Mapa del estrecho de Ormuz con rutas petroleras y buques de guerra en alerta por tensión geopolítica

“Luz verde de la UE: Ormuz se desbloqueará cuando la tensión lo permita”

Estrategia naval: La UE aprueba por unanimidad un plan para asegurar el estrecho de Ormuz, pero con una condición clave: la desescalada previa.

Los 27 líderes de la Unión Europea respaldaron este jueves la iniciativa de varios Estados miembro para participar en los esfuerzos internacionales destinados a garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, aunque subrayaron que estas acciones solo se materializarán “cuando se den las condiciones necesarias”. La decisión, adoptada durante la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno en Bruselas, refleja la cautela europea ante la creciente tensión en Oriente Próximo, donde el riesgo de un conflicto abierto amenaza con paralizar una de las rutas marítimas más críticas del mundo.

El texto aprobado por unanimidad destaca que el Consejo Europeo “celebra el refuerzo anunciado por algunos Estados miembro”, incluyendo una coordinación reforzada con socios regionales, para asegurar el paso seguro por el estrecho. Sin embargo, la UE evita mencionar directamente a Estados Unidos e Israel, dos actores centrales en la crisis, y en su lugar exige a “todas las partes” el “pleno respeto al Derecho Internacional”, en un intento por mantener un equilibrio diplomático en medio de las presiones geopolíticas.

El estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del petróleo mundial, ha sido escenario de repetidos incidentes en los últimos meses, incluyendo ataques a buques y la incautación de petroleros. La última crisis similar, en 2019, llevó a una escalada entre Irán y Occidente, con el Reino Unido desplegando buques de guerra para escoltar barcos comerciales.

División transatlántica: Europa rechaza la misión naval de Trump

La postura europea llega en un contexto de fricciones con Washington. Este mismo jueves, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón manifestaron su disposición a contribuir en los esfuerzos de seguridad marítima, pero rechazaron sumarse a la misión naval propuesta por el presidente estadounidense, Donald Trump. El mandatario, por su parte, minimizó la necesidad de apoyo externo, asegurando que “Estados Unidos no necesita ayuda para mantener abierto el paso”, una declaración que subraya la brecha estratégica entre ambos lados del Atlántico.

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La Operación Sentinel, lanzada por EE.UU. en 2019 para proteger el tráfico marítimo en la zona, contó con una participación limitada de aliados europeos, muchos de los cuales prefirieron evitar un enfrentamiento directo con Irán. Esta vez, la UE opta por una estrategia gradual, condicionada a una reducción de las hostilidades, lo que refleja las lecciones aprendidas de crisis pasadas, como el bloqueo del canal de Suez en 2021, que paralizó el comercio global durante semanas.

¿Qué implica la “condición necesaria” para actuar?

El matiz de la UE —“cuando se den las condiciones”— deja en manos de los Estados miembro la interpretación de cuándo será el momento adecuado para intervenir. Fuentes diplomáticas citadas por medios europeos señalan que Bruselas busca evitar una escalada militar accidental, similar a la ocurrida en junio de 2019, cuando Irán derribó un dron estadounidense, llevando al mundo al borde de un conflicto armado.

Mientras tanto, el alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, ha instado a “evitar acciones unilaterales” que puedan agravar la situación. La prioridad, según el texto aprobado, es “la desescalada inmediata” en Oriente Próximo, donde la guerra en Gaza y los ataques en el Mar Rojo ya han alterado las cadenas de suministro globales, con un aumento del 12% en los costos de flete desde octubre de 2023, según datos de la Organización Marítima Internacional (OMI).

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¿Logrará la UE equilibrar su compromiso con la seguridad marítima sin caer en la trampa de una guerra por delegación? La respuesta dependerá de si Irán y sus aliados —como los hutíes en Yemen— reducen sus acciones hostiles, o si, por el contrario, la región se hunde en un conflicto que podría repetir los errores de 2019, pero con consecuencias aún más graves.

El precedente de 2019: cuando Irán y Occidente casi chocan en Ormuz

La referencia explícita de la UE a los eventos de junio de 2019 no es casual. Ese año, el estrecho de Ormuz se convirtió en un polvorín tras una serie de incidentes que llevaron al mundo al borde de un conflicto abierto. El detonante fue el derribo de un dron RQ-4A Global Hawk de la Armada estadounidense por parte de Irán el 20 de junio, un suceso que el entonces presidente Donald Trump calificó como un “gran error” y que estuvo a punto de desencadenar un ataque militar directo. Según informes del Pentágono, los aviones estadounidenses ya estaban en el aire cuando Trump canceló la operación con solo 10 minutos de antelación, evitando lo que habría sido la primera acción bélica directa entre ambos países desde 1988.

Pero el incidente del dron no fue aislado. En los meses previos, Irán había incautado el petrolero británico Stena Impero (julio de 2019) en represalia por la retención de un buque iraní en Gibraltar, y antes, en mayo de ese año, cuatro barcos comerciales —dos saudíes, uno noruego y otro emirí— sufrieron ataques con minas frente a las costas de los Emiratos Árabes Unidos. La respuesta occidental fue la Operación Sentinel, una coalición naval liderada por EE.UU. que, irónicamente, contó con una participación europea limitada y fragmentada: solo Reino Unido, Dinamarca y Albania se sumaron inicialmente, mientras que países como Francia y Alemania optaron por misiones paralelas pero independientes, temerosos de ser arrastrados a un conflicto. El resultado fue una coordinación inefficaz que dejó al descubierto las divisiones transatlánticas —las mismas que hoy resurgen con la nueva crisis.

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Lo que pocos recuerdan es que, tras la tensión de 2019, el tráfico en el estrecho caó un 15% en solo tres meses, según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), y los costos de seguro para buques petroleros se dispararon un 210% en rutas críticas. La lección que la UE parece haber aprendido es que, sin un marco diplomático claro, incluso las operaciones navales más robustas pueden exacerbar los riesgos en lugar de mitigarlos.

¿Repetirá Europa los errores de 2019 o forjará una nueva hoja de ruta?

La cautela de Bruselas hoy contrasta con la improvisación de hace cinco años, pero el fantasma de 2019 planea sobre cada decisión. Entonces, la falta de unidad europea permitió a Irán explotar las grietas entre los aliados, usando tácticas de “guerra híbrida” (como el sabotaje a buques y la retención de tripulaciones) para presionar sin cruzar el umbral de la guerra abierta. Ahora, con la guerra en Gaza y los ataques hutíes en el Mar Rojo añadiendo capas de complejidad, la UE enfrenta un dilema aún mayor: ¿puede permitirse esperar a que Irán “desescale” cuando su propia economía depende de que el petróleo siga fluyendo? La respuesta podría definir no solo el futuro del estrecho, sino el papel de Europa como actor geopolítico en una década marcada por el resurgimiento de los conflictos asimétricos.

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