Mapa del Golfo Pérsico con rutas de misiles iraníes apuntando a plantas eléctricas de Israel y Arabia Saudita

Irán amenaza con contraataque masivo si Trump bombardea sus plantas energéticas

Escalada inminente: La Guardia Revolucionaria iraní advierte de un contraataque devastador si EEUU cumple su amenaza de bombardear infraestructura crítica.

La Guardia Revolucionaria de Irán elevó este lunes el tono de la crisis al anunciar que está preparada para responder con “intensidad disuasoria” a cualquier ataque estadounidense contra sus instalaciones energéticas. La advertencia llega tras el ultimátum lanzado por el entonces presidente Donald Trump, quien amenazó con bombardear plantas eléctricas iraníes si Teherán no garantiza en las próximas horas la libre circulación en el estrecho de Ormuz, ruta vital para el 20% del petróleo global.

En un comunicado difundido por la agencia Tasnim —vinculada al cuerpo militar—, un portavoz detalló el plan de represalia: “Si bombardean nuestras plantas eléctricas, atacaremos las centrales del régimen ocupante de Israel y las de los países vecinos que suministren electricidad a bases estadounidenses. Además, destruiremos infraestructura económica, industrial y energética donde EEUU tenga participación”. Esta estrategia busca golpear no solo a Israel, aliado clave de Washington, sino también a naciones del Golfo Pérsico como Arabia Saudita o Emiratos Árabes, que albergan instalaciones críticas para las operaciones militares estadounidenses.

El gobierno iraní intentó distanciarse de la retórica belicista de Trump, subrayando que fue EEUU quien amenazó primero con cortar servicios esenciales, como hospitales, redes de agua y plantas desalinizadoras —un movimiento que Teherán tachó de “inhumano”. “Vosotros bombardeasteis nuestros hospitales, nosotros no; atacasteis nuestros centros de ayuda, nosotros no; destruisteis nuestras escuelas, nosotros tampoco“, enumeró el vocero, antes de lanzar una advertencia simétrica: “Si EEUU corta nuestra electricidad, nosotros cortaremos la suya”.

La amenaza iraní no es nueva: en 2019, tras el asesinato del general Qasem Soleimani en un ataque con drone estadounidense, la Guardia Revolucionaria respondió con misiles balísticos contra bases en Irak que albergaban tropas de EEUU. Aunque entonces no hubo víctimas mortales, el mensaje fue claro: Irán prioriza la asimetría en sus represalias, evitando confrontaciones directas pero golpeando donde más duele. Ahora, con el estrecho de Ormuz como epicentro —por donde transita un tercio del comercio marítimo global de crudo—, el riesgo de un conflicto abierto se multiplica.

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Mientras el plazo de Trump está a punto de vencer, Reza Pahlaví, hijo del último sha de Irán y figura opositora al régimen, instó a EEUU e Israel a “seguir golpeando al aparato represivo” de Teherán, pero con una condición: “proteger la infraestructura civil que los iraníes necesitarán para reconstruir su país”. Su declaración refleja el dilema de la oposición iraní en el exilio: apoyar acciones contra el régimen sin que la población pague el precio.

¿Qué pasará si Irán cierra el estrecho de Ormuz, como ha amenazado en el pasado? Un bloqueo prolongado podría disparar el precio del barril de petróleo a más de US$150, según analistas de Goldman Sachs, y desencadenar una crisis energética global. La pregunta ahora no es si habrá represalias, sino cuándo y con qué magnitud.

El precedente de 2019 y la doctrina de represalia asimétrica iraní: ¿qué aprendió EEUU?

La amenaza actual de la Guardia Revolucionaria no es retórica vacía: responde a un patrón probado en enero de 2019, cuando Irán ejecutó su doctrina de represalia asimétrica tras el asesinato del general Qasem Soleimani en Bagdad. Entonces, Teherán lanzó 22 misiles balísticos (11 desde Kermanshah, 5 desde Teherán y 6 desde otra base no revelada) contra la base aérea de Ain al-Asad en Irak, donde estaban desplegadas tropas estadounidenses. Aunque el Pentágono minimizó los daños —reportando solo 110 soldados con conmoción cerebral—, imágenes satelitales posteriores revelaron que al menos 5 edificios quedaron destruidos, incluyendo un centro de operaciones y un hangar con drones MQ-9 Reaper (valorados en US$30 millones cada uno).

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Lo clave de aquel episodio fue la selección calculada de blancos: Irán evitó víctimas masivas (alertó a Irak con horas de antelación) pero demostró capacidad para golpear con precisión. Ahora, la amenaza contra plantas eléctricas israelíes y saudíes sigue el mismo guión. Según un informe de International Crisis Group (2020), Irán tiene desplegados en Siria e Irak más de 1.000 misiles de corto y medio alcance (como los Fateh-110, con un margen de error de solo 50 metros), suficientes para saturar sistemas antiaéreos como el Iron Dome israelí. Además, Teherán ha perfeccionado su arsenal con drones Shahed-136 (usados masivamente en Ucrania), capaces de evadir radares y alcanzar objetivos a 2.000 km con un costo de apenas US$20.000 por unidad.

El estrecho de Ormuz añade otra capa de complejidad. En julio de 2018, Irán ya incautó un buque cisterna británico (Stena Impero) y derribó un dron estadounidense RQ-4 Global Hawk (valorado en US$130 millones) en la zona, sin que EEUU respondiera militarmente. La diferencia hoy es que Trump, en su último mandato, ordenó en 2020 el asesinato del científico nuclear Mohsen Fakhrizadeh cerca de Teherán, un ataque que Irán atribuyó a Israel pero que, según The New York Times, contó con inteligencia y logística estadounidense. Esa operación —ejecutada con un robot teledirigido y francotiradores— marcó un punto de no retorno: fue la primera vez que EEUU/Israel eliminaron a un alto cargo iraní dentro de su territorio con tecnología no convencional.

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¿Por qué esta vez el riesgo de escalada es distinto?

En 2019, Irán calculó que EEUU no quería una guerra abierta antes de las elecciones presidenciales. Hoy, con Trump fuera del poder pero aún influyente, y con Biden enfocado en Ucrania y China, Teherán podría interpretar que Washington no está dispuesto a arriesgar una crisis petrolera en año electoral. Pero hay un factor nuevo: Arabia Saudita e Israel han firmado acuerdos secretos de defensa aérea (revelados por Wall Street Journal en 2023), que permiten a Riad usar sistemas israelíes como el Arrow-3 para interceptar misiles iraníes. Si Irán ataca plantas saudíes, Israel podría responder automáticamente bajo ese protocolo, arrastrando a EEUU a un conflicto que nadie controla. La pregunta no es si Irán actuará, sino si sus aliados en Irak (milicias como Kataib Hezbolá) y Yemen (los hutíes) sincronizarán ataques para saturar las defensas enemigas. En 2019, eso no ocurrió. Ahora, con el petróleo a US$90 por barril y las reservas estratégicas de EEUU en mínimos desde 1983, el margen de error es cero.

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