“Baño de sangre en Irán: 1.850 muertos y 16.700 detenidos en la represión más letal
Cifra escalofriante: La represión en Irán supera los 1.850 muertos, con niños entre las víctimas y tácticas militares contra civiles.
La ONG Human Rights Activists (HRA) alertó este martes que al menos 1.850 personas, entre ellas nueve niños, han perdido la vida durante las protestas antigubernamentales en Irán, mientras que los detenidos por las fuerzas de seguridad superan los 16.700. La organización, con sede en EE.UU., advirtió que la cifra real podría ser aún mayor debido a los bloqueos de Internet y comunicaciones impuestos por el régimen.
“Se están investigando otras 770 muertes”, detalló HRA en un comunicado, subrayando que “este rápido aumento de las cifras es especialmente preocupante”. El último balance de la ONG, hace apenas dos semanas, registraba 646 fallecidos, lo que evidencia un salto brutal en la violencia estatal. En comparación, la ONG noruega Iran Human Rights (IHRNGO) cifró este martes los muertos en 734, aunque ayer su informe señalaba 648 víctimas mortales en las calles.
Tácticas de guerra contra civiles
HRA denunció que las fuerzas de seguridad iraníes emplean “armas de tipo militar, armas de perdigones y escopetas”, además de realizar “tiroteos a corta distancia” contra manifestantes desarmados. Estas acciones, según la ONG, “violan el derecho a la vida conforme al Derecho Internacional”. El uso de munición real contra multitudes es una práctica recurrente en Irán desde las protestas de 2019, cuando Amnistía Internacional documentó al menos 304 muertes en solo cinco días de represión.
“Todas las denuncias creíbles de ejecuciones ilegales y otros usos excesivos o arbitrarios de la fuerza requieren una investigación rápida, independiente y efectiva”, exigió la organización. Sin embargo, el régimen iraní nunca ha permitido misiones investigadoras de la ONU desde 2005, cuando expulsó al relator especial sobre derechos humanos.
¿Por qué ahora?
Las protestas, desencadenadas por la muerte de Mahsa Amini —una joven kurda detenida por la policía moral por “llevar mal el hiyab”—, cumplen ya dos meses y se han extendido a 150 ciudades del país. Es la mayor ola de movilizaciones desde la Revolución Islámica de 1979, con un saldo de represión que supera incluso al de las protestas de 2009 (Green Movement), cuando murieron al menos 72 personas en dos meses.
HRA también alertó sobre el aumento de ejecuciones como método de intimidación: solo en octubre, Irán ejecutó a 43 personas, según datos de Iran Human Rights, la cifra mensual más alta en cinco años. ¿Cuántas más caerán antes de que la comunidad internacional actúe?
El patrón de represión iraní: de 1999 a 2022, una espiral de violencia calculada
La cifra de 1.850 muertos en dos meses no es un hecho aislado, sino el eslabón más sangriento de una estrategia represiva que el régimen iraní ha perfeccionado desde julio de 1999, cuando las protestas estudiantiles en Teherán fueron sofocadas con un saldo de al menos 5 muertos oficiales (aunque testigos elevaron la cifra a 20). Lo que distingue a la actual ola de violencia es su escalada sistemática: en 2009, durante el *Green Movement*, las fuerzas de seguridad mataron a 72 personas en 60 días; en noviembre de 2019, las protestas por el alza de la gasolina dejaron 304 muertos en solo 5 días (según Amnistía Internacional), con francotiradores apostados en azoteas disparando a manifestantes en Mahshahr. Ahora, el régimen ha superado su propio récord: 92 muertos por día en promedio durante los picos de represión de octubre.
El modus operandi también ha evolucionado. En 2019, el gobierno cortó Internet durante una semana (del 16 al 23 de noviembre), según informes de NetBlocks. Hoy, la desconexión es selectiva y prolongada: desde el 21 de septiembre, Irán ha bloqueado WhatsApp, Instagram y servicios de VPN, mientras mantiene operativos sitios locales como Aparat (el ‘YouTube iraní’) para difundir propaganda estatal. Otra novedad es el uso de drones equipados con cámaras térmicas para rastrear manifestantes en zonas rurales, táctica documentada por primera vez en Sistan y Baluchistán el pasado 30 de septiembre, donde murieron 89 personas en un solo día (el 30% del total nacional en esa semana).
La impunidad es otro denominador común. Tras las masacres de 2019, el entonces jefe de la Justicia, Ebrahim Raisi (hoy presidente de Irán), ordenó la liberación de todos los policías detenidos por uso excesivo de la fuerza. En 2021, el relator de la ONU Javaid Rehman denunció que ningún agente había sido condenado por esos crímenes. Ahora, con Raisi al frente del Ejecutivo, la ONG Justice for Iran ha identificado a 12 comandantes de las Fuerzas Basij (milicia paramilitar) que lideran la represión actual y ya estaban implicados en 2009 y 2019. Entre ellos destaca Hossein Taeb, exjefe de inteligencia de los Guardianes de la Revolución, vinculado a la tortura de detenidos en la prisión de Evin durante el *Green Movement*.
¿Hacia un punto de no retorno?
El régimen ha cruzado una línea roja al disparar contra niños (9 confirmados por HRA) y usar hospitales como centros de detención, como ocurrió en Sanandaj el 15 de octubre, donde médicos denunciaron que agentes armados retiraron a 17 heridos de las salas de urgencias. La pregunta ya no es si la comunidad internacional actuará, sino qué queda por hacer cuando un Estado convierte sus calles en un campo de batalla. La ONU tiene sobre la mesa un proyecto de comisión investigadora, pero Irán ya ha advertido: ‘No permitiremos la injerencia extranjera’, la misma respuesta que dio en 2005, 2009 y 2019. Esta vez, sin embargo, las protestas no han menguado. ¿Estamos ante el inicio de un colapso o de una carnicería aún mayor?