China frena armas a Irán, pero Trump celebra un pacto con trampa petrolera
Promesa con grietas: Xi Jinping frena el armamento a Irán, pero mantiene el grifo del petróleo abierto.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, desveló este jueves que su homólogo chino, Xi Jinping, se comprometió a no suministrar armamento a Irán durante su visita a Pekín, un gesto que el mandatario estadounidense calificó de “importante” en plena escalada de tensiones con Teherán. La declaración llega cuando el golfo Pérsico hierve: sanciones económicas asfixiantes, petroleros atacados y drones derribados marcan un escenario donde cada movimiento diplomático se lee como un ajedrez de alto riesgo. “No están en guerra con nosotros. Ha dicho que no va a proporcionar equipo militar. Es una declaración importante, hecha con firmeza hoy“, subrayó Trump en Fox News, en un fragmento difundido por la Casa Blanca.
El compromiso chino podría aliviar —al menos sobre el papel— las presiones de Washington sobre Pekín, acusado históricamente de socavar embargos de armas a regímenes bajo sanciones. Pero hay un “pero” del tamaño de un petrolero: Xi Jinping dejó claro que China no renunciará al crudo iraní, un negocio que representa el 90% de las exportaciones petroleras de Teherán, según un informe de marzo 2019 de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre EE.UU. y China. ¿Puede Pekín equilibrar su balanza entre Irán y Occidente sin caer en la hipocresía diplomática?
Trump también reveló que Xi expresó su preocupación por el estrecho de Ormuz, la garganta marítima por donde transita el 20% del petróleo global. “Les gustaría que el estrecho se abriera de inmediato. Yo le dije: ‘Nosotros no lo hemos cerrado. Ellos (Irán) son los que lo bloquean’“, declaró el presidente estadounidense. Pekín ha criticado en el pasado los “peajes” que Irán impone a los buques en la zona, una práctica que encarece el comercio internacional y que, según la Organización Marítima Internacional (OMI), ha incrementado los costos de flete en un 12% desde 2022.
La sorpresa llegó cuando Xi Jinping ofreció mediar entre EE.UU. e Irán, un gesto inusual en un contexto donde las negociaciones nucleares están paralizadas desde 2021. “Hizo una oferta para ayudar. Quien compra tanto petróleo, obviamente tiene influencia“, señaló Trump. La propuesta china emerge cuando el golfo Pérsico arde: ataques a petroleros saudíes, drones derribados y la sombra de un conflicto abierto planean sobre la región. ¿Es Pekín un mediador sincero o un actor que juega a dos bandas?
Este acercamiento entre Trump y Xi —en medio de una guerra comercial que ha impuesto aranceles por US$550.000 millones desde 2018— sugiere que el tema iraní podría ser un oasis de diálogo en un desierto de tensiones. Pero el historial chino invita al escepticismo. ¿Logrará China ser un puente entre Irán y Occidente, o su doble discurso —petróleo por un lado, promesas de desarme por otro— terminará por ahondar la desconfianza?
El guión repetido: cómo China engatusa a EE.UU. con Irán (y Corea del Norte)
La promesa de Xi Jinping de no armar a Irán mientras sigue comprando su petróleo no es nueva: es el mismo libreto que Pekín usó con Corea del Norte en 2017. Entonces, China apoyó públicamente las sanciones de la ONU contra Pyongyang por su programa nuclear —incluidas las resoluciones 2371 y 2375, que prohibían exportaciones de carbón, hierro y plomo—, pero aumentó sus intercambios comerciales con el régimen de Kim Jong-un en un 10,5% en el primer semestre de ese año, según la Aduana General de China. La estrategia era clara: cumplir con las formas para apaciguar a Washington, pero proteger los intereses económicos que mantienen vivo a un aliado estratégico.
Los informes de la ONU de 2018, como el del panel de expertos liderado por Hugh Griffiths, demostraron que barcos chinos seguían transportando materiales prohibidos bajo banderas de conveniencia de países como Panamá o Camboya. La táctica, entonces y ahora, es idéntica: reducir el flujo de armas (para contentar a EE.UU.) pero mantener el comercio de materias primas (para evitar el colapso de un socio clave). Con Irán, el patrón se repite: Xi promete no vender armamento, pero no toca el petróleo, que aporta el 60% de los ingresos por exportaciones de Teherán, según el FMI en 2022.
Hay un precedente aún más revelador: en 2019, cuando EE.UU. retiró las exenciones que permitían a ocho países (China incluida) comprar petróleo iraní sin sanciones, Pekín redujo sus importaciones en un 40% durante seis meses. Pero le bastó ese tiempo para reorganizar la compra mediante intermediarios en Malasia y Singapur, según un informe de Reuters basado en datos de seguimiento de buques. El volumen real de importaciones nunca cayó: solo se hizo opaco. La pregunta ahora es si Trump, enfocado en su campaña de reelección, aceptará este juego de espejos a cambio de un gesto simbólico como el anuncio de Xi.
2024: ¿un año de fingida moderación o de giros radicales?
La historia sugiere que China no abandonará a Irán, pero tampoco desafiará frontalmente a Washington en un año electoral clave. Lo más probable es un compromiso a medias: promesas verbales de no armar a Teherán (fáciles de negar si surgen pruebas) junto a un aumento discreto de importaciones petroleras mediante mecanismos difíciles de rastrear. El verdadero test llegará en noviembre de 2024: si Trump gana, China podría endurecer su postura para negociar aranceles; si pierde, Pekín acelerará sus lazos con Irán, como hizo en 2021, cuando firmó un acuerdo de cooperación por 25 años valorado en US$400.000 millones —justo después de la salida de Trump de la Casa Blanca.
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue siendo un polvorín, y el petróleo iraní, el talón de Aquiles de cualquier sanción. ¿Estamos ante un acuerdo temporal o el inicio de otro “entendimiento ambiguo” que solo pospone el conflicto?
El petróleo iraní en la sombra: cómo China burla las sanciones con “barcos fantasma”
Mientras Xi Jinping promete a Trump no armar a Irán, el crudo sigue fluyendo hacia China a través de una red opaca de “barcos fantasma” —embarcaciones que apagan sus transpondedores para evitar ser rastreadas—. Según un informe de Windward, empresa especializada en inteligencia marítima, entre enero y junio de 2023, al menos 120 petroleros vinculados a Irán operaron en “modo oscuro” cerca de puertos chinos, principalmente en Zhoushan y Ningbo. El mecanismo no es nuevo: en 2020, la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE.UU.) sancionó a seis compañías chinas, entre ellas Zhuhai Zhenrong y Jiaxiang Shipping, por usar esta táctica para importar 2 millones de barriles mensuales de crudo iraní, valorados en $120 millones al cambio de entonces.
El modus operandi es sistemático: los buques iraníes transfieren el petróleo en alta mar a barcos con banderas de Panamá, Liberia o las Islas Marshall —países con registros navieros laxos—, que luego lo descargan en China bajo documentos falsificados que lo declaran como crudo de Omán, Irak o Malasia. Un caso emblemático fue el del petrolero Pacific Bravo, que en abril de 2022 fue interceptado por las autoridades indonesias con 280.000 barriles de crudo iraní camuflados como “producto químico”. El barco, propiedad de una empresa con sede en Hong Kong, tenía como destino final el puerto chino de Quanzhou. Según datos de Kpler, una firma de análisis de commodities, este tipo de operaciones permitió a China importar un promedio de 700.000 barriles diarios de Irán en 2023, despite las sanciones.
La complicidad no se limita al sector privado. En noviembre de 2022, un informe del Congreso de EE.UU. reveló que el Banco de Kunlun, una entidad estatal china, facilitó transacciones por $2.000 millones entre 2019 y 2021 para pagar petróleo iraní, usando cuentas en Emiratos Árabes Unidos y Turquía como puente. El banco, que ya había sido sancionado en 2012 por operaciones similares, reactivó sus canales tras un paréntesis de dos años, demostrando que Pekín ajusta sus tácticas, pero no su objetivo: mantener el flujo de energía a cualquier precio.
| Año | Mecanismo de evasión | Volumen estimado (barriles/día) | Actores clave |
|---|---|---|---|
| 2019 | Transferencias en alta mar + documentos falsos | 500.000 | Zhuhai Zhenrong, Cosco Shipping |
| 2021 | Bancos estatales (Kunlun) + intermediarios en EAU | 650.000 | Banco de Kunlun, Petrochina |
| 2023 | “Barcos fantasma” + banderas de conveniencia | 700.000 | Jiaxiang Shipping, puertos de Zhoushan |
¿Por qué Trump mira hacia otro lado?
La tolerancia de la administración Trump —y antes, la de Biden— hacia este contrabando institucionalizado responde a un cálculo frío: China es el único comprador que mantiene a Irán lejos del colapso económico, evitando una crisis migratoria o un conflicto abierto que dispararía los precios del petróleo a $150 por barril, como ocurrió en 1979 tras la Revolución Islámica. Pero hay un riesgo inmediato: si Teherán percibe que Pekín no enfrentará consecuencias reales por violar las sanciones, podría acelerar su programa nuclear. En 2015, un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) advirtió que Irán necesita al menos $50.000 millones anuales en ingresos petroleros para financiar su presupuesto militar. Con China garantizando ese flujo —aunque sea en la sombra—, el régimen de los ayatolás tiene margen para esperar. La pregunta es si Trump, en plena campaña, está dispuesto a desafiar a Pekín justo cuando necesita su cooperación en otros frentes, como Corea del Norte o Taiwán.