Donald Trump en rueda de prensa con mapa de Oriente Medio y bandera de EE.UU. al fondo, hablando de estrategia militar contra Irán

“Guerra relámpago”: Trump minimiza plazos y asegura victoria “fácil” contra Irán en 21 días

Plazo incierto: El presidente Trump calcula entre 14 y 21 días para resolver el conflicto con Irán, mientras insiste en que EE.UU. “ya ganó” militarmente.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado este martes en una entrevista con ABC News que la guerra con Irán podría extenderse “dos semanas, o quizás tres”, aunque descartó que el factor tiempo sea “crucial” para los intereses de Washington. “De una forma u otra, ganamos“, declaró con contundencia, repitiendo un mensaje que, según admitió, ha expresado “un millón de veces”: “O cerramos el trato correcto o ganamos con mucha facilidad. Desde el punto de vista militar, ya hemos ganado“.

La declaración llega en un contexto de tensión escalada tras los recientes ataques de Irán contra Emiratos Árabes Unidos (EAU), que Trump evitó calificar como violación de la tregua. “Ya veremos qué pasa”, respondió evasivamente, mientras que el lunes, durante un acto en la Casa Blanca, había minimizado el impacto de esos ataques al asegurar que “no hubo daños importantes”. Este patrón de restar gravedad a los incidentes contrasta con el discurso de 2020, cuando el asesinato del general iraní Qasem Soleimani —ordenado por su administración— desencadenó una crisis que llevó al borde de una guerra abierta.

Trump también desestimó las encuestas que señalan un creciente rechazo ciudadano al conflicto, asegurando que existe “una gran aceptación” entre el público estadounidense. “El tiempo no es un factor crucial para nosotros“, insistió, una postura que choca con los informes del Pentágono, que en 2023 advirtió sobre los riesgos de un conflicto prolongado en Oriente Medio, incluyendo el desgaste logístico y el costo humano para las tropas desplegadas.

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Control del estrecho de Ormuz y la operación “Proyecto Libertad”

El mandatario afirmó que Estados Unidos ha tomado el control del estrecho de Ormuz, una ruta crítica para el 40% del comercio marítimo global de petróleo, tras activar la operación “Proyecto Libertad”. Presentada como una iniciativa “humanitaria” para facilitar el tráfico de buques atrapados en el golfo Pérsico, esta maniobra militar recuerda a la Operación Earnest Will de 1987, cuando EE.UU. escoltó petroleros durante la guerra Irán-Irak. Sin embargo, analistas señalan que, a diferencia de entonces, hoy el riesgo de un bloqueo iraní es mayor debido a su capacidad de usar minas navales y misiles antibuque.

Sobre las reservas de uranio iraníes —el argumento central esgrimido por Washington y Tel Aviv para justificar la ofensiva—, Trump las minimizó: “Probablemente no se pueden usar“, dijo, atribuyendo esto a los bombardeos de junio. No obstante, añadió que le “gustaría” incautarlas para evitar que Teherán “caiga en la tentación” de revivir su programa nuclear. Este comentario llega cuando la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) reportó en 2024 que Irán había enriquecido uranio al 84%, un nivel cercano al necesario para fabricar armas, aunque el país insiste en que su uso es pacífico.

La estrategia de Trump de combinar presión militar con declaraciones que restan importancia al conflicto genera incertidumbre. Mientras el secretario de Estado, Mike Pompeo, advirtió en 2022 que Irán podría tener material para un arma nuclear en “cuestión de semanas”, el presidente repite que la victoria es “fácil”. ¿Qué pasará si Teherán responde con un ataque directo a intereses estadounidenses en la región? La historia reciente —desde el ataque a Abqaiq en 2019 hasta el derribo de un dron Global Hawk— sugiere que Irán no dudará en escalar.

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El precedente de 2019: cuando Irán demostró su capacidad de respuesta asimétrica

Las declaraciones de Trump sobre una victoria “fácil” en 21 días ignoran un episodio clave que expuso la vulnerabilidad de EE.UU. en la región: el ataque a las instalaciones petroleras de Abqaiq y Khurais el 14 de septiembre de 2019. Ese día, 18 drones y 7 misiles de crucero lanzados desde Irán —según informes de inteligencia saudíes y estadounidenses— impactaron el corazón de la producción de Aramco, reduciendo temporalmente en un 50% la capacidad de extracción de Arabia Saudita (5.7 millones de barriles diarios). Aunque Trump minimizó entonces el incidente (“fue un ataque muy pequeño”, dijo), el Pentágono reconoció internamente que Irán había demostrado poder eludir los sistemas de defensa aérea Patriot desplegados en la zona, un hecho que contrasta con su actual confianza en la superioridad militar.

El ataque de 2019 no fue un caso aislado. Tres meses antes, en junio de 2019, Irán derribó un dron RQ-4A Global Hawk de la Armada estadounidense —valorado en $130 millones— con un misil 3rd Khordad, un sistema de defensa aérea de fabricación local. La respuesta de Trump en ese momento fue ordenar un bombardeo a posiciones iraníes… para cancelarlo 10 minutos antes del lanzamiento, según reveló él mismo en Twitter. Estos dos eventos —Abqaiq y el Global Hawk— marcaron un punto de inflexión: demostraron que Irán podía infligir daños estratégicos sin activar una respuesta militar convencional de EE.UU., optando en su lugar por ciberataques, proxies (como los hutíes en Yemen) y operaciones encubiertas. Hoy, con el estrecho de Ormuz bajo tensión y el “Proyecto Libertad” en marcha, el riesgo de una réplica iraní fuera del campo de batalla tradicional es mayor que nunca.

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Otros datos que complican el escenario:

  • En 2020, Irán desplegó más de 3,000 minas navales en ejercicios cerca del estrecho de Ormuz, según informes de la Marina de EE.UU., capaces de paralizar el tráfico marítimo en horas.
  • El misil Khalij Fars, probado en 2014, tiene un alcance de 300 km y fue diseñado específicamente para atacar buques en el golfo Pérsico.
  • Desde 2021, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ha aumentado en un 40% su inventario de misiles balísticos de corto alcance, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).

¿Victoria en 21 días o jaque mate en el tablero iraní?

Trump apuesta por una guerra relámpago, pero la historia reciente sugiere que Irán juega al ajedrez asimétrico: cada movimiento estadounidense —desde el asesinato de Soleimani hasta el “Proyecto Libertad”— ha sido respondido con acciones que evitan la confrontación directa pero maximizan el costo político y económico para Washington. Si en 2019 un ataque a infraestructura petrolera bastó para disparar el precio del crudo en un 15% en un día, ¿qué pasaría si hoy Irán combina un bloqueo parcial del estrecho con ciberataques a refinerías aliadas? La pregunta no es si Teherán responderá, sino cuándo y cómo, y si la administración está preparada para una guerra que, lejos de durar semanas, podría extenderse en frentes invisibles durante años.

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