Mapa global con misiles nucleares de EEUU y Rusia tras el fin del tratado que los limitaba durante 50 años

Fin del Nuevo START: EEUU y Rusia dejan el mundo sin frenos nucleares

Carrera sin límites: El último tratado que controlaba los arsenales nucleares de EEUU y Rusia expiró hoy. Por primera vez en 50 años, no hay reglas.

El Nuevo START, el último acuerdo bilateral para reducir y verificar los arsenales nucleares entre Estados Unidos y Rusia, expiró este jueves sin renovación. Firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvedev, este tratado era el único mecanismo vigente que limitaba a 1.550 ojivas estratégicas por país y permitía inspecciones mutuas. Su caducidad deja al mundo, por primera vez desde 1972, sin ningún límite legal sobre los misiles más letales del planeta.

El pacto, que entró en vigor en febrero de 2011, reemplazó al Tratado de Moscú (2003) y al START I (1991), reduciendo los arsenales en un 30% respecto a su predecesor. Además de limitar ojivas, establecía un techo de 700 misiles balísticos intercontinentales y bombarderos pesados, junto con un sistema de 18 inspecciones anuales para verificar el cumplimiento. Su fin elimina la última herramienta de transparencia entre las dos mayores potencias atómicas.

El tratado incluía cláusulas clave como notificaciones previas antes de lanzamientos de misiles y dos reuniones anuales de comisiones consultivas. Su duración inicial era de 10 años, con opción a prorrogarlo 5 años más —como ocurrió en 2021—, pero la invasión rusa de Ucrania en 2022 envenenó cualquier posibilidad de acuerdo. En febrero de 2023, Vladimir Putin suspendió la participación de Rusia, alegando que Occidente buscaba “la derrota estratégica” de su país. Un año después, en septiembre de 2025, propuso una prórroga de un año, pero las negociaciones no avanzaron.

¿Por qué este tratado era el “último dique” contra una guerra nuclear?

El Nuevo START no solo reducía armas: era un mecanismo de confianza. Permitía a ambos países verificar en tiempo real el arsenal del otro, evitando malentendidos que podrían desencadenar un conflicto. Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), en 2023 Rusia poseía 5.889 ojivas (1.550 desplegadas) y EEUU, 5.244 (1.670 desplegadas). Juntos concentran el 90% del arsenal nuclear global.

La suspensión de inspecciones en 2023 ya había debilitado el tratado. “Desde entonces, Rusia bloqueó 18 verificaciones programadas, aumentando la opacidad”, explicó a Europa Press Pablo Aguiar, director de FundiPau. Sin estas revisiones, EEUU no sabe dónde están desplegadas las nuevas ojivas rusas, y viceversa. “Es como conducir a ciegas en una autopista a 200 km/h”, comparó Aguiar.

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El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que esta es la primera vez en más de medio siglo que no hay “límites vinculantes” sobre los arsenales estratégicos. “El riesgo de un error de cálculo o una escalada accidental es ahora mayor que en cualquier momento desde la Crisis de los Misiles de Cuba (1962)“, declaró. Durante la Guerra Fría, tratados como el SALT I (1972) o el INF (1987) —que prohibía misiles de corto y medio alcance— evitaron catástrofes. Hoy, ninguno de esos acuerdos está vigente.

China, el obstáculo invisible en las negociaciones

Washington condicionó cualquier nuevo tratado a la inclusión de China, cuya arsenal ha crecido un 300% desde 2010 (de 40 a 400 ojivas, según el Pentágono). Sin embargo, Pekín se niega a negociar mientras su stock sea “inferior en un 90%” al de EEUU o Rusia, como declaró en 2023 el viceministro de Exteriores chino, Ma Zhaoxu. “Exigirnos paridad es como pedirle a un estudiante que compita en igualdad con dos profesores”, ironizó.

La Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), premio Nobel de la Paz en 2017, alertó que este vacío legal “alimenta la percepción de que las bombas son útiles“. En un mundo con nueve potencias nucleares —EEUU, Rusia, China, Francia, Reino Unido, Pakistán, India, Israel y Corea del Norte—, la falta de reglas “aumenta el riesgo de proliferación“, advirtió la organización. Core del Norte, por ejemplo, realizó 6 pruebas de misiles en lo que va de 2026.

Para Aguiar, la solución pasa por el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares (TPAN), adoptado en 2017 pero boicoteado por las potencias atómicas. “122 países lo apoyan, pero ninguno de los que tienen bombas lo ha firmado”, denunció. El TPAN prohíbe desarrollar, probar o amenazar con usar armas nucleares, pero EEUU, Rusia y China lo ignoran. “Es como tener un código de circulación que solo firman los peatones”, criticó.

¿Qué viene ahora? Tres escenarios posibles

1. Carrera armamentística acelerada: Sin límites, Rusia y EEUU podrían duplicar sus ojivas en 5 años, como ocurrió tras el fin del Tratado INF en 2019. “En 2021, Rusia probó el misil hipersónico Avangard, capaz de esquivar defensas”, recordó el analista Markus Schiller. EEUU, por su parte, invierte $1.500 millones anuales en modernizar su arsenal.

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2. Acuerdos bilaterales informales: Moscú propuso “compromisos voluntarios“, pero Washington los rechaza por considerarlos “inverificables“. “Sin inspecciones, es como firmar un contrato con los ojos vendados”, explicó una fuente del Departamento de Estado.

3. Multilateralismo forzado: La ONU podría presionar para incluir a China, Francia y Reino Unido en un nuevo marco. Sin embargo, Pekín ya advirtió que no negociará “bajo chantaje”. “Si EEUU quiere hablar de desarme, que empiece por reducir sus 1.700 ojivas desplegadas, el doble que las nuestras”, respondió el portavoz del Ministerio de Defensa chino, Wu Qian.

El exsecretario de Defensa de EEUU, William Perry, quien participó en las negociaciones del START I, advirtió en 2024 que “el riesgo de una guerra nuclear hoy es mayor que durante la Guerra Fría“. “Entonces había reglas; ahora, solo desconfianza y tecnología más letal“, dijo. Con misiles hipersónicos, inteligencia artificial y ciberguerra, “el margen de error se ha reducido a segundos“.

¿Estamos condenados a repetir los errores de 1962, cuando el mundo estuvo al borde del holocausto por un malentendido? Sin tratados, sin inspecciones y con líderes dispuestos a jugar al “chicken” nuclear, la respuesta depende de si la diplomacia puede actuar más rápido que los relojes del Día del Juicio Final —que en 2026 marcan 90 segundos para la medianoche, el punto más cercano desde su creación.

El precedente ignorado: cómo el fin del Tratado INF en 2019 aceleró la crisis actual

La expiración del Nuevo START no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una cadena de colapsos diplomáticos que comenzó con la muerte del Tratado INF en agosto de 2019. Ese acuerdo, firmado en 1987 por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov, eliminó 2.692 misiles de corto y medio alcance (500-5.500 km) y prohibió su desarrollo. Su fin, impulsado por acusaciones mutuas de incumplimiento —EEUU señalaba el misil ruso 9M729 (SSC-8), mientras Rusia denunciaba los sistemas Aegis Ashore en Europa—, abrió una brecha que hoy se ensancha. En solo 18 meses tras su ruptura, Rusia desplegó 4 batallones de misiles 9M729 en su distrito militar occidental, según datos de la OTAN.

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El paralelo con el Nuevo START es inquietante: en ambos casos, la desconfianza se alimentó de tecnologías no cubiertas por los tratados. El INF no contemplaba drones ni misiles hipersónicos; el Nuevo START ignoraba los armamentos tácticos (de menor alcance pero igual letalidad). Según un informe del Congreso de EEUU (2022), Rusia posee 1.900 ojivas tácticas —10 veces más que las desplegadas por Washington—, un desequilibrio que el tratado no abordaba. En 2021, Moscú probó el misil Kinzhal (1.500 km de alcance, velocidad Mach 10) desde un bombardero Tu-22M3, un sistema que el Nuevo START no limitaba por no ser “estratégico”. Hoy, ese vacío legal permite a Rusia desplegar Kinzhals en Kaliningrado, a 500 km de Berlín.

El error estratégico tras el INF fue asumir que la disuasión mutua bastaría sin verificaciones. Entre 2019 y 2023, EEUU gastó $44.500 millones en modernizar su tridente nuclear (misiles Minuteman III, submarinos Columbia-class), mientras Rusia asignó 4,3 billones de rublos (unos $60.000 millones) a su programa Avangard-Sarmat. El resultado: hoy hay 1.250 misiles más en alerta operativa que en 2019, según el Bulletin of the Atomic Scientists.

Tratado Año de fin Tecnología no regulada Consecuencia directa
INF (1987) 2019 Misiles hipersónicos, drones Rusia desplegó 4 batallones 9M729 en 18 meses
Nuevo START (2010) 2026 Ojivas tácticas, IA en sistemas de lanzamiento EEUU y Rusia aumentaron un 20% sus presupuestos nucleares en 2024

¿Por qué el “efecto dominó” de 2019 podría repetirse —pero peor—?

El colapso del INF demostró que, sin marcos legales, la innovación militar se acelera en la sombra. Hoy, China prueba misiles DF-27 (8.000 km de alcance) mientras EEUU desarrolla el B61-13, una bomba táctica con precisión de 30 metros. La diferencia clave: en 2019, aún existía el Nuevo START como “red de seguridad”. Ahora, no hay nada. El Reloj del Juicio Final no marca 90 segundos por casualidad: es el tiempo que tarda un misil Topol-M en alcanzar Washington desde un silo en Plesetsk. La pregunta ya no es si habrá una nueva carrera armamentística, sino cuándo el primer error técnico —o un algoritmo mal programado— convertirá una simulación en un lanzamiento real.

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