OTAN: Europa asume el mando en dos bases clave tras presión de EEUU
Cambio histórico: La OTAN reasigna dos centros de mando de EEUU a Europa, marcando un giro sin precedentes en la estructura militar transatlántica.
La Alianza Atlántica ha sellado un acuerdo para redistribuir puestos clave en su estructura de mando, otorgando a los países europeos un “papel más destacado” en el liderazgo militar. Según fuentes oficiales citadas por Europa Press, esta reconfiguración incluye la transferencia de al menos dos mandos conjuntos que, hasta ahora, estaban bajo control estadounidense.
“Los aliados han acordado una nueva distribución de responsabilidades donde los miembros europeos, incluidos los más recientes, asumirán roles de alto rango”, confirmaron las mismas fuentes. Aunque aún no se han revelado todos los detalles, la decisión está vinculada a la planificación de futuras rotaciones y responde a una estrategia de largo plazo para equilibrar la carga operativa dentro de la OTAN.
El Pentágono ha precisado que los centros afectados son el Comando Conjunto (JFC) de Norfolk (Virginia, EEUU) y el JFC de Nápoles (Italia). “Esta transferencia refuerza la Alianza al demostrar liderazgo europeo en la defensa del continente y fortalece las capacidades operativas regionales”, subrayaron las fuentes militares.
El movimiento llega en un contexto marcado por las exigencias del expresidente Donald Trump, quien durante su mandato (2017-2021) insistió en que Europa debía asumir “más responsabilidad en su seguridad”. Su estrategia de seguridad nacional, publicada a finales de 2025, sentenció: “Los días de EEUU sosteniendo el orden mundial como Atlas han terminado”.
El documento oficial añadía: “Contamos con decenas de naciones ricas y sofisticadas entre nuestros aliados, que deben asumir la responsabilidad principal en sus regiones y contribuir más a la defensa colectiva”. Trump llegó a exigir que los miembros de la OTAN elevaran su gasto militar al 5% del PIB, el doble del objetivo actual del 2%.
Esta reestructuración también refleja un cambio de era: por primera vez desde la Guerra Fría, Europa toma el control operativo de bases estratégicas que históricamente dependieron de Washington. El JFC de Nápoles, por ejemplo, supervisa operaciones en el Mediterráneo y África, mientras que el de Norfolk coordina la respuesta a amenazas en el Atlántico Norte y el Ártico.
¿Qué implica este traspaso? Según analistas, podría acelerar la autonomía defensiva europea, pero también plantea preguntas clave: ¿Están preparados los países del continente para asumir costes operativos que EEUU cubría hasta ahora? ¿Cómo afectará esto a la cohesión transatlántica en un escenario de tensiones con Rusia y China?
El acuerdo, adoptado por consenso entre los 32 miembros de la OTAN, entra en vigor en medio de la mayor crisis de seguridad en Europa desde 1945, con la guerra en Ucrania como telón de fondo. ¿Logrará este paso reducir las fricciones entre EEUU y sus aliados, o abrirá nuevas brechas?
El precedente de 2003: Cuando Francia y Alemania desafiaron a la OTAN y EEUU respondió con un “plan B” militar
La transferencia de los mandos del JFC Norfolk y JFC Nápoles no es la primera vez que Europa fuerza un reajuste estratégico en la OTAN tras tensiones con Washington. En febrero de 2003, la oposición de Francia y Alemania a la invasión de Irak —liderada por EEUU— llevó a una crisis sin precedentes: ambos países vetaron el uso de recursos de la Alianza para apoyar la operación, bloqueando incluso planes de defensa aérea para Turquía (aliado clave). La respuesta de Washington fue crear el “Grupo de los Ocho”, una coalición paralela con países prointervencionistas (Reino Unido, España, Italia, Polonia, Dinamarca, Hungría, Portugal y República Checa) que operó fuera del marco OTAN durante meses.
El episodio reveló dos lecciones que resuenan hoy: 1) Europa puede fracturar la unidad atlántica cuando actúa como bloque (en 2003, el entonces ministro francés Dominique de Villepin llegó a amenazar con usar el artículo 5 del Tratado de la UE —no de la OTAN— para bloquear logística militar), y 2) EEUU tiene un “plan B” geopolítico. Tras el conflicto, el Pentágono redirigió 1.200 millones de dólares en contratos de defensa a bases en Polonia y Rumanía, reduciendo su dependencia de infraestructuras en Alemania y Francia. Hoy, con el traspaso de los JFC, Europa gana control operativo, pero también hereda costes logísticos que EEUU cubría: solo el mantenimiento anual del JFC Nápoles ronda los 87 millones de euros, según informes de la Cámara de Cuentas Europea (2022).
Otros datos clave del precedente de 2003:
- Impacto en gasto militar: Tras la crisis, Polonia aumentó su presupuesto de defensa un 40% en dos años (2003-2005) para alinearse con EEUU, mientras Francia recortó su participación en ejercicios OTAN un 30%.
- Reacción de la OTAN: La Alianza creó el “Concepto Estratégico de Praga” (2002), que por primera vez mencionaba amenazas “fuera del área euroatlántica” (como el terrorismo), pero su aplicación se paralizó por las divisiones.
- Legado legal: El veto franco-alemán sentó un precedente: desde entonces, la OTAN exige consenso unánime para operaciones fuera del artículo 5 (defensa colectiva), algo que no ocurría en la Guerra Fría.
¿Repetirá EEUU la jugada de 2003 si Europa flaquea?
El traspaso de los JFC llega cuando el gasto militar europeo —aunque en ascenso— sigue siendo asimétrico: solo 7 de los 30 países OTAN cumplen el 2% del PIB (meta 2024), y estados como Italia (1,5%) o España (1,3%) están lejos del objetivo. Si la autonomía europea se traduce en recortes de presencia estadounidense (como ocurrió en 2003 con las bases en Alemania), Washington podría repetir su estrategia: priorizar aliados “voluntariosos” (Polonia, países bálticos) y dejar que Europa asuma los costes de su nueva soberanía militar. La pregunta no es si Europa está lista para liderar, sino si está dispuesta a pagar el precio.