EEUU en alerta máxima: reuniones clave para evitar dos guerras en 2025
Contra el reloj: Washington acelera diálogos de seguridad y política para frenar escaladas en Ucrania y Taiwán antes de que sea tarde.
El gobierno de Estados Unidos ha activado una agenda de emergencia con dos cumbres de alto nivel: la primera, centrada en seguridad internacional el 29 de mayo en el Pentágono, y la segunda, sobre estrategias políticas los días 2 y 3 de junio. Estas reuniones, confirmadas por fuentes oficiales, buscan sincronizar acciones con aliados clave frente a las crecientes tensiones en Europa del Este —donde la guerra en Ucrania entra en su tercer año— y en el Indo-Pacífico, donde China intensifica sus maniobras alrededor de Taiwán.
El encuentro del 29 de mayo será crucial para definir la modernización de las alianzas militares, con especial atención a las amenazas cibernéticas y la expansión de capacidades de disuasión. Según analistas del Center for Strategic and International Studies (CSIS), este diálogo podría reconfigurar el papel de la OTAN en conflictos activos, como el de Ucrania, donde el apoyo logístico y tecnológico de EEUU ha sido decisivo. Solo en 2023, el Pentágono asignó US$48.000 millones en ayuda militar a Kiev, una cifra sin precedentes que subraya el compromiso estadounidense en la región. Este monto equivale al 60% del presupuesto anual de Defensa de España y supera en un 20% el gasto militar combinado de Polonia y los países bálticos.
Los días 2 y 3 de junio, las conversaciones virarán hacia lo político y diplomático, con dos ejes prioritarios: contener la influencia de China en el Indo-Pacífico y estabilizar América Latina, donde la migración irregular se ha disparado. Fuentes del Departamento de Estado revelaron que el flujo migratorio desde Venezuela aumentó un 300% en el último año, mientras que la presencia de Pekín en Nicaragua y Cuba —a través de inversiones en infraestructura y acuerdos de seguridad— ha crecido un 40% desde 2020, según datos de la Heritage Foundation.
Estas citas se desarrollan en un escenario de fractura interna en EEUU. El Congreso debate recortes al presupuesto de Defensa en medio de una polarización extrema: en abril de 2024, el Senado bloqueó una partida de US$61.000 millones para Ucrania, una decisión que generó roces con la administración Biden y aliados europeos como Alemania y Polonia. La paradoja es clara: mientras EEUU presiona a sus socios para aumentar el gasto militar, su propio Congreso frena fondos críticos. La pregunta que planea sobre la Casa Blanca es contundente: ¿Podrá Washington mantener su liderazgo global cuando su frente interno está más dividido que en las últimas tres décadas?
Expertos en seguridad nacional, como el general Mark Milley (exjefe del Estado Mayor Conjunto), advierten que, sin acuerdos concretos, la ventana para evitar una escalada en Taiwán o Corea del Norte podría cerrarse en 2025. “El tiempo se agota”, declaró un exasesor de la CIA en Foreign Affairs, señalando que “la parálisis interna de EEUU es interpretada como debilidad estratégica por Moscú y Pekín”. No es casualidad que, en los últimos seis meses, Rusia y China hayan realizado 12 ejercicios militares conjuntos, el doble que en todo 2022.
2014 vs. 2024: ¿Repetirá la OTAN los errores que permitieron la anexión de Crimea?
La reunión del 29 de mayo en el Pentágono evoca un fantasma del pasado: 2014, cuando la OTAN falló en anticipar la anexión rusa de Crimea. Documentos desclasificados por el National Security Archive revelan que la alianza recibió 17 informes de la CIA entre enero y febrero de ese año, alertando sobre movimientos de tropas rusas en la península. Sin embargo, fueron descartados como “ejercicios rutinarios”. El resultado: 40.000 soldados ucranianos quedaron rodeados en 72 horas, y hoy, una década después, la guerra suma 500.000 bajas estimadas (ONU) y un gasto militar europeo que saltó del 1,7% al 2,2% del PIB.
Hoy, tres factores que fallaron en 2014 vuelven a estar en la mesa —y esta vez, con un margen de error aún menor:
- Tiempo de reacción: En 2014, la OTAN tardó 11 días en activar protocolos de contingencia. Hoy, con misiles hipersónicos rusos capaces de alcanzar objetivos en Europa en menos de 10 minutos (según el informe Global Strike del Congressional Research Service, 2023), el margen es inexistente.
- Coordinación con aliados: Alemania, que en 2014 vetó el envío de armas letales a Ucrania, es hoy el segundo mayor donante militar (después de EEUU), con US$17.000 millones invertidos en 2023. Sin embargo, su industria de defensa aún depende en un 30% de componentes rusos (datos de Der Spiegel), una vulnerabilidad que Moscú podría explotar.
- Señales ignoradas: El GRU ruso (inteligencia militar) infiltró redes eléctricas ucranianas en 2015 y 2016, dejando sin luz a 225.000 personas. La OTAN reaccionó tarde, en 2018. Ahora, el Pentágono confirma que grupos como APT29 (vinculado al Kremlin) han probado los sistemas de 14 bases militares europeas en el último año. ¿Cuántas advertencias más se necesitarán antes de actuar?
La gran diferencia en 2024 es que China observa —y aprende—. Según el almirante Philip Davidson (exjefe del Comando Indo-Pacífico), Pekín ha replicado el “modelo Crimea” en sus ejercicios alrededor de Taiwán: simulacros de bloqueo naval cada 48 horas desde agosto de 2022, con un récord de 71 aviones de combate desplegados en un solo día (datos del Ministerio de Defensa taiwanés). En 2023, China superó a EEUU en el número de buques de guerra activos (355 frente a 296), según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).
¿Están los aliados de EEUU listos para actuar en horas, no en días?
El 29 de mayo no se limita a modernizar alianzas: es una prueba de fuego para responder una pregunta clave: ¿Pueden los socios de EEUU —divididos por recortes presupuestarios, dependencias energéticas y elecciones internas— reaccionar a tiempo? La ventana de 2025 no es retórica: es el plazo que, según la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), necesitaría Rusia para reconstruir su arsenal de misiles de precisión tras un conflicto prolongado. Y el que le tomaría a China completar su flota de portaaviones Tipo 003, capaces de operar más allá de la “primera cadena de islas”.
Si el Pentágono no logra un protocolo de respuesta automática —como el Artículo 5 light propuesto por Polonia en 2023—, el riesgo no es una nueva Crimea, sino algo más peligroso: dos frentes abiertos simultáneamente, con EEUU y sus aliados jugando a la defensiva. La historia juzgará si, en mayo de 2024, Washington aprendió la lección de 2014 —o si, una vez más, subestimó las señales hasta que fue demasiado tarde.
El precedente de 1996: cuando China ya probó la paciencia de EEUU en el Estrecho de Taiwán
Mientras el Pentágono analiza el 29 de mayo cómo contener la escalada en el Indo-Pacífico, hay un episodio histórico que resuena con fuerza en los pasillos del Departamento de Defensa: la Crisis del Estrecho de Taiwán de 1995-1996. En marzo de 1996, China lanzó misiles balísticos DF-15 y DF-21 a menos de 50 km de las costas de Taiwán, en lo que Pekín justificó como “ejercicios de disuasión” tras la visita del entonces presidente taiwanés, Lee Teng-hui, a Estados Unidos. La respuesta de Washington fue contundente: el presidente Bill Clinton desplegó dos grupos de batalla de portaaviones (el USS Nimitz y el USS Independence) al estrecho, marcando la mayor demostración de fuerza naval en la región desde la Guerra de Vietnam. El mensaje fue claro, pero el costo estratégico persiste: Pekín aprendió que EEUU intervendría militarmente, pero también que su umbral de tolerancia tenía límites.
Hoy, el paralelo con 1996 es inquietante. Según un informe desclasificado de la CIA en 2020, aquellos ejercicios chinos fueron el “punto de inflexión” que aceleró el desarrollo de misiles antibuque DF-21D (conocidos como “asesinos de portaaviones“), diseñados específicamente para neutralizar la ventaja naval estadounidense. En 2023, China probó con éxito una variante hipersónica de este misil, capaz de alcanzar velocidades de Mach 10 (12.350 km/h) y evadir sistemas como el Aegis, según datos del South China Morning Post. Más preocupante aún: en 1996, la flota china contaba con 56 buques de guerra principales; hoy supera los 355, incluyendo 3 portaaviones (el Liaoning, el Shandong y el recién botado Fujian), según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).
Otros dos factores refuerzan el espejo histórico:
- La doctrina de “guerra psicológica”: En 1996, China combinó los lanzamientos de misiles con una campaña de desinformación que logró una caída del 15% en la bolsa de Taiwán en solo una semana (datos del Taiwan Stock Exchange). Hoy, el Ejército Popular de Liberación (EPL) emplea tácticas similares, pero con herramientas digitales: en 2023, cuentas vinculadas al gobierno chino difundieron 12.000 tuits falsos sobre un supuesto “colapso económico” en la isla, según un estudio de la Universidad de Stanford.
- La división interna en EEUU: En 1996, el Congreso estadounidense aprobó por unanimidad una resolución de apoyo a Taiwán. En 2024, una encuesta de Pew Research revela que solo el 43% de los estadounidenses apoyaría un conflicto militar para defender la isla, mientras que el 31% de los republicanos (según Fox News) considera que el gasto en defensa de Taiwán “desvía recursos de problemas domésticos”.
¿Está EEUU repitiendo el error de subestimar a Pekín?
El 2 de junio, cuando las conversaciones políticas aborden el Indo-Pacífico, los estrategas de la Casa Blanca tendrán sobre la mesa un dato incómodo: China ha duplicado su gasto en inteligencia artificial militar desde 2020, invirtiendo US$1.600 millones anuales en sistemas autónomos, según el Center for a New American Security (CNAS). Mientras tanto, el presupuesto de la DARPA (la agencia de proyectos avanzados del Pentágono) para IA se ha mantenido estancado en US$300 millones desde 2021. La pregunta que pocos se atreven a formular es: ¿Está Washington preparando a sus aliados para un escenario donde Pekín actúe en 2025 como lo hizo en 1996, pero con capacidades que entonces no existían? La respuesta podría definir no solo el futuro de Taiwán, sino el equilibrio de poder global para las próximas dos décadas.