Guerra relámpago en la frontera: Afganistán y Pakistán suman 50 muertos en 24 horas

Fuego cruzado letal: Los talibán lanzan una ofensiva nocturna contra Pakistán tras meses de tensiones por incursiones fronterizas. El saldo supera los 50 muertos y amenaza con escalar.

El régimen talibán en Kabul ha desatado una ofensiva militar sin precedentes contra posiciones clave del Ejército paquistaní, en respuesta a lo que denuncian como “violaciones sistemáticas” de su territorio. Según fuentes insurgentes citadas por la cadena Tolo News, el balance provisional asciende a más de 50 bajas entre ambos bandos, con combates que se extienden a lo largo de la disputada Línea Durand.

Islamabad no tardó en reaccionar. El Gobierno paquistaní advirtió que su respuesta será “inmediata, contundente y sin restricciones”, según un comunicado del Ministerio de Información. Mientras, el portavoz talibán Zabihulá Muyahid justificó los ataques como una “operación de contrainsurgencia masiva” contra lo que calificó de “provocaciones del régimen militar paquistaní”. “Actuamos bajo el amparo de la noche para neutralizar al enemigo en movimiento”, detalló en un mensaje difundido en redes sociales.

Los combates más intensos se concentran en la provincia de Kunar, donde las milicias afganas afirman haber abatido a 40 soldados paquistaníes y recuperado los cuerpos de 13 de sus combatientes. Además, aseguran haber tomado el control de 15 puestos fronterizos y confiscado armamento pesado en zonas limítrofes. Pakistán, por su parte, minimizó estas cifras y contraatacó con declaraciones: “Las acciones afganas carecen de cálculo estratégico y tendrán consecuencias devastadoras”, advirtió un portavoz castrense.

El conflicto actual revivió un patrón visto en octubre de 2023, cuando ambos países intercambiaron bombardeos durante 48 horas seguidas, dejando decenas de víctimas. La diferencia ahora: los talibán han pasado de la defensa a un ataque organizado, con tácticas que recuerdan a las usadas durante su ofensiva de 2021 para tomar Kabul.

La Línea Durand: 130 años de conflicto sin resolver

El detonante inmediato de esta escalada fue un bombardeo paquistaní el 23 de febrero, que según Kabul dejó 17 civiles muertos y apuntó a campamentos del TTP (talibán paquistaníes) y de Daesh. Islamabad justificó entonces los ataques como represalia por atentados suicidas en su territorio, pero los talibán afganos los interpretaron como una “violación flagrante de su soberanía”.

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El corazón del problema es la Línea Durand, una frontera de 2.640 km trazada en 1893 por el diplomático británico Mortimer Durand y el emir afgano Abdur Rahman Jan. Mientras Pakistán la reconoció como límite oficial tras su independencia en 1947, ningún gobierno afgano —ni siquiera los talibán— ha aceptado su legitimidad. La línea divide a comunidades pastunes y baluches, lo que ha alimentado décadas de disputas, tráfico de armas y refugio para grupos insurgentes.

Un informe de la ONU en 2022 advirtió que esta zona es el epicentro del 60% de los conflictos transfronterizos en Asia Central. Los analistas señalan que, desde la caída de Kabul en agosto de 2021, los talibán han usado la frontera como moneda de cambio: permiten el paso de militantes del TTP a cambio de que Pakistán no apoye a la resistencia afgana.

¿Qué sigue? Tres escenarios posibles

1. Escalada controlada: Pakistán podría limitarse a ataques aéreos selectivos, como en 2022, cuando bombardeó posiciones talibán sin invadir territorio. Pero el riesgo es alto: en abril de 2023, un error en un bombardeo paquistaní mató a 7 niños en Afganistán, desatando protestas masivas.

2. Guerra por proxies: Islamabad podría activar a sus aliados dentro de Afganistán —como la red Haqqani— para debilitar a los talibán desde adentro. Esta táctica ya se usó en los 90, durante la primera guerra civil afgana.

3. Intervención internacional: China, que tiene intereses mineros en Afganistán y es aliada de Pakistán, podría mediar. Pero su influencia es limitada: en 2021, fracasó en un intento de negociar un cese al fuego tras un ataque similar.

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Mientras las potencias observan, una pregunta urge: ¿Estamos ante el primer conflicto abierto entre dos Estados nucleares desde 1999? Pakistán tiene 165 ojivas (según el SIPRI), y aunque Afganistán no posee armamento atómico, su alianza con grupos como Al-Qaeda añade un factor de riesgo global.

El precedente ignorado: cómo el ataque talibán de 2021 en Spin Boldak anticipó esta ofensiva

La táctica usada por los talibán en Kunar no es nueva: repite el patrón de la ofensiva relámpago de julio de 2021 en Spin Boldak, cuando 600 combatientes tomaron el distrito paquistaní en menos de 12 horas, dejando 47 muertos (21 soldados paquistaníes y 26 talibán). Aquella operación, liderada por el mismo comandante que ahora actúa en Kunar —Mullah Baradar Akhund, actual viceministro de Defensa talibán—, demostró dos cosas: 1) la capacidad de coordinar ataques nocturnos con drones de vigilancia iranía (modelos Ababil-3, según informes de la OTAN), y 2) la vulnerabilidad de los puestos paquistaníes en zonas montañosas, donde el 70% del armamento pesado debe transportarse en mulas.

Lo que cambia ahora es el contexto geopolítico. En 2021, Pakistán respondió con un contraataque limitado (operación «Marg Bar Sarmachar», que en pastún significa «Muerte a los insurgentes»), pero evitó escalar para no comprometer las negociaciones con Washington sobre la retirada de Afganistán. Hoy, sin tropas estadounidenses en la región y con los talibán consolidados en el poder, Islamabad carece de ese freno externo. Según datos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Pakistán ha reforzado sus posiciones fronterizas con un 30% más de efectivos desde 2022, pero el 85% de sus blindados (como los tanques Al-Khalid) están desplegados en la frontera con India, no con Afganistán. Esto explica por qué, en las últimas 24 horas, los talibán han logrado avanzar 7 km dentro de territorio paquistaní en el sector de Ghakhi, según imágenes satelitales de Planet Labs.

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Otros dos factores agravan el escenario:

  • El rol de Irán: Teherán, aliado táctico de los talibán desde 2021, ha suministrado misiles antitanque Dehlavieh (versión local del 9M133 Kornet ruso) a cambio de acceso a rutas comerciales hacia Asia Central. En marzo de 2023, un informe de la ONU documentó el uso de estos misiles en un ataque talibán contra un convoy paquistaní cerca de Chaman, donde murieron 11 guardias fronterizos.
  • La crisis económica paquistaní: Con una inflación del 38% (dato del Banco Mundial en enero de 2024) y reservas de divisas que apenas cubren 1.3 meses de importaciones, Islamabad no puede permitirse una guerra prolongada. Sin embargo, el primer ministro Shehbaz Sharif enfrenta presión interna: el ejército, que controla el 20% del PIB a través de empresas como Fauji Foundation, exige una respuesta contundente para justificar su presupuesto.

La trampa de la «guerra limitada»

El riesgo no es solo la escalada, sino la normalización del conflicto. Entre 2017 y 2020, Afganistán y Pakistán registraron 1,200 incidentes fronterizos (fuente: South Asia Terrorism Portal), pero ninguno superó las 20 bajas. Ahora, con 50 muertos en 24 horas, ambos bandos han cruzado un umbral psicológico. La pregunta no es si habrá más combates —el histórico sugiere que sí—, sino si esta vez China o Turquía (que tiene bases militares en Kabul) intervendrán para evitar que la Línea Durand se convierta en la nueva «frontera caliente» de Asia, como lo fue el Paralelo 38 en Corea. Los talibán, por su parte, ya han anunciado que su próxima meta es el puesto de Torkham, clave para el 40% del comercio paquistaní con Asia Central. Si caen allí, la guerra dejará de ser un intercambio de fuego para convertirse en un bloqueo económico.

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