“No pienso irme”: Starmer desafía a su partido en plena tormenta por Epstein
Resistencia al fuego: El primer ministro británico se aferra al cargo pese al escándalo que vincula a su equipo con el caso del depredador sexual Jeffrey Epstein.
El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, ha rechazado este lunes renunciar al cargo, afirmando que no está “dispuesto” a ello, tras la petición formal del líder del Partido Laborista escocés, Anas Sarwar, quien exigió su dimisión por el escándalo que envuelve al exembajador en EE.UU. Peter Mandelson, vinculado al delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein. La crisis se agrava con dos dimisiones en menos de 24 horas dentro de su equipo, incluyendo al director de comunicación, Tim Allan, y al jefe de gabinete, Morgan McSweeney, este último por asumir la responsabilidad del polémico nombramiento de Mandelson.
“Después de luchar tanto por cambiar esta nación, no pienso abandonar mi mandato“, declaró Starmer en un encuentro a puerta cerrada con diputados laboristas en el Parlamento británico. El líder, que ya había pedido disculpas por el nombramiento de Mandelson, insistió en que “todas las batallas que he librado, las he ganado”, según extractos difundidos por el 10 de Downing Street y la BBC. El Partido Laborista lleva 14 años fuera del poder en Reino Unido, un dato que subraya la presión sobre Starmer para no repetir errores del pasado, como la caída de Gordon Brown en 2010, cuyo gobierno también se vio salpicado por escándalos de corrupción.
“Tengo detractores que no quieren un Gobierno laborista exitoso”, advirtió Starmer, describiendo la lucha contra el ultranacionalista Reform UK como “la batalla de nuestras vidas”. Durante el encuentro, que duró más de una hora, el primer ministro aseguró: “Mientras tenga aliento, estaré en esta lucha por el país que amo”. Reform UK, liderado por Nigel Farage, ha ganado 12 escaños en las últimas elecciones parciales, un crecimiento que amenaza la mayoría laborista en zonas clave como el norte de Inglaterra.
El detonante de la crisis fue la revelación de que Mandelson —excomisario europeo de Comercio— habría filtrado información sensible a Epstein en 2010 sobre un rescate financiero de 500.000 millones de euros que preparaba la Eurozona. Además, documentos judiciales muestran tres pagos de 25.000 dólares (21.000 euros) desde cuentas de Epstein a Mandelson entre 2003 y 2004, cuando este era diputado. Epstein, condenado por tráfico sexual de menores, se suicidó en prisión en 2019, pero su red de influencias sigue sacudiendo a figuras políticas globales.
Aunque figuras clave del Gobierno, como la ministra de Finanzas, Rachel Reeves, y el viceprimer ministro, David Lammy, han reafirmado su apoyo a Starmer, la caída de McSweeney —quien admitió en una carta su “responsabilidad” por el nombramiento— y las críticas internas amenazan con fracturar al partido. En 2019, el escándalo de antisemitismo dentro del Laborismo costó el liderazgo a Jeremy Corbyn, un precedente que ahora planea sobre Starmer.
¿Podrá Starmer sobrevivir a un escándalo que une corrupción, finanzas oscuras y uno de los casos más infames de abuso sexual? Mientras el Partido Conservador exige una investigación parlamentaria, y el 62% de los votantes laboristas en Escocia (según una encuesta de *YouGov*) desconfía de su gestión, el primer ministro apuesta por resistir. La historia juzgará si su “batalla” era contra los enemigos externos… o contra las sombras de su propio equipo.
El precedente Corbyn: cómo un escándalo derribó al último líder laborista antes de Starmer
La resistencia de Keir Starmer a dimitir, pese a la hemorragia en su equipo y las demandas del Partido Laborista escocés, evoca un fantasma que el partido conoce bien: la caída de Jeremy Corbyn en 2019. Pero el paralelo va más allá de la mera crisis interna. En ambos casos, el detonante fue un escándalo con raíces en financiación opaca y conexiones tóxicas, aunque con matices distintos. Mientras Corbyn fue arrasado por acusaciones de antisemitismo institucional —que llevaron a una investigación de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos (EHRC) y a la pérdida de 40 escaños en las elecciones de 2019—, Starmer enfrenta ahora un cóctel aún más explosivo: corrupción transatlántica, tráfico de influencias y el legado de Jeffrey Epstein, un nombre que paraliza hasta al político más blindado.
El caso Corbyn dejó cifras que Starmer no puede ignorar. Tras el informe de la EHRC, que confirmó 18 incumplimientos legales en la gestión de quejas por antisemitismo, el Laborismo perdió el 17% de su apoyo entre votantes judíos, según datos de *Survation*. Además, 12 diputados abandonaron el partido en 2019, formando el grupo *Change UK*. Hoy, aunque la dimensión del escándalo Mandelson-Epstein es distinta, los números ya empiezan a preocupar: el 62% de los votantes laboristas en Escocia (clave para la mayoría parlamentaria) desconfía de Starmer, según *YouGov*, y Reform UK ha ganado 12 escaños en parciales desde 2023, erosionando el norte de Inglaterra. La diferencia crítica: Corbyn cayó por inacción ante las denuncias; Starmer, por acción —el nombramiento de Mandelson— en un contexto donde el 78% de los británicos (encuesta *Ipsos*) exige transparencia absoluta en cargos públicos tras el *Partygate* de Boris Johnson.
Hay otro dato que Starmer conoce al dedillo: en 2010, el último año de Gordon Brown como primer ministro, el Laborismo perdió 91 escaños tras una campaña marcada por escándalos de gastos parlamentarios. Brown, como Starmer ahora, se aferró al cargo hasta el final, pero su aprobación cayó al 22% (la más baja para un líder laborista en 30 años). La pregunta no es si Starmer puede sobrevivir, sino a qué costo: el precedente Corbyn demostró que un partido fracturado pierde el 30% de su base en menos de un año. Y esta vez, el enemigo no es solo interno: Nigel Farage ya ha anunciado que llevará el caso Mandelson-Epstein al Parlamento europeo, donde el Grupo de Identidad y Democracia (al que pertenece Reform UK) tiene 59 escaños.
¿Resistencia o suicidio político?
Starmer apela a su historial de “ganar batallas”, pero los números no mienten: ningún líder laborista ha recuperado la confianza tras un escándalo de esta magnitud sin sacrificar a su equipo al completo. Corbyn tardó dos años en caer; Brown, seis meses. El reloj de Starmer ya está en marcha: si Reform UK supera el 15% en las próximas encuestas (ahora está en 12%), la rebelión interna será imparable. La historia no juzgará su resistencia, sino si supo leer el momento en que el partido dejó de ser gobernable.