EEUU presiona: «Europa cederá Groenlandia por su debilidad estratégica»
Presión ártica: El secretario del Tesoro de EEUU asegura que Europa terminará aceptando la anexión de Groenlandia por su “dependencia” de la seguridad estadounidense.
El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, ha afirmado este martes que los líderes europeos “acabarán cediendo” ante la demanda del presidente Donald Trump de anexionar Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa. Según Bessent, Europa “proyecta debilidad” y depende críticamente del “paraguas de seguridad” que solo Washington puede garantizar en la región ártica, cada vez más disputada.
“Paz a través de la fuerza“, declaró Bessent en una entrevista con NBC. “Incorporemos Groenlandia a Estados Unidos y no habrá conflicto, porque hoy somos el país más fuerte del mundo. Europa no tiene capacidad de disuasión; nosotros sí”, sentenció. El funcionario insistió en que la isla —estratégica por su posición geográfica y recursos naturales— es “esencial” para el nuevo sistema de defensa estadounidense, la Cúpula Dorada, un escudo antimisiles aún en desarrollo.
Groenlandia alberga la base aérea de Thule, clave para la OTAN desde la Guerra Fría. En 2019, Trump ya exploró comprar la isla, propuesta que Dinamarca rechazó de plano, generando una crisis diplomática.
Bessent también advirtió que Trump analiza un posible “conflicto en el Ártico para 2025“, donde el control de Groenlandia sería decisivo. “América debe dominar la situación“, subrayó, vinculando la anexión a la seguridad energética y militar de EEUU frente a Rusia y China, que han incrementado su presencia en la región con rompehielos y bases científicas.
Europa entre la espada y la pared: ¿represalias o sumisión?
Mientras Bessent presiona, el representante comercial de EEUU, Jamieson Greer, lanzó un mensaje directo a Bruselas: evitar represalias. Esto, tras la propuesta del Partido Popular Europeo (PPE) de suspender el acuerdo comercial que en 2023 puso fin a la guerra arancelaria entre EEUU y la UE.
“Hemos reducido nuestros aranceles y seguimos esperando reciprocidad”, declaró Greer a Fox News. “Si Europa quiere escalar esto a un problema comercial, será su responsabilidad“, añadió, en un tono que expertos interpretan como una advertencia velada: cualquier movimiento europeo podría desatar nuevas sanciones estadounidenses, esta vez focalizadas en sectores clave como el automotriz o el agroalimentario.
La UE importó en 2023 bienes por US$417.000 millones desde EEUU, según la Comisión Europea. Un conflicto comercial afectaría a 12 millones de empleos en el bloque, según estimaciones de Eurochambres.
El portavoz del PPE, Lars Klingbeil, respondió que la propuesta de suspender el acuerdo aún está “en evaluación”, pero advirtió: “No negociaremos soberanía a cambio de estabilidad económica“. Sin embargo, analistas como Sophie Pedersen, del Instituto de Estudios Árticos de Copenhague, señalan que Dinamarca —dueña de Groenlandia— depende en un 70% de las exportaciones a la UE, lo que limita su margen de maniobra.
El Ártico: el nuevo tablero geopolítico
La disputa por Groenlandia no es aislada. En los últimos cinco años, Rusia ha abierto 13 bases militares en su territorio ártico, mientras China declaró en 2022 su intención de construir una “Ruta de la Seda Polar“. EEUU, por su parte, reactivó en 2021 la Segunda Flota, centrada en el Atlántico Norte, y destinó US$12.000 millones a modernizar sus capacidades en la región.
El deshielo ártico, que avanza a un ritmo del 12% por década (NASA, 2024), ha abierto rutas navieras antes inaccesibles y expuesto recursos como 13% del petróleo mundial sin explotar y 30% del gas natural, según el USGS. “Groenlandia es la llave”, explicó Bessent, “y quien la controle, dominará el siglo XXI“.
¿Logrará Trump lo que ni Obama ni Biden intentaron? ¿O Europa, dividida entre sus intereses económicos y su orgullo geopolítico, encontrará una tercera vía? El Ártico ya no es un desierto helado: es el centro de la próxima guerra fría.
Groenlandia en la historia: cuando EEUU ya intentó comprarla (y fracasó)
La propuesta de Scott Bessent sobre la anexión de Groenlandia no es un capricho geopolítico reciente, sino el último episodio de un interés estadounidense que se remonta a 1867, cuando el secretario de Estado William H. Seward —el mismo que negoció la compra de Alaska a Rusia— exploró adquirir la isla por US$100 millones (equivalente a 1.800 millones hoy). Dinamarca rechazó la oferta, pero el tema resurgió en 1946, cuando el presidente Harry S. Truman ofreció US$100 millones en oro a cambio de Groenlandia, argumentando su “valor estratégico” durante la posguerra. El primer ministro danés, Knud Kristensen, lo calificó de “absurdo” y cortó las negociaciones. Ahora, con Donald Trump reviviendo la idea, el patrón histórico sugiere que Dinamarca podría repetir su respuesta, pero esta vez con un margen de maniobra más limitado.
El precedente más cercano ocurrió en 2019, cuando Trump expresó públicamente su interés en comprar Groenlandia, provocando una crisis diplomática. El entonces primer ministro danés, Mette Frederiksen, tachó la idea de “absurda”, y Trump canceló una visita de Estado a Dinamarca. Sin embargo, lo que pocos recuerdan es que, tras el rechazo, EEUU incrementó un 40% su financiación a la base de Thule (de US$18 millones a US$25 millones anuales), una movida interpretada como presión encubierta. Hoy, con la Cúpula Dorada —el nuevo escudo antimisiles— en desarrollo, Groenlandia es aún más crítica: su radar AN/TPY-2 es el único capaz de detectar misiles balísticos desde el Ártico hasta el Atlántico Norte.
El contexto actual difiere radicalmente de 1946 o 2019 por tres razones:
- Dependencia energética: Groenlandia alberga 50.000 millones de toneladas de minerales raros (USGS, 2023), incluyendo uranio y tierras raras, esenciales para la transición verde europea. China controla el 80% del mercado global de estos minerales; EEUU busca romper ese monopolio.
- Debilidad militar europea: Mientras Rusia despliega rompehielos nucleares (como el Arktika, operativo desde 2020), la UE no tiene capacidad de proyección ártica. Su único rompehielos, el Oden sueco, tiene 35 años y opera solo 3 meses al año.
- El factor Trump: A diferencia de sus predecesores, Trump ha vinculado explícitamente la anexión a un “conflicto ártico en 2025”, usando un lenguaje que evoca la Doctrina Monroe (“América para los americanos”), pero aplicada al polo norte.
¿Repetirá Dinamarca el error de 1946 o cedera bajo presión?
En 1951, Dinamarca firmó un tratado con EEUU que, a cambio de US$100 millones anuales (ajustados a inflación), permitió la construcción de la base de Thule sin consultar a Groenlandia. Hoy, el gobierno autónomo groenlandés —con Naaja Nathanielsen como primera ministra— tiene voz, pero no veto. Si Trump ofrece un paquete económico similar al de 1951 (entonces, el 2% del PIB danés), pero dirigido directamente a Nuuk (capital groenlandesa), podría dividir a Copenhague y Nuuk. La pregunta no es si Europa cederá, sino a qué precio —y si Groenlandia, con su población de 56.000 habitantes y un PIB per cápita de US$33.000, preferirá el cheque estadounidense a la soberanía danesa.