“Guerra total”: EE.UU. pide US$200.000 millones para aplastar a Irán en 20 días de ofensiva
Presupuesto de guerra: El Pentágono exige un fondo récord para una campaña relámpago que ya cumple tres semanas con un objetivo claro: aniquilar la capacidad militar iraní.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos confirmó este jueves que solicitará al Congreso un paquete de 200.000 millones de dólares (unos 174.100 millones de euros) para financiar la guerra en Irán, en un conflicto que cumple 20 días desde que Washington y Israel lanzaran una ofensiva conjunta por sorpresa. El objetivo declarado: “decapitar” a la República Islámica y destruir su infraestructura militar. Esta cifra supera en un 300% el presupuesto anual de defensa de Irán (estimado en US$24.600 millones en 2023, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, SIPRI).
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, justificó la petición con una frase contundente: “Hace falta dinero para eliminar a los malos”. Aunque advirtió que el monto final “podría variar” respecto a los US$200.000 millones iniciales, dejó claro que la administración de Donald Trump llevará la propuesta al Capitolio para “asegurar que el Ejército estadounidense esté financiado no solo para lo ya hecho, sino para lo que venga”. Trump, quien en 2020 retiró a EE.UU. del acuerdo nuclear con Irán (JCPOA), ha intensificado su retórica contra Teherán desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025.
¿Adónde irán los fondos? Munición, arsenal y un mensaje a Rusia y China
Hegseth detalló que el presupuesto se destinará prioritariamente a reabastecer munición, pero con un margen extra: “Por encima de lo necesario”. El objetivo no es solo cubrir el gasto actual, sino “reactivar la base industrial de defensa” y “reconstruir el arsenal de la libertad”, en sus palabras. “Vamos a reabastecernos más rápido de lo que nadie imaginaba”, prometió, en un guiño a la doctrina de “guerra relámpago” que EE.UU. ha aplicado en conflictos como la Invasión de Irak en 2003, donde el gasto en los primeros 30 días superó los US$12.000 millones (ajustados a inflación).
El funcionario contrastó esta estrategia con la de su predecesor, Joe Biden, a quien criticó por “desviar recursos a Ucrania” en lugar de priorizar “los intereses nacionales”. “Este proyecto de financiación garantizará que estemos listos para el futuro”, insistió Hegseth, en un contexto donde Irán ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz —por donde pasa el 20% del petróleo global— si la ofensiva continúa. ¿Podría este movimiento desencadenar una crisis energética sin precedentes?
El precedente que nadie olvida: Irak 2003 y el costo de una guerra prolongada
La solicitud del Pentágono evoca el patrón de gasto desatado en 2003 durante la invasión de Irak, donde el costo inicial estimado (US$60.000 millones) se disparó a US$2 billones en una década, según la Universidad Brown. En aquel entonces, el argumento fue la “guerra preventiva” contra armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. Hoy, el enfoque es “eliminar la amenaza iraní”, pero los analistas advierten: Teherán cuenta con misiles balísticos con alcance de 2.000 km (capaces de llegar a Israel y bases estadounidenses en el Golfo) y una red de proxies en Irak, Siria, Líbano y Yemen.
Mientras el Congreso debate el presupuesto, Irán ha respondido con ejercicios militares cerca de la frontera con Irak y el despliegue de su flota en el Golfo Pérsico. ¿Estamos al borde de un conflicto regional que arrastre a Rusia (aliada de Teherán) y China (su mayor comprador de petróleo)? Hegseth evitó responder directamente, pero su mensaje fue claro: “EE.UU. no dará ni un paso atrás”.
El juego geopolítico del petróleo: cómo el estrecho de Ormuz podría reescribir la guerra
La amenaza iraní de cerrar el estrecho de Ormuz —el cuello de botella por donde fluye el 20% del petróleo mundial2019, cuando Teherán derribó un dron estadounidense y las tensiones escalaron, el precio del crudo Brent subió un 10% en 48 horas (de $60 a $66 por barril). Hoy, con una guerra declarada y un Irán acorralado, los mercados ya anticipan un escenario peor: la agencia Rystad Energy calcula que un bloqueo prolongado dispararía el barril a $150, superando el récord de 2008 ($147). La diferencia clave: entonces la demanda china crecía al 12% anual; ahora, su economía se desacelera, pero su dependencia del crudo iraní (un 9% de sus importaciones en 2023) la obliga a actuar.
China no es el único actor en jaque. India, que en 2022-23 compró a Irán un 6% de su petróleo a pesar de las sanciones estadounidenses (usando rupees en lugar de dólares), ya ha activado su “plan de contingencia”: aumentar las importaciones desde Arabia Saudita y Emiratos Árabes, según confirmó una fuente del Ministerio de Petróleo indio a Reuters el pasado martes. Pero hay un problema: Riad y Abu Dabi no tienen capacidad excedente para cubrir un déficit de 4 millones de barriles diarios (lo que Irán exporta actualmente). La Agencia Internacional de Energía (AIE) advirtió en su informe de abril que las reservas estratégicas globales —incluyendo las de EE.UU.— solo cubrirían 90 días de consumo en caso de un corte total. Si la ofensiva se extiende, el mundo podría enfrentar su primera crisis de suministro sincronizada desde los años 70.
Mientras el Pentágono calcula costos militares, los mercados ya mueven fichas. El fondo soberano de Noruega (el mayor del mundo, con $1,4 billones en activos) redujo su exposición a empresas petroleras un 12% en el primer trimestre de 2025, según datos publicados ayer. BlackRock, por su parte, incrementó sus apuestas en energías renovables europeas un 30% desde que comenzó el conflicto. La paradoja: una guerra por el petróleo podría acelerar su obsolescencia.
La cuenta atrás que nadie menciona
Irán tiene un as bajo la manga: sus reservas estratégicas de misiles, estimadas en 3.000 unidades por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS). Pero su verdadero poder radica en el tiempo. Si el estrecho de Ormuz se cierra aunque sea 72 horas, los contratos de futuros del petróleo entrarán en “backwardation” (cuando el precio al contado supera al de futuros), un fenómeno que en 1990 —durante la Guerra del Golfo— desencadenó una recesión global. La pregunta no es si EE.UU. puede ganar la guerra en 20 días, sino si el mundo puede permitirse que dure 21.