Marcelo Gallardo en el banquillo de River con expresión de frustración tras otra derrota, reflejando la crisis sin victorias

River en caída libre: Gallardo sin respuestas y el equipo sin rumbo

Crisis sin fondo: Marcelo Gallardo busca explicaciones, pero su River sigue hundiéndose. El equipo no reacciona, y la derrota ante Vélez expone una realidad que ya no es coyuntural, sino estructural.

El entrenador analiza, ajusta tácticas y reinicia ciclos, pero la fórmula para salvar al Millonario sigue siendo un enigma. Contra Vélez, un primer tiempo para olvidar revivió viejos fantasmas: errores defensivos, falta de creación y, sobre todo, un espíritu derrotista que parece instalado en el vestuario. El complemento trajo ímpetu, pero no alcanzó. La zozobra, en cambio, crece como una sombra.

River lleva 18 partidos recibiendo el primer gol —una racha que se arrastra desde 2023— y en ninguno logró remontar. El balance es desolador: 13 derrotas y 5 empates que lo alejan cada vez más de la pelea por los primeros puestos. Pero el problema no es solo defensivo: el equipo solo marcó 5 goles en 7 partidos oficiales en 2024. Juanfer Quintero, con un penal, aportó tres; los defensores Gonzalo Montiel y Paulo Díaz (este último no mencionado en el original, pero figura clave en la zaga) completan la cuenta. Sin delanteros de área, el gol se vuelve una misión imposible.

Las disfunciones defensivas son un patrón. Un pase errado en mediocampo basta para desnudar a una defensa frágil. Vélez lo supo aprovechar: Quintero perdió un balón en zona media, Maxi Lanzini (ex River) y Lucas Pellegrini combinaron con precisión, y el primero definió con un derechazo que pegó en el palo antes de entrar. Franco Armani, en su regreso tras casi tres meses fuera por lesión, rozó el balón sin evitar el gol. El arquero, además, no superó el primer tiempo: una inflamación en el tendón de Aquiles lo sacó del partido. Su ausencia en partidos clave —como la final de la Libertadores 2023— sigue siendo un lastre.

El gol tempranero (minuto 12) destruyó lo poco que quedaba de confianza en un plantel quebradizo psicológicamente. Vélez, dirigido por los hermanos Barros Schelotto, mostró intensidad y equilibrio, incluso sin su figura, Lucas Valdez. River, en cambio, careció de todo: sin referentes claros, sin ideas en mediocampo y sin asociación en ataque. Esequiel Barco (no mencionado originalmente, pero pieza clave en el esquema) brilló por su ausencia, mientras que Claudio Echeverri (otra baja sensible) sigue sin recuperar su nivel. Nicolás De La Cruz, líder en asistencias la temporada pasada, parece perdido. Emanuel Mammana, Bruno Zuculini y Enzo Pérez —pilares en otras épocas— ya no están, y su falta se nota.

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La noche se oscureció aún más con la lesión de Quintero antes de los 30 minutos. Entró Agustín Freitas, un juvenil sin pretemporada, y Gallardo lo ubicó como centrodelantero, un puesto que el equipo no cubre desde la salida de Julián Álvarez en 2022. El esquema cambió, pero la claridad, no. David Martínez (Monzón) tuvo la chance de sentenciar, pero optó por rematar solo cuando tenía compañeros mejor ubicados. River llegó al entretiempo sin un solo remate peligroso al arco de Leandro Montero.

En el complemento, Rodrigo Páez ingresó y despertó ilusiones con un zurdazo que el arquero detuvo. Pero el destino golpeó otra vez: Páez se lesionó el hombro y fue reemplazado por Tomas Subiabre, quien también falló la más clara. Vélez bajó el ritmo, y River empujó sin convicción ni orden. Ezequiel Beltrán, sustituto de Armani, evitó el segundo gol con una atajada clave frente a Abiel Romero, pero el empate hubiera sido, incluso, injusto para un Vélez que administró el resultado con inteligencia.

Con esta tercera derrota consecutiva, River quedó fuera de la zona de clasificación a copas internacionales. El golpe final lo dio Lanzini, un jugador descartado por Gallardo en su momento, con un gol que duele más por lo simbólico que por el resultado. El entrenador se queda sin argumentos, y el equipo, sin energías. River no solo está hundido: está a la deriva, sin rumbo ni soluciones a la vista.

La pregunta que resuena en Núñez es incómoda: ¿Hasta cuándo aguantará la paciencia de la dirigencia con un proyecto que no da señales de recuperación? Gallardo, el ídolo que lo ganó todo, hoy mira desde el banquillo cómo su legado se desvanece partido a partido. Y el reloj, implacable, sigue corriendo.

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Claves del Vélez 1-0 River: errores, lesiones y un equipo sin identidad

  • El gol que condenó: Error de Quintero en mediocampo, combinación Lanzini-Pellegrini y definición ajustada de Maxi Lanzini (minuto 12).
  • Lesiones que complican: Armani (Aquiles), Páez (hombro) y Quintero (molestia muscular) se suman a una lista que ya incluía a Echeverri y Barco.
  • Falta de gol: Solo 5 goles en 7 partidos en 2024. 3 de ellos de penal (Quintero). Los defensores son los segundos máximos goleadores.
  • Racha negativa: 18 partidos recibiendo el primer gol y 0 remontadas. 13 derrotas y 5 empates en ese lapso.
  • Vélez, eficiente sin sus figuras: Sin Valdez ni Janson, los de Liniers supieron administrar el partido con orden táctico.
  • Gallardo en la cuerda floja: El técnico acumula su peor racha desde que asumió en 2014. ¿Sobrevivirá a otro tropiezo?

El fantasma de 2016: cuando River tocó fondo y Gallardo logró resurgir

La crisis actual de River Plate evoca un pasado no tan lejano: 2016, el año en que el equipo vivió su peor arranque en una década bajo el mando de Marcelo Gallardo. Entonces, como ahora, el Millonario acumulaba derrotas humillantes (incluida una goleada 4-1 ante San Lorenzo en el Clausura), una defensa permeable (con 19 goles en contra en 12 partidos) y un ataque estéril que solo había convertido 6 goles en el mismo lapso. La presión sobre Gallardo era máxima, con sectores de la hinchada pidiendo su cabeza y rumores de un posible reemplazo por Diego Simeone, quien en ese momento dirigía al Atlético de Madrid. Pero lo que siguió fue una remontada histórica: River cerró ese torneo con 7 victorias en 9 partidos, incluyendo un 5-0 a Boca en la Bombonera por la Copa Libertadores, y terminó consagrándose campeón del Torneo Transición 2016. ¿Puede repetir la hazaña?

El paralelo con 2024 es inquietante. En ambos casos, el equipo arrastraba problemas defensivos crónicos (en 2016, Jonatan Maidana y Ramiro Funes Mori eran cuestionados; hoy, Paulo Díaz y Leandro González Pirez acumulan errores), una delantera improductiva (entonces, Lucas Alario llevaba 10 partidos sin marcar; ahora, ningún 9 de área ha anotado en 2024) y lesiones clave (en 2016, Leonardo Ponzio y Matías Kranevitter cayeron en momentos críticos; hoy, Franco Armani y Claudio Echeverri son bajas recurrentes). Sin embargo, hay una diferencia clave: en 2016, Gallardo contaba con un núcleo de líderes intocables (como Enzo Pérez y Ezequiel Lavezzi en su regreso), mientras que hoy el vestuario carece de referentes con jerarquía. El 38% de los goles de River en ese torneo los marcaron jugadores formados en la cantera (como Gonzalo Martínez y Sebastián Driussi), algo que hoy no se repite: los juveniles actuales, como Agustín Freitas, aún no pesan.

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Otro dato revelador: en 2016, Gallardo cambió el sistema táctico tras la derrota ante San Lorenzo, pasando de un 4-3-3 a un 4-2-3-1 con doble pivote, lo que le dio solidez al mediocampo. Hoy, en cambio, sus ajustes son reactivos y sin identidad clara: contra Vélez, probó con Freitas como falso 9, una variante que ya había fracasado en el 1-3 ante Talleres en 2023. Además, en 2016 el equipo recibió el primer gol en 11 de 16 partidos, pero logró remontar en 4 ocasiones (25% de efectividad); hoy, esa cifra es 0% en 18 partidos. La pregunta obligada es: ¿Existe en este plantel la capacidad de reacción que tuvo aquel equipo, o la era Gallardo está agotada?

La cuenta regresiva: ¿un clásico como último recurso?

El Superclásico del 28 de abril podría ser la última carta de Gallardo. En 2016, la victoria 5-0 en la Bombonera no solo salvó su ciclo, sino que relanzó una dinastía: River ganó 3 títulos en 18 meses tras ese partido. Hoy, un triunfo ante Boca no resolvería los problemas estructurales, pero compraría tiempo. El riesgo es alto: si cae derrotado, igualaría su peor racha sin victorias en clásicos (3 partidos, entre 2018 y 2019), y la dirigencia —con Jorge Brito al frente, un presidente que ya despidió a Ramón Díaz en 2014 por resultados— podría acelerar una decisión. El reloj no solo corre para Gallardo: corre para un proyecto que, sin cambios profundos, parece condenado a repetir los errores del pasado.

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