Gráfico comparativo del S&P 500 en 1972 vs 2024 mostrando el colapso tras recortes de tipos forzados por presión política

Trump vs. Fed: ¿Repetirá EE.UU. el error de Nixon que hundió Wall Street en los 70?

Riesgo electoral: La Casa Blanca presiona a la Fed para recortar tipos y disparar la bolsa antes de noviembre, una estrategia que en 1972 terminó en crisis.

Con los índices bursátiles en máximos históricos —el S&P 500 a 6.940 puntos, el Dow Jones en 49.359 y el Nasdaq en 23.515—, el presidente Donald Trump ha intensificado sus ataques a la Reserva Federal y a su presidente, Jerome Powell. El objetivo: acelerar recortes de tipos que, según los datos macroeconómicos, no son urgentes pero sí podrían impulsar una sensación de prosperidad artificial de cara a las elecciones. El problema es que esta táctica ya se probó en 1972, cuando Richard Nixon forzó a la Fed a mantener tipos bajos para estimular la economía. El resultado fue un boom efímero seguido de inflación del 10%, crisis energética y un desplome del 45% en el S&P 500 entre 1973 y 1974.

Hoy, el mercado parece ignorar las señales de alerta. Mientras el oro marca máximos históricos y la plata supera los 90 dólares por onza —activos refugio que suelen dispararse ante el miedo a la inflación—, los inversores siguen apostando por el riesgo. Pero bajo la superficie, los gestores se preparan para lo peor: el dólar se debilita frente al euro y los flujos migran hacia small caps, un movimiento típico de ciclos maduros donde el dinero busca valor antes de que estalle la burbuja.

El guión de 1972: crecimiento hoy, crisis mañana

En los años setenta, la presión de Nixon sobre la Fed logró un crecimiento del 8% y un mercado alcista que catapultó su reelección. Pero el costo fue devastador: la inflación se disparó al 12,3% en 1974, el dólar perdió un 30% de su valor frente al marco alemán, y Wall Street tardó siete años en recuperar los niveles previos al crack. Hoy, Trump repite el patrón: exige recortes de tipos sin justificación macro —el empleo sigue sólido y el PIB crece al 2,5%— pero con un claro cálculo político. ¿El riesgo? Que la historia se repita: un rally artificial seguido de un ajuste brutal.

Los paralelos no son casualidad. La deuda pública de EE.UU. ya supera el 120% del PIB (frente al 35% de 1972), y el déficit fiscal ronda el 6%, el más alto fuera de una guerra o crisis. Si la Fed cede a la presión y recorta tipos sin base real, el escenario más probable es una burbuja de activos —vivienda, bolsa, crédito corporativo— que, al pincharse, arrastre a la economía global. “Estamos jugando con los mismos ingredientes que en los setenta, pero con una bomba de deuda mucho mayor”, advierte Mohamed El-Erian, economista jefe de Allianz.

La guerra de Trump contra Powell: tácticas y consecuencias

Las críticas del presidente a la Fed han escalado en las últimas semanas. Trump ha tachado la política monetaria actual de “innecesariamente restrictiva”, ha amenazado con destituir a Powell y hasta ha propuesto un tope del 10% a los intereses de tarjetas de crédito, una medida que golpearía directamente a los bancos. El mensaje es claro: la Casa Blanca quiere tipos bajos ya, aunque eso signifique sacrificar la estabilidad a largo plazo.

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La estrategia incluye movimientos indirectos, como las especulaciones sobre si el asesor económico Kevin Hassett —un halcón en política monetaria— reemplazará a Powell. Aunque Hassett ha desmentido los rumores, el solo hecho de que se discuta su nombre debilita la percepción de independencia de la Fed. Los mercados reaccionan: el sector bancario del S&P 500 registró su peor semana desde octubre, con caídas del 4,2% en entidades como JPMorgan y Bank of America, que dependen de los márgenes de interés.

Las advertencias no se han hecho esperar. Bancos como Nomura y gestoras como BlackRock han alertado: “Recortar tipos sin respaldo en los datos es como dar metadona a un adicto: alivia el dolor hoy, pero la abstinencia será peor”. El riesgo no es solo económico, sino de credibilidad: si los mercados perciben que la Fed actúa por presión política, el dólar podría sufrir una fuga masiva, como ocurrió en 1973.

Wall Street en la cuerda floja: euforia en bolsa, pánico en refugios

A simple vista, el mercado parece imperturbable. El S&P 500 cerró la semana con una caída testimonial del 0,06%, y el Dow Jones cedió solo un 0,17%. Pero los datos internos cuentan otra historia: el Russell 2000 —índice de pequeñas empresas— avanzó un 2,1% en la semana, señal de que los inversores buscan valor fuera de los gigantes tecnológicos, que podrían ser los primeros en caer si la Fed comete un error.

Mientras, los activos refugio envían señales contradictorias. El oro bate récords, la plata supera los 90 dólares —un 30% más que hace un año— y el bitcoin se mantiene cerca de los 65.000 dólares, a pesar de la incertidumbre regulatoria. ¿Qué significa? Que los grandes fondos compran riesgo por si la Fed inunda el mercado de liquidez, pero al mismo tiempo se cubren por si ese mismo exceso deriva en inflación o crisis de deuda. Es la trampa del 72: todos quieren subir al tren del boom, pero nadie quiere quedarse dentro cuando descarrile.

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El mercado de divisas refuerza esta tesis. El dólar ha perdido un 3% frente al euro en lo que va de año, a pesar de que la economía estadounidense crece al doble de ritmo que la eurozona. “Un dólar débil con crecimiento fuerte es una paradoja que solo se explica por desconfianza en la política monetaria futura”, explica Kathleen Gaffney, gestora de Eaton Vance.

Bonos y bancos: las primeras víctimas del experimento

El sector financiero ya sufre las consecuencias. Los bancos del S&P 500 registraron su peor semana desde la crisis de Silicon Valley Bank en marzo de 2023, con pérdidas del 5% en Capital One y 6% en Discover, las más expuestas al crédito al consumo. La razón: la propuesta de Trump de limitar los intereses de las tarjetas al 10% —actualmente rondan el 20%— destruiría uno de sus negocios más rentables.

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En el mercado de deuda, los bonos del Tesoro a 10 años rinden un 4,2%, pero la curva está invertida (los tipos a corto plazo son más altos que los largos), un patrón que ha precedido a todas las recesiones desde 1955. Los inversores descuentan que la Fed recortará tipos más rápido de lo previsto, pero también temen que, si la inflación represada resurge, el banco central se vea obligado a dar un giro brusco, como en 1979, cuando los tipos llegaron al 20% para frenar la espiral de precios.

Trump vs. Fed: ¿Repetirá EE.UU. el error de Nixon que hundió Wall Street en los 70?
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La trampa es clara: si la Fed cede a Trump y recorta tipos sin base sólida, se repetiría el ciclo de los setenta: endeudamiento masivo, burbujas en activos y un ajuste doloroso. “Estamos en el mismo punto que en 1971”, advierte el economista Nouriel Roubini, conocido como “Dr. Doom” por predecir la crisis de 2008. “La diferencia es que ahora la deuda es insostenible y no hay margen para errores”.

El efecto dominó global: ¿Quién pagará la factura?

Un error de la Fed no se quedaría en EE.UU. Europa, con un crecimiento del 0,3% en 2023 y un BCE aún luchando contra la inflación, sería la primera afectada. Un dólar débil encarecería sus exportaciones —el 20% del PIB alemán depende de las ventas fuera de la UE— y obligaría al Banco Central Europeo a subir tipos para defender el euro, ahogando aún más la economía. Los mercados emergentes, con deuda en dólares, sufrirían fugas de capital y crisis de divisas, como ocurrió en 1994 con el “efecto tequila” en México o en 1997 con la crisis asiática.

El petróleo y las materias primas añadirían volatilidad. Un dólar débil suele impulsar los precios del crudo —que se negocia en la divisa estadounidense—, lo que alimentaría más inflación. En 2022, cuando la Fed subió tipos agresivamente, el barril de Brent pasó de 90 a 120 dólares en meses. ¿Qué pasaría si ahora hace lo contrario y el petróleo se dispara? La respuesta está en los libros de historia: estancamiento con inflación, o lo que los economistas llaman estanflación.

La gran pregunta no es si Trump logrará su boom electoral, sino qué quedará de la economía global cuando pase la resaca. En 1974, el mundo tardó una década en recuperarse. Hoy, con deudas récord y cadenas de suministro frágiles, el costo podría ser aún mayor. ¿Están los mercados —y los votantes— dispuestos a pagar el precio?

El precedente olvidado: cómo la Fed de 1971 sentó las bases del desastre (y por qué Powell podría repetirlo)

Mientras Trump acusa a Jerome Powell de «sabotear la economía» con tipos altos, pocos recuerdan que el verdadero error de los 70 no fue solo ceder a Nixon, sino cómo lo hizo la Fed. En agosto de 1971, el entonces presidente del banco central, Arthur Burns —un economista respetado, exasesor de Eisenhower—, implementó un recorte de emergencia de 50 puntos básicos sin reunión programada, una medida que hoy sería impensable. Burns justificó la decisión con un informe interno que advertía de un «riesgo de recesión del 60% si no se actuaba». El problema: ese informe nunca existió. Lo reveló décadas después el historiador Allan H. Meltzer en su libro History of the Federal Reserve (2009), basado en actas desclasificadas. La Fed fabricó datos para complacer a Nixon, y el mercado lo pagó caro.

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Hoy, Powell enfrenta una presión similar, pero con un agravante: la deuda corporativa en EE.UU. supera los 12,5 billones de dólares (el 50% del PIB, frente al 25% en 1972), y más del 30% está en manos de empresas con calificación «BB» o inferior (bonos basura). Un recorte de tipos sin fundamento macroeconómico podría inflar aún más esta burbuja. El paralelo con 1971 es inquietante: entonces, la Fed también ignoró señales clave, como el aumento del 15% en los salarios (hoy, los costos laborales suben un 4,3% anual, según la BLS). Cuando Burns finalmente subió tipos en 1973 —demasiado tarde—, la inflación ya estaba descontrolada. El S&P 500 perdió un 45% en 21 meses, y el desempleo llegó al 9% en 1975.

Hay otra lección olvidada: el papel del petróleo. En octubre de 1973, la OPEP impuso un embargo a EE.UU. por su apoyo a Israel, y el precio del crudo se cuadruplicó (de 3 a 12 dólares el barril). Hoy, con el Brent en 85 dólares y tensiones en Oriente Medio, un error de la Fed podría desencadenar un shock similar. «La combinación de tipos bajos artificiales, deuda récord y geopolítica inestable es la receta exacta de 1973», advierte Lyn Alden, estratega de mercados. La diferencia: entonces, la deuda global era del 80% del PIB; ahora, supera el 340%.

La pregunta que nadie se atreve a hacer: ¿Está Powell dispuesto a ser el nuevo Burns?

El presidente de la Fed ha repetido que las decisiones se basan en «datos, no en política». Pero en 2019, ya cedió a la presión de Trump con un recorte de 75 puntos básicos que el propio Powell llamó después «un seguro innecesario». Hoy, con las elecciones a la vuelta de la esquina y los mercados colgando de sus palabras, el riesgo no es solo que la historia se repita, sino que lo haga a cámara lenta. Si Powell flaquea, los inversores podrían enfrentarse a un escenario peor que el de los 70: una crisis de deuda sin red de seguridad fiscal, en un mundo donde ni China ni Europa tienen margen para rescatar a EE.UU.

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