River se salvó in extremis: Quintero evita el papelón contra el ascenso
Penal salvador: Un debutante y Juanfer Quintero evitaron la humillación. River, sin rumbo, sobrevivió a un equipo de Primera Nacional.
River Plate estuvo a cuatro minutos de sumar otro capítulo vergonzoso a su errática temporada. Un penal convertido por Juanfer Quintero —el único que escapa a la mediocridad colectiva— le dio un triunfo agónico 1-0 sobre Ciudad Bolívar, un recién ascendido a la Primera Nacional que el viernes había empatado con Godoy Cruz, candidato al ascenso. El próximo rival en la Copa Argentina será Aldosivi, que goleó 3-0 a San Miguel. La crisis millonaria no da tregua: en el Torneo Apertura, solo marcó 4 goles en 5 partidos.
El técnico Marcelo Gallardo, arquitecto de la era dorada del club, sigue buscando un equipo confiable. Esta vez apostó por la experiencia en defensa: Paulo Díaz (31 años), cuestionado en redes, reemplazó al joven Lautaro Rivero, mientras que en ataque mantuvo a Agustín Ruberto junto a Maximiliano Salas, cuya irregularidad es tan constante como su falta de efectividad. Díaz, símbolo de una zaga que ya no asusta, llegó a mirar a la tribuna en un gesto que resume la frustración.
El esquema inicial fue claro: Quintero como cerebro y Tomás Galván como acompañante, pero la dupla sigue sin rendir. El rival, pese a su categoría inferior, llegó con moral alta tras su debut en la Primera Nacional y un plan peligroso: defenderse en bloque y acechar con contraataques. Bolívar, fundado en 2018, juega como local en San Luis y este domingo enfrentará a Los Andes en su estreno oficial ante su público.
Los primeros 25 minutos fueron de dominio millonario, con Quintero incidiendo y Gonzalo Montiel actuando casi como un extremo. Pero la intensidad decayó. El dato alarmante: River intentó solo 3 remates de media distancia en todo el partido, todos de Quintero. Un síntoma de la falta de ideas para asociarse y la ausencia de un delantero que ocupe espacios. La mejor oportunidad del primer tiempo fue un pase al vacío de Quintero a Montiel, seguido de un zurdazo de Galván que rozó el poste.
En el complemento, la historia no cambió. River controló sin generar peligro, mientras Bolívar, con el arquero Agustín Rufinetti como figura, creció y hasta tuvo una chance clara. Gallardo movió el banco: ingresaron el volante creativo Joaquín Freitas (19 años), Facundo Colidio y el extremo Ian Subiabre. Pero el equipo siguió sin profundidad. Desde 2021, cuando se fue Rafael Borja (22 goles en 60 partidos), River no encuentra un ‘9’ de jerarquía. Driussi está lesionado, Ruberto no termina de explotar, y ni Salas ni Colidio son centrodelanteros puros.
El final fue de infarto. A los 40 minutos, Freitas encaró por derecha y Elías Martínez lo derribó dentro del área. El árbitro Nazareno Arasa cobró penal. Quintero, frío, ejecutó al medio: 1-0. El colombiano lleva 3 goles en 4 partidos esta temporada, pero es el único que produce diferencias. La hinchada, desesperada, coreó: *”Movete River, movete, dejá de joder”*. El triunfo clasifica al equipo, pero la grandeza brilla por su ausencia.
El contexto agrava la situación: River ha ganado solo 2 de sus últimos 7 partidos oficiales, con un juego predecible y sin identidad. La defensa, antes mural, ahora es permeable; el mediocampo, lento; y el ataque, estéril. En la era Gallardo (desde 2014), el equipo nunca había tenido un arranque tan pobre: en 2015, con 5 fechas, ya llevaba 10 goles a favor. Hoy, la sequía ofende.
¿Hasta cuándo podrán esconderse detrás de un penal? La Copa Argentina les dio oxígeno, pero el Torneo Apertura no perdona. Sin un delantero de nivel, sin jerarquía en el mediocampo y con una defensa en crisis, el River de Gallardo enfrenta su mayor prueba: demostrar que aún puede ser grande sin depender de un solo hombre.
El fantasma de 2011: Cuando River cayó ante un equipo de ascenso y desató una crisis histórica
El penal de Quintero evitó que River repitiera un episodio que marcó un antes y después en su historia: la derrota 1-2 ante Almirante Brown en junio de 2011, en la Promoción que lo condenó al descenso por primera vez en sus 110 años de vida. Aquella tarde en el Estadio Fragata Presidente Sarmiento, el equipo de Matias Almeyda —con figuras como Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez— no pudo con un rival de la Primera B Nacional, y el gol de Jonathan Ramírez a los 89 minutos selló el castigo. El paralelo con el susto ante Ciudad Bolívar es inevitable: ambos partidos expusieron una fragilidad mental y una incapacidad para imponerse a equipos teóricamente inferiores.
El contexto de 2011 y el actual comparten alarmantes similitudes. Entonces, River llegaba con solo 2 victorias en 10 partidos (hoy son 2 en 7) y una defensa que había encajado 12 goles en 5 fechas (ahora lleva 6 en 5, pero con un juego igualmente errático). La diferencia clave: en 2011, el equipo no tenía un Quintero que salvara los muebles. El colombiano, con 3 goles en 4 partidos esta temporada, es el único que evita que la estadística sea aún más desoladora. En el Apertura 2011, el máximo goleador millonario fue Rogelio Funes Mori con apenas 4 tantos en 19 partidos —una sequía que hoy parece repetirse con Ruberto (0 goles en 5 partidos) y Salas (1 gol en 4).
Pero hay un dato aún más revelador: tras el descenso, River tardó 3 temporadas en recuperar su nivel en Primera División, y su primer título post-ascenso llegó recién en 2014 (la Copa Sudamericana), ya con Gallardo en el banco. Hoy, el equipo no solo arrastra una sequía de 18 partidos sin marcar más de 2 goles (desde noviembre de 2023), sino que su promedio de remates por partido (8.2) es el más bajo desde que se registran datos en la Liga Profesional (2015). La pregunta que acecha es si este River, sin un delantero de área como lo fue Lucas Pratto (11 goles en el título de 2017) o un creador como Enzo Pérez (asistencias clave en 2015-2018), podrá evitar un nuevo colapso sin necesidad de tocar fondo.
¿Un penal o un espejismo?
Gallardo sabe que los penales no ganan campeonatos. En 2018, cuando River levantó la Copa Libertadores, el equipo promedió 1.8 goles por partido en la fase de grupos; hoy, ese número es 0.8. El técnico tiene 10 días hasta el duelo con Aldosivi para encontrar soluciones, pero el mercado de pases cerró sin refuerzos de jerarquía. La historia reciente advierte: en 2016, tras un arranque similar (1 victoria en 6 fechas), el equipo reaccionó con la llegada de Sebastián Driussi en el mercado de invierno. Hoy no hay margen para errores ni salvadores a la vista. Si el River de Quintero no despierta, el fantasma de 2011 podría dejar de ser una comparación para convertirse en un presagio.