Trump frena pacto con Irán: “Firmeza nuclear o nada. El estrecho de Ormuz sigue bloqueado”
Jaque diplomático: Trump congela negociaciones con Irán y mantiene el cerco al estrecho de Ormuz, por donde fluye el 20% del petróleo mundial.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este domingo que las conversaciones con Irán avanzan hacia un posible “acuerdo de principios”, pero advirtió que no habrá prisa ni concesiones. “Ambas partes deben tomarse su tiempo y hacerlo bien. No puede haber errores”, escribió en Truth Social, su plataforma digital. El mandatario insistió en que el bloqueo al estrecho de Ormuz —impuesto en 2019— seguirá “plenamente vigente” hasta que Teherán acepte un pacto “certificado y firmado”. Este canal marítimo, responsable de un tercio del petróleo transportado por vía acuática, ha sido escenario de crisis recurrentes, como el derribo de un dron estadounidense en 2019 y los ataques a petroleros en 2023, que elevaron los fletes un 180% desde 2017.
El estrecho de Ormuz es un punto crítico: por él transitan 21 millones de barriles diarios, equivalentes al consumo combinado de China, India y Japón. Su cierre total, aunque improbable, dispararía el precio del crudo a US$150 por barril, según estimaciones de Goldman Sachs en 2022.
Trump moderó su tono habitual y describió la relación con Irán como “mucho más profesional y productiva“, incluso abriendo la puerta a que Teherán se sume en el futuro a los Acuerdos de Abraham (2020), que normalizaron las relaciones entre Israel y varios países árabes. “Quién sabe”, declaró, en un guiño sin precedentes hacia un posible acercamiento entre dos enemigos históricos desde la Revolución Islámica de 1979, que derivó en la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense y 444 días de tensión.
Línea roja innegociable: Trump fue taxativo al reiterar que Irán “no puede desarrollar ni adquirir un arma nuclear”. Este punto es el principal obstáculo, ya que Teherán insiste en que su programa atómico tiene fines pacíficos, amparado en el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Sin embargo, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) ha documentado tres violaciones a los límites de enriquecimiento de uranio desde 2018, cuando EE.UU. abandonó el JCPOA. En 2023, Irán ya superaba el 60% de pureza —el umbral militar es 90%— y poseía 120 kg de uranio enriquecido, suficiente para fabricar dos bombas si decidiera purificarlo al nivel requerido, según un informe de Institute for Science and International Security.
El programa nuclear iraní aceleró su ritmo tras el abandono estadounidense del JCPOA en 2018. Antes de ese año, Irán cumplía con el límite de 300 kg de uranio enriquecido al 3.67%. Hoy, sus reservas superan las 5 toneladas, según datos de la AIEA.
Horas después, Trump publicó un segundo mensaje en Truth Social comparando su eventual acuerdo con el firmado en 2015 por Barack Obama, al que calificó de “desastroso”: “El acuerdo de Obama les dio a los iraníes US$150.000 millones en efectivo y una vía libre para la bomba. El nuestro será lo contrario”, afirmó. Aunque no reveló detalles —”ni siquiera está cerrado aún”—, descartó las críticas: “No escuchéis a los perdedores que opinan sobre algo que no conocen”. El JCPOA, recordó, permitió a Irán recuperar US$100.000 millones en activos congelados y reanudar exportaciones de petróleo, que alcanzaron 2.8 millones de barriles diarios en 2016, antes de que las sanciones de Trump las redujeran a 300.000 barriles en 2020.
Irán: entre la asfixia económica y el poderío militar
¿Qué exige Teherán? Mientras Trump prioriza garantías nucleares, Irán busca el levantamiento inmediato de las sanciones económicas, que han recortado sus exportaciones de petróleo en un 80% desde 2018. Además, exige que Washington retire a las Fuerzas de la Coalición desplegadas en Siria e Irak, cerca de sus fronteras. El último intento de diálogo, en 2022, fracasó cuando Irán condición que la Guardia Revolucionaria —designada grupo terrorista por EE.UU. en 2019— fuera excluida de las sanciones. Este cuerpo élite, con 125.000 efectivos y un presupuesto anual de US$7.000 millones, controla misiles balísticos y operaciones en el extranjero, como el apoyo a los hutíes en Yemen y a Hezbolá en Líbano.
La Guardia Revolucionaria iraní opera como un “Estado dentro del Estado”, con influencia en el 40% de la economía iraní a través de empresas en sectores como energía, construcción y telecomunicaciones, según un informe de United Against Nuclear Iran (UANI).
El fantasma del JCPOA: El acuerdo al que alude Trump, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), limitaba el programa nuclear iraní a cambio de aliviar sanciones. Sin embargo, EE.UU. se retiró en mayo de 2018, y desde entonces Irán ha acelerado su enriquecimiento de uranio. En 2023, ya superaba el 60% de pureza, mientras que en 2015 estaba limitado al 3.67%. ¿Podrá Trump imponer condiciones más duras que Obama, o repetirá los errores del pasado? El antecedente más cercano es el acuerdo con Corea del Norte en 2018, donde Trump logró una cumbre histórica con Kim Jong-un, pero no se tradujo en desnuclizarización.
2019: cuando el estrecho de Ormuz estuvo a minutos de la guerra
La decisión de Trump de mantener el bloqueo al estrecho revive el fantasma de junio de 2019, cuando una escalada en la zona llevó a EE.UU. e Irán al borde de un conflicto abierto. El detonante fue el derribo de un dron RQ-4A Global Hawk (valorado en US$130 millones) por un misil iraní Tor-M1, adquirido a Rusia en 2007. Trump ordenó un ataque con 10 aviones F-18 contra tres baterías iraníes, pero lo canceló 10 minutos antes del lanzamiento, según confirmó el entonces secretario de Defensa, Mark Esper. El motivo: las bajas civiles estimadas (150 personas) superaban la “proporcionalidad” del ataque.
El dron RQ-4A derribado en 2019 tenía un alcance de 16.000 km y era utilizado para vigilancia en el golfo Pérsico. Su pérdida expuso la vulnerabilidad de los activos estadounidenses frente a los misiles iraníes, cuya precisión mejoró tras la adquisición de tecnología rusa.
Irán respondió con una estrategia de “guerra híbrida”: entre julio y septiembre de 2019, secuestró cuatro petroleros (dos británicos, uno panameño y uno emirí) y atacó con drones la refinería saudí de Abqaiq, reduciendo el 5% de la producción global de crudo en un día. Los mercados reaccionaron con un salto del 15% en el precio del Brent, la mayor subida desde la Guerra del Golfo (1991). Hoy, Irán cuenta con misiles Khorramshahr-4, con alcance de 2.000 km —capaces de alcanzar Israel o bases estadounidenses— y un arsenal de drones Shahed-136, usados masivamente en Ucrania desde 2022.
El bloqueo actual no es simbólico: según la EIA, el tráfico en el estrecho de Ormuz cayó un 12% en 2023 respecto a 2018. Países como India y China, principales compradores de petróleo iraní, han recurrido a “petroleros fantasma” (buques que apagan sus transpondedores) para eludir el embargo. El costo logístico se disparó: el flete de un VLCC desde el golfo Pérsico a Asia pasó de US$15.000 diarios en 2017 a US$42.000 en 2023, según Clarksons Research.
¿Ajedrez geopolítico o ruleta rusa?
Trump apela a la “firmeza”, pero su margen es estrecho. Irán ya demostró en 2019-2020 que puede paralizar el comercio marítimo sin declarar una guerra abierta, usando grupos proxies como los hutíes en Yemen, responsables de 18 ataques a buques desde octubre de 2023. La pregunta clave no es si Teherán cederá en lo nuclear —algo que su líder supremo, Alí Jamenei, descarta desde 2005—, sino cuánto está dispuesto a pagar Washington por un acuerdo que podría ser tan frágil como el de 2015. Con las elecciones en EE.UU. a cinco meses, un pacto ahora sería un legado —o un lastre— para el próximo presidente.
El reloj avanza, y el riesgo de un error de cálculo crece. En 2019, un dron derribado casi desencadena una guerra. Hoy, con Irán a 60% de pureza en uranio y misiles capaces de alcanzar Tel Aviv, ¿cuál será el próximo movimiento que cruce la línea roja?
El precedente de Corea del Norte: ¿Repetirá Trump el mismo error con Irán?
La referencia de Donald Trump al acuerdo con Corea del Norte en 2018 no es casual. Ese año, el entonces presidente logró una cumbre histórica con Kim Jong-un en Singapur, donde se firmó una declaración conjunta que prometía la “desnuclearización completa de la península coreana”. Sin embargo, dos años después, Pyongyang no solo no desmanteló su arsenal nuclear, sino que lo expandió: según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), entre 2018 y 2023, Corea del Norte aumentó su stock de armas nucleares de 10-20 cabezas a 50-60, y perfeccionó misiles intercontinentales como el Hwasong-17, capaz de alcanzar cualquier punto de EE.UU.
El paralelo con Irán es inquietante. Al igual que con Corea del Norte, Trump busca un acuerdo “fuerte y verificable”, pero su estrategia de “máxima presión” (sanciones económicas + aislamiento diplomático) ya mostró sus límites en Asia. En 2019, Kim Jong-un reanudó las pruebas de misiles tras el fracaso de la segunda cumbre en Hanoi, donde EE.UU. rechazó levantar sanciones a cambio de un desmantelamiento parcial. Irán, que observa este precedente, ha sido claro: no repetirá el error de Libia en 2003, cuando Muamar Gadafi abandonó su programa nuclear a cambio de normalización con Occidente, solo para ser derrocado en 2011 con apoyo de la OTAN. Teherán exige garantías jurídicamente vinculantes de que Washington no volverá a retirarse del acuerdo, algo que Trump —con su historial de abandonos a tratados— difícilmente puede ofrecer.
Otro factor clave es el tiempo político. El acuerdo con Corea del Norte se firmó en junio de 2018, a medio año de las elecciones de mitad de mandato en EE.UU., donde Trump necesitaba un “éxito diplomático” para contrarrestar las críticas. Hoy, con las presidenciales a cinco meses, la presión por un acuerdo con Irán es aún mayor. Pero, como advirtió el entonces asesor de seguridad nacional John Bolton en sus memorias (The Room Where It Happened, 2020), “Trump prioriza los titulares sobre los detalles, y eso en diplomacia nuclear es una receta para el desastre”.
| Caso | Año | Resultado | Arsenal nuclear actual |
|---|---|---|---|
| Corea del Norte (Cumbre Singapur) | 2018 | Acuerdo simbólico sin desnuclearización | 50-60 cabezas nucleares (IISS, 2023) |
| Libia (Acuerdo con Gadafi) | 2003 | Desmantelamiento total a cambio de normalización | 0 (programa abandonado) |
| Irán (JCPOA, Obama) | 2015 | Limitación temporal (hasta 2025-2030) | Suficiente para 2 bombas (uranio al 60%, 2023) |
¿Un acuerdo con fecha de caducidad?
El riesgo no es solo que Irán repita el patrón de Corea del Norte, sino que un eventual pacto con Trump tenga los días contados. Si el republicano no gana en noviembre, un gobierno demócrata podría revisar —o incluso abandonar— el acuerdo, como hizo Biden con los Acuerdos de Abraham en temas como la anexión de territorios palestinos. Irán, que ya vivió el “trauma del JCPOA” (abandonado por Trump en 2018 pese a su cumplimiento), exige ahora compensaciones por daños económicos —estimados en US$1 billón por sanciones, según el banco central iraní—. La pregunta que pocos se atreven a formular: ¿Estaría Trump dispuesto a ceder en el levantamiento de sanciones a la Guardia Revolucionaria (como pidió Irán en 2022) a cambio de una foto histórica antes de las elecciones? En 2018, lo hizo con Kim Jong-un. En 2024, el costo de equivocarse sería mucho mayor.