“Guerra improbable”: Irán desafía a EEUU con su poderío militar en el estrecho de Ormuz
Advertencia estratégica: La Guardia Revolucionaria iraní minimiza el riesgo de un nuevo conflicto con EEUU e Israel, pero advierte de una respuesta contundente.
El general Mohamad Akbarzadé, segundo al mando de la Armada de la Guardia Revolucionaria de Irán, declaró este miércoles que las probabilidades de un nuevo enfrentamiento armado con Estados Unidos e Israel son “bajas“, atribuyéndolo a lo que calificó como “la debilidad estratégica del enemigo“. Sus palabras llegan en un contexto de negociaciones mediadas por Pakistán, tras la ofensiva conjunta lanzada el 28 de febrero por Washington y Tel Aviv contra objetivos iraníes, que reavivó las tensiones en la región.
Akbarzadé subrayó que, pese a esta evaluación, “las Fuerzas Armadas iraníes mantienen sus arsenales listos”, en un mensaje que combina aparente moderación con una clara señal de disuasión. “El pueblo iraní ha demostrado al mundo que la posguerra marca el inicio de un nuevo Irán en el tablero geopolítico”, afirmó, reforzando la narrativa de Teherán como potencia regional emergente.
El estrecho de Ormuz: el punto crítico que EEUU no puede controlar
El alto mando iraní recordó que Estados Unidos sigue sin poder neutralizar las restricciones impuestas por Irán al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más estratégicas del mundo, por donde transita el 20% del petróleo global. “Este es un fracaso táctico que expone sus limitaciones“, sentenció Akbarzadé, quien también advirtió que las fuerzas iraníes están preparadas para convertir la franja costera entre Chabahar (fronteriza con Pakistán) y Mahshahr (cerca de Irak) en “un cementerio para cualquier agresor“.
Ambas localidades marcan los extremos de la costa sur iraní, bañada por el golfo Pérsico y el golfo de Omán, zonas donde Irán ha desplegado misiles antibuque y sistemas de defensa aérea. En 2019, Teherán derribó un dron estadounidense RQ-4 Global Hawk en esta misma área, un incidente que casi desencadena una escalada militar directa.
“No aprenden”: la lección que Irán dice haberle dado a Washington
Akbarzadé criticó duramente la postura de EEUU, acusando a sus dirigentes de persistir en un “lenguaje de amenazas” que, según él, “ya no funciona con Irán“. “Parece que no han aprendido la lección histórica“, declaró, en referencia a décadas de sanciones y presiones que, en su opinión, solo han fortalecido la resistencia iraní. Su discurso refleja la estrategia de Teherán de proyectar fortaleza incluso en momentos de diálogo, como las actuales conversaciones en Islamabad.
El general iraní omitió mencionar que, según informes de inteligencia occidentales, el 60% de las capacidades misilísticas de Irán dependen de tecnología rusa y norcoreana, un dato que contrasta con su retórica de autarquía militar. Sin embargo, su mensaje central fue claro: “Cualquier intento de intimidación será respondido con una fuerza abrumadora”.
¿Qué hay detrás de la retórica iraní?
Analistas señalan que las declaraciones de Akbarzadé buscan dos objetivos simultáneos:
- Presionar en las negociaciones, mostrando confianza para obtener concesiones en temas como el levantamiento de sanciones.
- Disuadir a Israel de lanzar ataques preventivos contra instalaciones nucleares iraníes, como los registrados en 2020 y 2021.
El estrecho de Ormuz, donde Irán ha realizado 12 ejercicios militares desde 2022, sigue siendo el escenario más probable para un eventual conflicto. Mientras tanto, el Pentágono ha desplegado el portaaviones USS Dwight D. Eisenhower en la zona, en un movimiento que Teherán interpreta como una “provocación calculada“.
¿Logrará Irán mantener su postura de fuerza sin cruzar la línea roja que desencadene una respuesta militar directa de Occidente? El equilibrio en el golfo Pérsico pende de un hilo.
El precedente de 2019: cuando un dron casi desencadena la guerra entre Irán y EEUU
El general Mohamad Akbarzadé mencionó de pasada el derribo del dron RQ-4 Global Hawk en junio de 2019, pero ese incidente —ocurrido en el mismo estrecho de Ormuz— estuvo a minutos de escalar a un conflicto abierto. Según informes desclasificados del Pentágono, el presidente Donald Trump aprobó un ataque de represalia con 150 misiles Tomahawk contra objetivos iraníes, incluyendo la base de Bandar Abbas y radares en Kuh Mobarak, pero lo canceló 10 minutos antes del lanzamiento tras calcular que causaría 150 muertes civiles. El entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, admitió en 2021 que fue “el momento más peligroso desde la crisis de los rehenes en 1979”.
El dron, valorado en $130 millones, fue abatido por un misil 3rd Khordad (versión iraní del sistema ruso Buk), el mismo que Irán ha desplegado masivamente desde entonces. Tras el incidente, Teherán triplicó sus ejercicios navales en la zona: de 4 maniobras anuales (2015-2018) a 12 en 2022, según datos del International Institute for Strategic Studies (IISS). Además, en septiembre de 2019, Irán lanzó un ataque con drones y misiles de crucero contra la planta saudí de Abqaiq, reduciendo temporalmente el 5% de la producción global de petróleo y demostrando su capacidad para proyectar poder más allá del estrecho.
Lo más revelador: el RQ-4 derribado operaba desde la base emiratí de Al Dhafra, donde EEUU aún mantiene 3.500 tropas y aviones F-35. Akbarzadé sabe que, en 2019, Irán no pagó ningún precio militar por el derribo, pero hoy el escenario es distinto: el portaaviones USS Eisenhower —con 70 aviones F/A-18 Super Hornet— está a 200 millas náuticas de la costa iraní, y el CENTCOM ha activado protocolos de respuesta rápida ante “amenazas asimétricas”.
¿Repetirá Irán la jugada de 2019 o ha calculado mal el riesgo?
El general iraní apela a la “lección histórica”, pero olvida un detalle: en 2019, EEUU retrocedió por cálculo político, no por debilidad. Hoy, con Israel en guerra en Gaza y el precio del petróleo un 12% más alto que en 2019 (según Bloomberg), una crisis en Ormuz podría ser imparable. Si Irán derriba otro dron —o ataca un buque—, la respuesta no vendrá de un presidente como Trump, sino de un Biden bajo presión electoral y un Netanyahu acorralado. El estrecho no es solo una ruta de petróleo; es el detonador perfecto.