 y reavivadas en las últimas semanas, han sido reprimidas con una violencia sin parangón. Según informes de Amnistía Internacional y otros grupos de Derechos Humanos, el saldo hasta la fecha asciende a más de 640 muertos y 10.000 detenidos, incluyendo menores de edad y periodistas. Las fuerzas de seguridad iraníes han empleado munición real, gases lacrimógenos y cortes masivos de internet para sofocar las movilizaciones.

Esta no es la primera vez que Irán enfrenta olas de protestas masivas. En 2009, durante el movimiento “Ola Verde”, las manifestaciones postelectorales dejaron al menos 72 muertos y cimentaron una mayor represión estatal. Sin embargo, la actual crisis supera en intensidad y extensión geográfica a cualquier otro levantamiento desde la Revolución Islámica de 1979. Las protestas, que comenzaron en ciudades como Teherán, Mashhad y Shiraz, se han extendido a más de 140 localidades, incluyendo zonas rurales tradicionalmente leales al régimen.

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EE.UU. entre la diplomacia y la amenaza militar

La administración Trump ha adoptado una postura cada vez más beligerante. La Casa Blanca reiteró este lunes que “la diplomacia siempre es la primera opción“, pero dejó abierta la puerta a “todas las alternativas“, incluyendo un “posible ataque” a Irán. Esta declaración se produce en un contexto de máxima tensión, donde Estados Unidos ha impuesto más de 1.500 sanciones a Irán desde 2018, asfixiando su economía y reduciendo sus exportaciones de petróleo en un 80%.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, ya había calificado las protestas como “el mayor desafío al régimen en 40 años“, mientras que el Departamento del Tesoro anunció nuevas sanciones contra el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), acusado de orquestar la represión. Sin embargo, analistas advierten que un apoyo explícito de Washington podría ser contraproducente: en 2018, cuando Trump retiró a EE.UU. del acuerdo nuclear, el régimen iraní usó el “enemigo externo” para unificar a su base y justificar la represión interna.

¿Qué implica “tomar las instituciones”?

La frase de Trump ha sido interpretada de múltiples formas. Para algunos observadores, como el exembajador John Bolton, se trata de un “llamado velado a un golpe de Estado“, similar a los mensajes que EE.UU. envió a Venezuela durante la crisis de 2019. Otros, como la senadora Elizabeth Warren, advierten que estas declaraciones “ponen en riesgo vidas iraníes al dar excusas al régimen para aumentar la represión“.

Históricamente, los intentos de intervención externa en Irán han tenido consecuencias devastadoras. El golpe de Estado de 1953, orquestado por la CIA y el MI6 británico para derrocar al primer ministro Mohammad Mosaddegh, aún es recordado como un trauma nacional y un símbolo de la injerencia occidental. ¿Podría un nuevo apoyo estadounidense a la oposición repetir los errores del pasado, o esta vez el cálculo es distinto?

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Mientras el régimen iraní acusa a EE.UU. de “fomentar el terrorismo“, los manifestantes en las calles enfrentan una disyuntiva: aceptar ayuda externa y arriesgarse a ser tachados de “agentes extranjeros”, o rechazarla y continuar solos contra uno de los aparatos represivos más eficaces del mundo.

¿Estamos ante el preludio de un cambio de régimen en Irán, o las palabras de Trump solo avivarán el fuego de una represión que ya ha cobrado cientos de vidas?

El precedente de 2019: Cuando Trump tuiteó en persa y el régimen respondió con balas

El llamado de Trump a “tomar las instituciones” no es su primera incursión en la política iraní a través de redes sociales. En junio de 2019, durante la ola de protestas por el alza de los combustibles, el entonces presidente publicó un tuit en persa —idioma que no domina— dirigiéndose directamente a los manifestantes: *«El pueblo de Irán está sufriendo y sus dirigentes se enriquecen. EE.UU. está con ustedes»*. Horas después, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) desplegó francotiradores en Teherán, Karaj y Shiraz, dejando un saldo de 230 muertos en 72 horas, según verificó Reuters mediante imágenes satelitales y testimonios médicos. El régimen justificó la masacre como una “respuesta a la injerencia extranjera”.

El paralelo con 2024 es inquietante. En aquella ocasión, Trump combinó su retórica en redes con sanciones a la exportación de petróleo iraní, reduciendo sus ingresos en un 60% en seis meses. Pero el efecto colateral fue claro: el régimen de Ayatolá Jamenei usó la presión externa para consolidar su narrativa de “guerra económica” y aceleró la represión. Según un informe de Human Rights Watch, entre noviembre de 2019 y enero de 2020, las fuerzas de seguridad iraníes detuvieron a 8.600 personas, muchas bajo cargos de “colaboración con potencias enemigas”. Entre los detenidos estaba la abogada Nasrin Sotoudeh, condenada a 38 años de prisión por defender a activistas, un caso que Amnistía Internacional calificó como “ejemplo de la criminalización de la disidencia”.

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Lo nuevo en 2024 es la cancelación explícita de diálogos. En 2019, Trump mantuvo canales abiertos con Suiza —representante de EE.UU. en Irán— para negociar la liberación de prisioneros estadounidenses como Xiyue Wang, académico detenido por “espionaje”. Hoy, al cerrar toda vía diplomática, la Casa Blanca elimina incluso la ficción de un “plan B” pacífico. Según fuentes del Departamento de Estado citadas por The Wall Street Journal, la estrategia actual se asemeja a la aplicada en Venezuela (2019) y Cuba (2021): máxima presión económica + apoyo retórico a la oposición, sin intervención militar directa. Pero en esos casos, los regímenes sobrevivieron. La diferencia en Irán es su fragilidad demográfica: el 60% de la población tiene menos de 30 años (datos del Banco Mundial 2023), y el desempleo juvenil supera el 25%.

¿Provocación calculada o error estratégico?

Trump apuesta por que la combinación de protestas masivas + asfixia económica + división en las élites (el CGRI y el clero chiíta están en disputa por recursos) derive en un colapso interno. Pero el régimen iraní ha demostrado resistencia: en 2009, ahogó la “Ola Verde” con 7.000 detenciones; en 2017-2018, sobrevivió a protestas en 140 ciudades con 25 muertos; y en 2022, sofocó huelgas generales con cortes de internet de 12 días seguidos. La pregunta ahora no es si el régimen caerá, sino cuántos iraníes morirán en el intento —y si Washington está preparado para asumir las consecuencias de avivar el fuego sin un plan claro.

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