Irán declara la “guerra económica” como su nuevo frente tras ataques fallidos
Nuevo campo de batalla: Irán redirige su estrategia hacia la resistencia económica tras admitir el “fracaso militar” de sus rivales.
El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, advirtió este miércoles que la “guerra económica” se ha convertido en el “principal campo de batalla” del país, tras lo que calificó como el “fracaso militar del enemigo” —en clara referencia a los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel a finales de febrero, que incluyeron bombardeos selectivos contra infraestructuras iraníes. Las declaraciones, realizadas durante un encuentro con líderes del sector privado, marcan un giro en la narrativa oficial: Teherán ya no prioriza la confrontación armada, sino la supervivencia económica bajo sanciones.
Pezeshkian fue explícito al señalar que el objetivo de esta ofensiva no convencional es “acabar con la resiliencia de Irán”, un país que lleva décadas bajo un régimen de sanciones internacionales —intensificadas desde 2018 con la salida de EE.UU. del acuerdo nuclear (JCPOA). En este contexto, el mandatario asignó un rol “estratégico y decisivo” a las empresas locales: “Mantener la estabilidad del mercado y la sostenibilidad de la economía nacional”, una tarea que, según admitió, se ha vuelto “tan crucial como la defensa militar”.
El Gobierno iraní prometió “reformar procesos” y eliminar barreras cambiarias, bancarias, aduaneras y fiscales, aunque reconoció que el país enfrenta “desequilibrios estructurales” agravados por las “presiones externas”. Entre estos desafíos, Pezeshkian mencionó explícitamente el “mecanismo de activación” de sanciones —un término técnico que alude a la reimposición automática de castigos económicos si Irán incumple acuerdos—, así como las restricciones al comercio de petróleo, que han reducido sus exportaciones en un 40 % desde 2017.
El presidente iraní fue contundente al afirmar que “el principal escenario de confrontación ahora es la economía y el sustento de la población”, una declaración que refleja la crisis de inflación récord que azota al país: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) superó el 50 % en 2023, según datos del Banco Central de Irán. “La carga de esta guerra económica recae sobre comerciantes, productores y el sector privado”, dijo Pezeshkian, quien prometió “eliminar obstáculos” para facilitar la actividad empresarial.
Sin embargo, analistas señalan que las promesas de reforma chocan con realidades como la corrupción endémica —Irán ocupa el puesto 147 de 180 en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International— y la fuga de capitales, estimada en $30.000 millones anuales desde 2020. ¿Podrá Teherán resistir una guerra económica mientras su sistema financiero sigue asfixiado por sanciones y desigualdades?
El precedente histórico: cómo Irán sobrevivió a la “guerra económica” en los 80 con tácticas que hoy resurgen
La estrategia de Irán de priorizar la resistencia económica frente a la presión externa no es nueva: tiene un antecedente clave en la década de 1980, durante la Guerra Irán-Irak (1980-1988). En aquel entonces, el país enfrentó un embargo de armas liderado por EE.UU. y una caída del 60 % en sus ingresos petroleros (de $20.000 millones en 1982 a $8.000 millones en 1988, según datos del Fondo Monetario Internacional). La respuesta de Teherán fue crear un sistema paralelo de comercio basado en trueque con países no alineados (como India y Corea del Norte) y la producción local de armamento, una táctica que hoy podría replicarse en sectores como la tecnología y la agricultura.
Uno de los mecanismos más efectivos de los 80 fue el “mercado negro estatal”, donde el Gobierno iraní controlaba el flujo de divisas a través de empresas pantalla en Dubái y Singapur. Este esquema permitió mantener un suministro mínimo de bienes esenciales —como medicinas y alimentos— a pesar del bloqueo. Sin embargo, también generó inflación del 70 % en 1987 (similar a la actual) y una brecha cambiaria del 300 % entre el rial oficial y el paralelo. Hoy, con el rial perdiendo un 90 % de su valor desde 2018, el riesgo de repetir ese colapso es alto, especialmente si el sector privado —al que Pezeshkian ahora apela— no logra eludir las sanciones secundarias de EE.UU., que en 2023 afectaron a 12 bancos iraníes por facilitar transacciones con Rusia y China.
Otro paralelo inquietante es el aumento de la corrupción institucional. En los 80, la Fundación de los Desposeídos (Bonyad) —una red de empresas estatales exentas de impuestos— acumuló $12.000 millones en activos (equivalente al 10 % del PIB de entonces) mediante contratos opacos. Hoy, esa misma fundación controla el 20 % de la economía iraní, según un informe de Reuters en 2022, y es señalada como uno de los principales obstáculos para las reformas que promueve Pezeshkian. La diferencia clave: en los 80, Irán contaba con el apoyo financiero de Arabia Saudita (que le prestó $1.000 millones en 1982), mientras que hoy su único aliado con capacidad económica es China, que en 2021 firmó un acuerdo de inversión por $400.000 millones… pero solo ha desembolsado el 5 %.
¿Podrá Irán repetir la hazaña de los 80 sin repetir sus errores?
El modelo de los 80 demostró que Irán puede sobrevivir a una guerra económica, pero a costa de empobrecer a su población y centralizar el poder en élites corruptas. Hoy, con un 40 % de la juventud en paro (según la OIT) y un déficit fiscal del 15 %, el margen de maniobra es menor. La pregunta no es si Teherán resistirá, sino qué quedará de su economía cuando lo haga —y si el sector privado, al que ahora se le pide ser “heroico”, terminará ahogado por los mismos monopolios estatales que Pezeshkian dice querer reformar.