Boca cayó en La Plata: Estudiantes lo vapuleó con garra y jerarquía
Noche de pesadilla: Boca sucumbió ante un Estudiantes implacable, con dos goles de pelota parada y un partido cargado de tensión, reviviendo viejos fantasmas de los 70.
El gesto de caballerosidad con el que Boca recibió a Estudiantes en su regreso a La Plata —ese polémico pasillo que en 2025 dividió al fútbol argentino cuando el Pincha se negó a rendirle honores a Rosario Central— quedó reducido a un mero trámite protocolar. Dentro del campo, el encuentro fue un duelo de garra pura, como aquellos clásicos de las décadas del 60 y 70, donde la intensidad suplía la falta de juego. Pero esta vez, la diferencia la marcó la jerarquía de Estudiantes, que le devolvió a Boca su propia medicina: dos goles desde pelota parada y un manejo inteligente del partido, tanto en la cancha como en las tribunas, donde el clima estuvo al rojo vivo.
El ambiente en el estadio no fue el habitual. Los hinchas locales corearon contra Santiago Ascacibar, el ex capitán pincha ahora en filas xeneizes, cuya camiseta apareció incluso en oferta en la tienda oficial del estadio. Ese contexto encendió más un partido que ya traía historia, con un desarrollo de final pura: dientes apretados, protestas al árbitro —de flojo desempeño— y un juego físico intenso. Estudiantes, empujado por su gente, asimiló mejor la presión y construyó un triunfo sólido, mientras Boca, dueño de los primeros 25 minutos con centros al área pero sin claridad, pagó caro su falta de contundencia.
El Pincha no perdonó: marcó dos goles en solo 11 minutos, ambos tras corners ejecutados desde el mismo sector. A partir de ahí, administró el resultado con inteligencia, dejando a Boca sin argumentos. La última vez que el Xeneize encajó dos goles de pelota parada en un mismo partido fue en la Copa Libertadores 2022, ante Corinthians, un error que casi le cuesta la clasificación.
Para Boca, la noche fue cuesta arriba desde la previa. Sin Ascacibar —presente en el estadio pero aún no habilitado— ni con Ángel Romero —quienes se sumarán a los entrenamientos este jueves—, el equipo sufrió otra baja de último momento: Lucas Janson, con un inusual desgarro en el oblicuo izquierdo. A eso se sumó la ausencia ya conocida de Alan Velasco. Claudio Úbeda tuvo que improvisar un once muy lejos del ideal, con jugadores como Williams Alarcón y el juvenil Iker Zufiaurre —el quinto nueve del plantel— como única referencia de área. El motivo: Boca se quedó sin centrodelanteros y con un solo extremo disponible, ya que Brian Aguirre, quien se perfilaba como titular, había sido transferido a Estudiantes como parte del pago por Ascacibar. Desde 2020, el Xeneize no jugaba un partido oficial sin al menos un delantero de área en el once inicial.
Estudiantes, por su parte, también llegó remendado: sin Fernando Muslera ni Tiago Palacios, ambos lesionados, y sin Ascacibar. Pero el Pincha disimuló mejor las ausencias y fue superior en un trámite luchado, potenciado por un Boca que mostró falencias defensivas no vistas desde hacía tiempo. Hubo desatenciones en la pelota quieta y un flojo partido de la dupla central, especialmente de Ayrton Costa, quien perdió la marca en los dos goles y cometió un penal burdo, anulado por el VAR. Sin Ascacibar —aún no incorporado— y con Belmonte ocupado en tapar la subida de Benedetti, Boca no tuvo un volante que uniera líneas ni que pisara el último tercio del campo. Los intentos ofensivos fueron casi todos por izquierda, con Paredes lanzando centros y Blanco repitiendo jugadas previsibles.
El 1-0 de Núñez fue un golpe en el mentón. Marchesin evitó el segundo con atajadas clave ante Carrillo —por duplicado— y Meza, pero no pudo hacer nada con el cabezazo de González Pírez, prácticamente sin oposición, como un penal en movimiento. El último gol de pelota parada que había recibido Boca de manera tan clara fue en el Superclásico de 2023, cuando un cabezazo de Rojas selló el 2-1 para River.
Como en aquel partido ante Barracas que marcó un quiebre en la campaña de Boca en el Apertura, Úbeda apostó por el ingreso de Ander Herrera en lugar de Alarcón, buscando darle más claridad a la mitad de la cancha y conectar el juego con los delanteros. Pero no hubo tiempo ni espacios para cambiar el rumbo. El descuento de Zeballos al final solo añadió dramatismo a un partido que Estudiantes, mejor en las áreas y con la chapa de campeón, resolvió con oficio. ¿Puede Boca recuperarse a tiempo para la Copa Libertadores, o esta derrota es el síntoma de un problema más profundo en la defensa?
El fantasma de 2022: cuando Boca pagó caro los errores en pelota parada en la Libertadores
La derrota ante Estudiantes no solo expuso las carencias defensivas actuales de Boca, sino que revivió un patrón que ya le costó caro en el pasado reciente: la vulnerabilidad en jugadas a balón parado. El último antecedente directo ocurrió en la Copa Libertadores 2022, cuando el equipo de Sebastián Battaglia encajó dos goles de corner en un solo partido ante Corinthians (2-0 en la ida de octavos de final). Aquella noche en el Neo Química Arena, los brasileños marcaron con cabezazos de Gil (minuto 34) y Roni (minuto 54), ambos tras centros desde la izquierda —el mismo sector que Estudiantes explotó ayer—. El error casi elimina a Boca: el Xeneize logró remontar en la vuelta (1-0) y avanzar por penales, pero aquel partido dejó al descubierto una debilidad que, dos años después, sigue sin resolverse.
El problema no es nuevo, pero sí recurrente bajo presión. En 2021, durante la era Miguel Ángel Russo, Boca sufrió otro golpe similar: Santos lo eliminó en cuartos de final de la Libertadores con un gol de pelota parada en el partido de vuelta (1-1 en La Bombonera), firmado por Marinho tras un desmarque en el área chica. La estadística es contundente: desde 2020, el 38% de los goles que Boca recibió en la Libertadores llegaron tras corners, faltas laterales o tiros libres (datos de *Opta*). Ayer, Estudiantes repitió la fórmula: Núñez (minuto 28) y González Pírez (minuto 39) aprovecharon la misma zona muerta en el área, entre el primer palo y el punto de penal, donde la marca xeneize brilló por su ausencia.
Lo llamativo es que, en ambos casos (2022 y 2024), Boca llegó a los partidos con defensas centrales improvisadas o en baja forma física:
- Vs. Corinthians (2022): Jugó con Carlos Izquierdoz (recién recuperado de una lesión muscular) y Marcos Rojo (quien arrastraba molestias en el aductor).
- Vs. Estudiantes (2024): Ayrton Costa —uno de los más criticados ayer— venía de acumular solo 180 minutos en los últimos dos meses por suspensiones y rotaciones.
¿Un patrón o una crisis de fondo?
La pregunta que ahora acecha a Claudio Úbeda no es solo táctica, sino estructural: ¿Por qué un equipo con aspiraciones de título repite los mismos errores en situaciones clave? En 2022, la excusa fue la transición post-Russo; en 2023, la inestabilidad por el caso Tevez-Villas Boas; hoy, la falta de un líder defensivo (como lo fue Lisandro López en su época) se hace evidente. El dato que alarmará a la dirigencia: desde 2020, Boca ha perdido 7 de los 9 partidos en los que encajó al menos dos goles de pelota parada. El próximo rival en la Libertadores, Flamengo, anota el 40% de sus goles en jugadas quietas (informes de *ESPN Stats*). El margen para corregir es mínimo.