“Ojos abiertos”: Irán entra a negociar con EE.UU. tras los ataques de 2023
Diplomacia tensa: Irán y EE.UU. reinician conversaciones nucleares en Omán, marcadas por los ataques israelíes del año pasado y la presencia de Jared Kushner.
El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, ha confirmado este viernes la participación de su país en las negociaciones sobre el programa nuclear que arrancan en Mascate (Omán), aunque advirtió que lo hacen “con los ojos bien abiertos” y sin olvidar los ataques sufridos en junio de 2023. “Participamos de buena fe y nos mantenemos firmes en nuestros derechos”, declaró en su cuenta de X (antes Twitter), en un mensaje que alude directamente a la ofensiva militar liderada por Israel y respaldada posteriormente por Estados Unidos, que dejó al menos 120 objetivos iraníes bombardeados en menos de 72 horas.
Araqchi subrayó que “los compromisos deben cumplirse” y remarcó tres pilares para un acuerdo: igualdad, respeto mutuo e intereses compartidos. “No son retórica, sino una necesidad”, insistió, en un guiño a las tensiones históricas entre Teherán y Washington, que se remontan al abandono unilateral de EE.UU. del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) en 2018, durante la presidencia de Donald Trump. Este acuerdo, firmado en 2015, limitaba el enriquecimiento de uranio iraní a cambio del levantamiento de sanciones económicas.
El ministro llegó a Omán la víspera, donde fue recibido por su homólogo omaní, Badr Albusaidi, un mediador clave en los diálogos previos entre Irán y Occidente. Las conversaciones indirectas —pues Irán rechaza el contacto directo con EE.UU.— contarán con la presencia del envío especial estadounidense Steve Witkoff y del polémico Jared Kushner, yerno de Trump y exasesor de la Casa Blanca. Kushner, conocido por su papel en la negociación de los Acuerdos de Abraham (2020), que normalizaron relaciones entre Israel y varios países árabes, nunca antes había participado en diálogos con Irán.
¿Por qué Omán? El sultanato, ubicado en el estratégico estrecho de Ormuz —por donde transita el 30% del petróleo mundial—, ha sido sede de encuentros secretos desde 2013, incluyendo las conversaciones que llevaron al PAIC. Su neutralidad y relaciones con ambas partes lo convierten en un escenario ideal para evitar escaladas. Sin embargo, el contexto actual es más volátil: Irán ha enriquecido uranio al 60% (cerca del nivel militar del 90%) y EE.UU. mantiene 2.500 soldados en Irak y Siria, fronterizos con el país persa.
Las expectativas son bajas. Analistas como Ali Vaez, del International Crisis Group, advierten que “ninguna de las partes está dispuesta a ceder en lo sustancial“: Teherán exige el levantamiento total de sanciones (que ahogan su economía con una inflación del 45%), mientras Washington condiciona cualquier alivio a un frenazo en el programa nuclear y al cese del apoyo iraní a grupos como Hezbolá en Líbano o los hutíes en Yemen. ¿Podrá Omán evitar otro fracaso diplomático que lleve a la región al borde del conflicto abierto?
Kushner en la sombra: el exasesor de Trump que ahora negocia con el enemigo de Israel
La presencia de Jared Kushner en las negociaciones de Omán no es casual: marca un giro inesperado para quien fue arquitecto de los Acuerdos de Abraham (2020), que aislaron a Irán al normalizar relaciones entre Israel y países como Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Su inclusión ahora —como enviado oficioso del gobierno de Biden— refleja una estrategia de EE.UU. para aprovechar su experiencia en Oriente Medio, pero también genera recelo en Teherán, que lo asocia con la política de “máxima presión” de Trump. Según fuentes de Axios, Kushner mantuvo reuniones preliminares con intermediarios iraníes en febrero de 2024 en Dubái, donde esguivó el tema nuclear para centrar el diálogo en prisioneros estadounidenses en Irán (como el caso de Siamak Namazi, detenido desde 2015).
El perfil de Kushner choca con el de los negociadores tradicionales. Mientras el Departamento de Estado envía a Steve Witkoff —un veterano en no proliferación—, Kushner carece de experiencia en diplomacia nuclear, pero sí de contactos directos con la corona saudí y el príncipe Mohammed bin Salman (MBS), clave para cualquier acuerdo regional. Su empresa, Affinity Partners, ha invertido $2.000 millones en Arabia Saudí desde 2021, lo que plantea conflictos de interés. Irán no ha olvidado que, en 2020, Kushner impulsó un plan para que Arabia Saudí desarrollara su propio programa nuclear civil con ayuda estadounidense, algo que Teherán interpretó como una amenaza encubierta. Su participación ahora podría ser una táctica de Biden para mostrar a los halcones republicanos que no hay “debilidad” frente a Irán, o un intento de desbloquear canales paralelos si las vías oficiales fracasan.
El antecedente más cercano a este movimiento es la inclusión de Dennis Ross —otro negociador sin cartera oficial— en los diálogos de 2012-2013, que terminaron con el acuerdo interim de Ginebra. Ross, como Kushner, llegaba con bagaje en conflictos árabes pero sin credenciales nucleares. La diferencia: Ross logró que Irán aceptara congelar el enriquecimiento al 5% a cambio de alivio sanitario. Hoy, con el uranio iraní al 60% y Kushner vinculado a los Acuerdos de Abraham (que Irán llama “puñal por la espalda“), el margen de maniobra es mínimo.
¿Un peón o un comodín? Lo que está en juego para Kushner
Si las negociaciones avanzan, Kushner podría emerger como el puente improbable entre Riyad y Teherán, algo impensable hace un año. Pero si fracasan, su presencia será usada por los Guardianes de la Revolución iraní para acusar a EE.UU. de falta de seriedad, y por los republicanos para atacar a Biden por “subcontratar” la diplomacia a un exfuncionario con intereses privados en la región. El verdadero test llegará en julio, cuando venza el mandato de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) para supervisar centros nucleares iraníes no declarados. Si para entonces no hay avances, Omán podría convertirse en el escenario de otro adiós definitivo al PAIC —esta vez, con Kushner como símbolo del fracaso.