Paso de Rafá reabre tras 18 meses: solo 200 palestinos al día podrán cruzar
Luz en el túnel: El paso de Rafá, vital para Gaza, reabre parcialmente tras año y medio de bloqueo por la guerra.
El paso fronterizo de Rafá, único punto de conexión entre Egipto y la Franja de Gaza para personas y mercancías, ha reanudado este domingo su actividad de forma limitada y controlada, según confirmó la COGAT (administración israelí para territorios palestinos). La reapertura, anunciada como parte del acuerdo de alto el fuego, permite por ahora solo el “movimiento limitado de residentes”, sin incluir aún el flujo de ayuda humanitaria o bienes comerciales.
“De conformidad con el acuerdo de alto el fuego y una directiva política, el cruce de Rafá ha quedado abierto hoy exclusivamente para residentes“, detalló la COGAT en un comunicado. Fuentes de la Unión Europea (UE), representadas por su portavoz en Jerusalén, Shadi Othman, describieron la jornada como un “episodio de prueba” para evaluar la logística antes de una apertura más amplia. Othman, en declaraciones a Voice of Palestine, subrayó que el objetivo es “facilitar el movimiento restringido de palestinos hacia y desde Gaza”.
Testigos locales reportaron la llegada de autobuses con empleados palestinos al lado egipcio del cruce, preparando el terreno para la reapertura. Sin embargo, medios como la agencia DPA y el diario israelí Haaretz anticipan que la operatividad plena comenzará este lunes 18 de noviembre, cuando Israel autorice el desplazamiento diario de 150 personas para salir de Gaza y la entrada de otras 50. Estas cifras distan drásticamente de las necesidades reales: según la OCHA, antes de la guerra, el paso registraba un promedio de 1.200 viajes diarios.
Un cierre con consecuencias humanitarias devastadoras
El cruce de Rafá había permanecido completamente cerrado desde el 7 de mayo de 2024, cuando la ofensiva israelí en Gaza se intensificó con la toma militar de la ciudad. Este bloqueo paralizó no solo el tránsito de personas, sino también la entrada de ayuda humanitaria, agravando una crisis que ya afectaba a 2,2 millones de palestinos. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras y UNRWA habían alertado repetidamente sobre el colapso sanitario: según datos locales, 20.000 heridos y pacientes con cáncer esperan permisos para salir de Gaza y recibir tratamiento fuera del enclave.
El mecanismo de reapertura impuesto por Israel exige que todos los viajeros obtengan una autorización de seguridad previa, supervisada por la misión de la UE. “El regreso de residentes desde Egipto a Gaza solo se permitirá a quienes abandonaron el territorio durante la guerra y cuenten con el visto bueno israelí”, aclaró la COGAT. Además del control inicial en Rafá —a cargo de la UE—, los viajeros deberán someterse a un segundo filtro en un corredor militarizado bajo custodia del Ejército israelí.
¿Un gesto humanitario o un control reforzado?
La reapertura parcial de Rafá llega en un contexto de fragilísimo alto el fuego, pero también de desconfianza internacional. En enero de 2025, Israel implementó un sistema similar de permisos, que terminó siendo criticado por su lentitud burocrática y la exclusión de casos urgentes. Amnistía Internacional denunció entonces que menos del 30% de las solicitudes médicas fueron aprobadas. Ahora, con un techo diario de 200 personas (1,6% del flujo prepandemia), las ONG temen que la medida sea más simbólica que efectiva.
Para Mahmoud Abu Rahma, portavoz de la Comisión Palestina de Derechos Humanos, la reapertura “es un paso, pero insuficiente. ¿Cómo se priorizará a los 20.000 enfermos que necesitan salir? ¿Qué pasará con los estudiantes atrapados desde 2024?”. Mientras, en las calles de Gaza, el escepticismo crece: “No es una apertura, es un filtro más“, declaró a Al Jazeera una residentes que intentó cruzar sin éxito en 2023. El pasado mes, un informe de la ONU reveló que el 67% de los gazatíes vive con menos de US$2 al día, una cifra que se disparó tras el cierre de Rafá.
¿Logrará este “episodio de prueba” aliviar el sufrimiento de una población asfixiada, o será solo otra capa de un sistema de control que ya lleva 17 años vigente?
Rafá en la historia: de la esperanza de 2005 al colapso de 2024
La reapertura parcial del paso de Rafá no es un hecho aislado, sino el último capítulo de una frontera que ha oscilado entre la esperanza y el asfixiante control desde su creación. Su historia explica por qué hoy, incluso con 200 permisos diarios, el escepticismo domina entre los gazatíes. Este cruce, inaugurado en 1982 tras los acuerdos de Camp David, se convirtió en el único enlace de Gaza con el mundo exterior tras la retirada israelí en 2005 —un momento que muchos palestinos recordaron como el “amanecer de la libertad”. Pero la realidad fue distinta: en junio de 2007, tras la toma de Gaza por Hamás, Egipto e Israel impusieron un bloqueo que redujo el tráfico a un 10% de su capacidad, según datos de la ONU.
El precedente más cruel ocurrió en 2013, cuando el gobierno egipcio del entonces presidente Mohamed Morsi —aliado de Hamás— permitió un flujo récord de 1.500 personas diarias. Pero tras su derrocamiento ese mismo año, el nuevo régimen de Abdel Fattah el-Sisi cerró Rafá durante 480 días consecutivos (2014-2015), un récord solo superado por el actual bloqueo. Durante ese período, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) documentó que el 80% de los gazatíes dependía de la ayuda externa, y las listas de espera para tratamientos médicos fuera de Gaza superaban los 18.000 nombres. Hoy, con solo 200 cupos diarios (y 50 de ellos para entradas), las cifras de 2014 parecen un espejo: la OMS ya alerta de que 3.000 pacientes oncológicos han visto interrumpido su tratamiento desde mayo de 2024.
Lo que pocos recuerdan es que Rafá fue diseñado para ser una válvula de escape, no un muro. En 2011, durante la primavera árabe, Egipto abrió el paso durante 40 días seguidos, permitiendo la entrada de 12.000 toneladas de ayuda y la salida de 23.000 personas, según registros de la Cruz Roja Internacional. Ese breve paréntesis demostró que, sin restricciones políticas, el cruce podía operar a niveles prepandemia. Pero la geopolítica lo impidió: en 2012, un ataque contra soldados egipcios en el Sinaí —atribuido a milicianos gazatíes— llevó a El Cairo a sellar Rafá con tanques y bulldozers, una imagen que se repetiría en 2017 y 2021.
¿Un guión escrito de antemano?
El patrón es claro: cada reapertura de Rafá ha sido seguida por un cierre más prolongado y restrictivo. En 2018, tras una tregua entre Israel y Hamás, el paso operó durante 19 días antes de volver a cerrarse. Ahora, con un techo de 200 personas (el 0,009% de la población de Gaza) y un sistema de permisos que en el pasado ha rechazado al 70% de los solicitantes —según datos de Gisha, ONG israelí de derechos humanos—, la pregunta no es si este “episodio de prueba” funcionará, sino cuánto tardará en colapsar. La historia de Rafá sugiere que, sin un cambio radical en la política de Egipto e Israel, el cruce volverá a ser lo que siempre ha sido: un símbolo de libertad en el papel, y una trampa mortal en la práctica.