Marcelo Gallardo con mirada seria en el banco de River, tras goleada 1-4 que profundiza su crisis técnica

Gallardo en la cuerda floja: errores, goleadas y el ‘doble mercado’ que no rindió

Crisis en Núñez: La goleada 1-4 ante Tigre expuso el peor momento de Marcelo Gallardo desde su regreso a River, con un equipo frágil y decisiones que no terminan de cuajar.

Cada vez que River Plate parece encarrilar su rumbo bajo el mando de Marcelo Gallardo, un resultado adverso derrumba el castillo de naipes. Pero el 1-4 ante Tigre en el Monumental no fue una derrota más: fue un cimbronazo que sacudió la confianza de un plantel que, pese a sus falencias ofensivas, había sumado 7 puntos sobre 9 posibles en 2026 y mantenía su arco invicto en cinco presentaciones, incluyendo dos amistosos en Uruguay. La pregunta ahora es inevitable: ¿Puede Gallardo repetir la magia de su primer ciclo, cuando conquistó 14 títulos en ocho años?

Mientras el técnico prepara el duelo ante Argentinos Juniors —este jueves 21:30 en La Paternal—, la goleada obliga a revisar cada aspecto de su gestión. Desde su regreso el 5 de agosto de 2024, Gallardo no logró consolidar un proyecto ni un solo título que revalide su leyenda. Su primera etapa (2014-2022) dejó 7 conquistas internacionales y 7 locales, pero solo una liga. Ahora, las equivocaciones se acumulan: incorporaciones fallidas, tácticas cuestionables, cambios tardíos y un equipo que no responde como antaño.

Marcelo Gallardo saluda a los hinchas en la antesala del empate de River con Huracán, el 10 de agosto de 2024; su regreso todavía no ofreció los resultados esperadosAugusto Famulari

El debut de su segundo ciclo fue un 1-1 vs. Huracán (10/08/2024), con Claudio Echeverri como goleador y Rodrigo Echeverría igualando para el Globo. Gallardo alineó un 4-2-3-1 con Felipe Peña (luego vendido a Lanús) y Rodrigo Aliendro en el doble pivote, mientras que Pablo Solari, Franco Mastantuono y Echeverri alimentaban a Adam Bareiro. Pero el foco ya estaba en la Copa Libertadores: tres días después, un cabezazo de Paulo Díaz le dio el triunfo a River sobre Talleres en Córdoba (1-0), con un 4-3-2-1 y los debuts de Fabricio Bustos y Germán Pezzella en defensa. ¿El problema? El equipo aún no encontraba su identidad.

Maxi Meza y Germán Pezella, dos refuerzos que llegaron con Gallardo, festejan ante Urawa Reds Diamonds, en el Mundial de Clubes 2025
Rodrigo Néspolo

La clasificación a cuartos de final de la Libertadores —tras vencer nuevamente a Talleres— ilusionó a la hinchada. River activó un “doble mercado de pases”: descartó casi todos los refuerzos de Martín Demichelis (presentados el 19/07/2024: Jeremías Ledesma, Adam Bareiro, Federico Gattoni, Franco Carboni y Felipe Peña) y trajo a sus propios hombres: Pezzella, Bustos, Maximiliano Meza y Marcos Acuña. Pero el espejismo duró poco. La eliminación ante Atlético Mineiro (3-0 en Belo Horizonte y 0-0 en la revancha) expuso su peor error táctico: mantener un 3-4-1-2 que ya había fallado, dejando a los tres defensores en inferioridad numérica. El mismo esquema que le funcionó vs. Boca un mes antes.

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Fuera de la Libertadores pero con chances en la liga, River hilvanó tres triunfos seguidos. Gallardo apostó por el 4-3-1-2 y alineaciones fijas, pero el 2-1 de Independiente Rivadavia en Mendoza —con Sebastián Villa desnudando la defensa— cortó el sueño. A cuatro fechas del final, el título se esfumó. “Me subí a un tren en marcha”, había dicho el Muñeco. Pero el tren descarriló.

En 2025, el mercado se movió con nombres de peso: regresaron Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Enzo Pérez y Sebastián Driussi; llegaron el chileno Gonzalo Tapia, el paraguayo Matías Rojas y el récord del club: Kevin Castaño por 12,8 millones de euros desde el Krasnodar. Jorge Brito, en su último año como presidente, quería la Libertadores a toda costa. Gallardo, por primera vez, apareció en las fotos de las firmas de contratos, algo antes reservado solo a dirigentes. Leonardo Ponzio perdió influencia (hoy trabaja en inferiores), mientras Enzo Francescoli quedó relegado. En su lugar, Mariano Barnao se convirtió en su brazo derecho, incluso negociando fichajes.

Maxi Salas recién llegado a River: en la foto con Jorge Brito, Marcelo Gallardo y Stéfano Di CarloPrensa River

Pero los refuerzos no bastaron. River navegó entre la irregularidad y un invicto lleno de empates, como el de la Supercopa Internacional perdida ante Talleres por penales en Asunción. Hubo un destello en abril-mayo: Driussi y Mastantuono (autor de 5 goles en esa racha) lideraron un 4-3-3 que le dio cinco victorias al hilo, incluyendo un 2-1 a Boca con tantos de ambos. Sin embargo, Platense frenó la marcha en el Monumental, otra vez desde los doce pasos.

El Mundial de Clubes fue un desastre: sin Driussi (lesionado), con Mastantuono ya con la cabeza en el Real Madrid y las suspensiones de Enzo Pérez y Castaño, River cayó ante Inter de Milán. Era su segunda derrota en tiempo reglamentario con Gallardo 2.0. El DT insistió con cambios —apostó por Santiago Lencina y pidió a Maximiliano Salas, aunque Racing nunca lo soltó—, pero el equipo seguía sin rumbo. Antes, había prescindido de Manuel Lanzini, Simón, Kranevitter y Aliendro, jugadores que en su momento fueron clave.

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Vitor Roque, uno de los verdugos de Palmeiras en la eliminación de River de la Copa Libertadores 2025Andre Penner – AP

Cuando los penales ante Libertad y Unión parecían dar un respiro psicológico, Palmeiras aplicó un doble 2-0 en cuartos de final de la Libertadores. Comenzó la caída libre: 9 derrotas en 12 partidos, incluyendo la eliminación en semis de la Copa Argentina (otra vez vs. Independiente Rivadavia) y un traspié en Rosario ante Central, apenas tres días después de vencer a Racing. ¿El colmo? En el Monumental, River perdió 5 de sus últimos 6 partidos como local.

Pese al desastre, Stefano Di Carlo —elegido presidente el 1° de noviembre de 2025— le renovó el contrato por un año, aunque nunca hubo foto oficial del acuerdo. El nuevo mandatario le cumplió sus pedidos: Aníbal Moreno, Fausto Vera, Matías Viña (lateral uruguayo) y el joven Kendry Páez (aún sin debut). Pero también tomó una decisión dura: “liberar” a los héroes de Madrid (2018). Enzo Pérez, Ignacio Fernández, Milton Casco y Gonzalo Martínez debieron irse. El afecto no alcanza cuando el rendimiento falta.

Conferencia de prensa del presidente de River, Stefano Di Carlo, y el DT Marcelo Gallardo, en el Monumental, el 5 de noviembre de 2025Hernan Zenteno – La Nacion

El 2026 arrancó con señales positivas, pero el 1-4 ante Tigre lo borró todo. “Te pegan una piña, listo. A levantarse”, dijo Gallardo en conferencia, consciente de que los silbidos e insultos de la hinchada ponen en jaque su continuidad. El DT más ganador de la historia de River (22 títulos) sabe que su legado no se discute, pero el presente exige resultados. ¿Puede el Muñeco evitar que su segundo ciclo termine como un fracaso? O, peor aún: ¿Estará dispuesto el club a prescindir de su ídolo si la crisis se profundiza?

El fantasma de 2018: cuando Gallardo salvó su ciclo con un cambio radical (y hoy no tiene margen)

La goleada ante Tigre no es la primera crisis profunda de Marcelo Gallardo en River, pero sí la que menos herramientas le deja para reaccionar. En 2018, tras un inicio errático con solo 2 victorias en 8 partidos (incluyendo una humillante derrota 0-3 vs. Santos en la Libertadores), el Muñeco estuvo a un paso del despido. La diferencia con hoy: entonces tenía un plan B táctico (el 4-1-4-1 con Exequiel Palacios como pivote) y un plantel con jugadores de jerarquía intocable (como Pity Martínez y Lucas Pratto), que terminaron llevando al equipo a la gloria en Madrid. Ahora, en cambio, no hay líderes indiscutidos ni sistema alternativo que funcione.

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El paralelo con 2018 es clave porque fue el único año en su primer ciclo donde Gallardo modificó su ADN táctico por presión. Hasta ese momento, su River jugaba con un 4-3-1-2 ofensivo, pero tras el 0-3 ante Santos, adoptó un 4-1-4-1 defensivo que priorizaba la transición rápida. El cambio no fue inmediato: perdió 1-0 vs. Independiente en la siguiente fecha, pero luego encadenó 12 partidos invictos (9 victorias), incluyendo el 2-0 a Boca en la final de la Libertadores. Hoy, en cambio, sus ajustes son reactivos y sin rumbo claro: pasó del 3-4-1-2 (que lo eliminó en la Libertadores 2024) al 4-3-3 (que funcionó en abril-mayo de 2025) y ahora prueba con un 4-2-3-1 asimétrico, sin resultados.

Otro dato revelador: en 2018, Gallardo contó con refuerzos de invierno que marcaron la diferencia. Gonzalo Martínez (llegó en enero) y Julián Álvarez (debutó en octubre) aportaron 18 goles y 12 asistencias en ese año. En su segundo ciclo, sus fichajes estrella (Driussi, Castaño, Rojas) suman apenas 12 goles en 18 meses y ninguno ha sido decisivo en partidos clave. Peor aún: Mastantuono (su máximo goleador en 2025 con 9 tantos) fue vendido al Real Madrid por 20 millones de euros, y su reemplazo, Kendry Páez, aún no debutó por lesiones. Sin un 9 de área (Bareiro no convence) ni un 10 creativo (Driussi está lejos de su nivel en Austin FC), el equipo carece de los pilares ofensivos que antes salvaban sus errores defensivos.

La presión de la hinchada también es distinta. En 2018, los silbidos llegaron tras el 0-3 vs. Santos, pero la respuesta fue inmediata: una remontada 3-1 a Racing en la siguiente fecha. Hoy, el 1-4 vs. Tigre es la quinta derrota en los últimos 7 partidos en el Monumental, y el público no solo silba, sino que coreó “que se vaya” por primera vez en su historia. Incluso Enzo Francescoli, su histórico aliado, evitó defenderlo en declaraciones recientes, algo impensado hace cinco años.

¿Un final anunciado o la última oportunidad?

Gallardo tiene tres partidos para evitar que su segundo ciclo sea el más corto y fallido de su carrera: Argentinos Juniors (jueves), Vélez (domingo) y la revancha de octavos de Copa Argentina vs. Estudiantes. Si no suma al menos 7 puntos en ese lapso, la dirigencia —con Stefano Di Carlo ya mostrando impaciencia— podría acelerar su salida. El problema no es solo deportivo: económicamente, River no puede permitirse otro mercado fallido. En 2025, el club invirtió 38 millones de dólares en fichajes (incluyendo los 12,8M por Castaño), y el rendimiento fue cero títulos y una eliminación histórica en Libertadores. Si Gallardo cae ahora, el próximo DT heredará un plantel envejecido (Pezzella, Enzo Pérez), desvalorizado (Bareiro, Acuña) y sin cupo para refuerzos por el *fair play* financiero. La pregunta ya no es si puede repetir la hazaña de 2018, sino si River podrá recuperarse de su peor decisión en una década: apostar todo a un ídolo sin red de contención.

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