“No hay más”: Irán frena el mundo sin reservas de petróleo extra
Crudo en jaque: Teherán confirma que sus reservas están al límite, sin margen para aliviar la crisis global.
La República Islámica de Irán lanzó este viernes un mensaje contundente al mercado energético global: no cuenta con excedentes de petróleo para exportar, en un momento crítico donde el conflicto en Oriente Próximo ha disparado los precios y paralizado el tráfico en el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del suministro mundial. La tensión geopolítica amenaza con ahondar la escasez que ya golpea a economías dependientes del crudo.
“En la actualidad, Irán prácticamente no dispone de petróleo crudo en almacenamiento ni de excedentes que pueda enviar a otros mercados mundiales”, publicó en redes sociales Saman Ghodousi, vocero del Ministerio de Petróleo iraní. Su declaración llega apenas 48 horas después de que la OPEP+ advirtiera sobre un déficit de 3 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2024, según datos internos filtrados a Reuters.
La respuesta de Teherán es un revés directo a la propuesta del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, quien el jueves sugirió en Fox Business levantar parcialmente las sanciones al crudo iraní ya embarcado para inyectar liquidez al mercado. Ghodousi tachó la iniciativa de “maniobra psicológica” destinada a “calmar artificialmente a los compradores” y evitar un nuevo salto en los futuros del Brent, que esta semana rozaron los US$95 por barril, su nivel más alto desde octubre de 2023.
El volumen en juego asciende a 140 millones de barriles, según cifras oficiales estadounidenses, una cantidad equivalente al consumo diario global durante 1,5 días. Sin embargo, analistas de Goldman Sachs estiman que, incluso si se liberaran, solo 60 millones podrían llegar al mercado antes de junio debido a restricciones logísticas en los puertos iraníes.
EE.UU. activa su “plan B”: reservas estratégicas en juego
Ante el bloqueo iraní, la Administración de Donald Trump evalúa una segunda liberación unilateral de reservas estratégicas, según confirmaron fuentes del Departamento de Energía a Bloomberg. Washington ya inyectó 172 millones de barriles en coordinación con la Agencia Internacional de la Energía (AIE) desde marzo, elevando a 400 millones el total disponible para estabilizar precios. Pero la medida tiene un costo: las reservas estadounidenses han caído a su nivel más bajo desde 1984, con solo 358 millones de barriles restantes, según datos de la EIA.
El problema no es solo la cantidad, sino la calidad. Más del 60% de las reservas estratégicas de EE.UU. son crudos pesados y ácidos, difíciles de refinar para producir gasolina, según un informe de 2023 del Congressional Research Service. Esto limita su utilidad para aliviar la escasez de diésel en Europa, donde los inventarios están un 12% por debajo del promedio de los últimos cinco años.
Mientras las potencias buscan soluciones, el mercado reacciona: los contratos de futuros del WTI para mayo subieron un 3,2% en la sesión asiática, y los analistas de JPMorgan Chase prevén que el Brent podría superar los US$100 en las próximas dos semanas si el conflicto en Oriente Próximo escalara. ¿Estamos al borde de un shock de oferta como el de 1973, cuando el precio del petróleo se cuadruplicó en menos de un año?
El precedente de 1973: cómo un embargo iraní podría repetir la crisis que paralizó al mundo
La advertencia de Irán sobre su incapacidad para exportar excedentes de petróleo evoca el fantasma del embargo de 1973, cuando la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), liderada entonces por Arabia Saudita e Irán, recortó la producción un 5% mensual y prohibió las ventas a países aliados de Israel. El resultado fue catastrófico: el precio del crudo se disparó de US$3 a US$12 por barril en solo tres meses, desencadenando una recesión global, colas kilométricas en gasolineras y racionamientos en Europa y EE.UU. Hoy, con el Estrecho de Ormuz —por donde pasa el 30% del petróleo marítimo mundialsí tenía reservas estratégicas para manipular el mercado.
En octubre de ese año, el sha Mohammad Reza Pahlavi ordenó reducir la producción iraní en un 20% como represalia por el apoyo occidental a Israel en la Guerra de Yom Kippur. La medida, coordinada con otros miembros de la OPEP, provocó que países como Países Bajos —que dependían en un 70% del crudo árabe— vieran su PIB caer un 3,5% en 1974. Hoy, Irán no solo carece de excedentes, sino que su capacidad de refinamiento se ha reducido un 40% desde 2018 debido a las sanciones estadounidenses, según datos de la Energy Information Administration (EIA). Esto significa que, incluso si levantaran las restricciones mañana, Teherán no podría replicar el papel desestabilizador que jugó hace cinco décadas.
Sin embargo, el verdadero peligro radica en la interdependencia actual. En 1973, EE.UU. importaba solo el 35% de su petróleo; hoy, esa cifra supera el 60%, y Europa depende en un 85% de las importaciones, con Rusia e Irán como proveedores clave antes de las sanciones. Si el conflicto en Oriente Próximo escalara —por ejemplo, con un ataque directo a infraestructura petrolera iraní—, el shock sería inmediato: los analistas de Bank of America estiman que un cierre de 30 días del Estrecho de Ormuz dispararía el Brent a US$150 por barril, superando el récord de US$147 alcanzado en 2008 durante la crisis financiera.
¿Podría la IA evitar el colapso esta vez?
En 1973, el mundo tardó meses en reaccionar. Hoy, los algoritmos de trading de alta frecuencia —como los de Virtu Financial o Citadel Securities— detectan desequilibrios en milisegundos y activan compras masivas de futuros, acelerando la volatilidad. La pregunta no es si habrá un shock, sino si los gobiernos están preparados para una crisis donde el petróleo no solo es un commodity, sino un arma geopolítica en manos de actores con menos margen de maniobra que en el pasado. La próxima semana, la reunión de emergencia de la OPEP+ en Viena podría definir si el mundo repite los errores de 1973… o si esta vez el colapso llega antes de que nadie pueda frenarlo.