“Guerra sin reglas”: Zelenski justifica el ataque con 80 drones a Moscú como “necesario”
Escalada sin precedentes: Ucrania lanza su mayor ofensiva con drones sobre Moscú, con un saldo de 3 muertos y 17 heridos. Zelenski lo defiende como “la única respuesta posible”.
El ataque, ejecutado con más de 80 drones —el mayor registrado contra la capital rusa desde el inicio del conflicto en febrero de 2022 marca un punto de inflexión en la estrategia ucraniana. Según el Ministerio de Defensa ruso, los sistemas antiaéreos interceptaron 75 de los 82 drones lanzados, pero siete lograron impactar en objetivos clave, incluyendo una refinería de Gazprom Neft, vital para el suministro de combustible en la región. Esta infraestructura ya había sido blanco en mayo de 2023, cuando un ataque similar dejó fuera de servicio temporalmente dos plantas de procesamiento de petróleo, reduciendo la producción en un 12% durante una semana.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, justificó la acción como una “respuesta proporcional” a los bombardeos rusos sobre ciudades ucranianas, incluyendo el ataque del 29 de diciembre de 2023 contra Kiev, que dejó 40 civiles muertos y daños en infraestructuras críticas como la central térmica CHP-6, que provee calefacción a 350.000 hogares. “Nuestras sanciones de largo alcance —término que Zelenski usa para referirse a operaciones contra la economía rusa— son la única forma de hacer entender a Moscú que esta guerra debe terminar”, declaró en un mensaje difundido en sus redes. Este tipo de ataques ya habían sido anunciados en octubre de 2023, cuando Ucrania advirtió que llevaría la guerra “al corazón de Rusia”.
El saldo humano incluye tres fallecidos —entre ellos una mujer de 62 años en la localidad de Jimki— y 17 heridos, doce de ellos por la explosión en la refinería. Las autoridades rusas también reportaron daños en edificios residenciales en Mitischi, donde un dron impactó a menos de 200 metros de un centro comercial. Este patrón de ataques a la periferia de Moscú se repite desde 2023, con al menos cinco incidentes similares en los últimos ocho meses, según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW). El más letal ocurrió en julio de 2023, cuando drones ucranianos alcanzaron un complejo militar en Riazán, dejando 5 muertos y destruyendo tres aviones de combate Su-34.
¿Una nueva fase en la guerra de drones?
El uso masivo de drones por parte de Ucrania refleja un cambio táctico clave. Mientras Rusia ha dependido de misiles de crucero y drones Shahed-136 (de fabricación iraní, con un costo de $200.000 por unidad), Kiev apuesta por modelos más económicos pero de mayor alcance, como los UJ-22, capaces de recorrer hasta 800 km sin ser detectados. Según el analista militar Mykola Bielieskov, estos ataques buscan “degradar la capacidad logística rusa” sin agotar los limitados stocks de misiles balísticos ucranianos, como los Neptuno (de los que solo quedan 23 unidades operativas, según un informe de Jane”s Defence Weekly de enero de 2024).
La respuesta del Kremlin fue inmediata. El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, calificó el ataque de “acto terrorista” y prometió que Rusia “tomará las medidas necesarias“. Sin embargo, expertos como Tatiana Stanovaya, fundadora de R.Politik, señalan que Moscú carece de opciones militares efectivas para contrarrestar estos ataques sin escalar a una “guerra total“, algo que ha evitado por el riesgo de una intervención directa de la OTAN. En marzo de 2023, tras un ataque similar, Rusia activó su sistema de defensa aérea S-400 en Moscú, pero su eficacia ha sido cuestionada: solo intercepta el 60% de los drones de bajo costo, según datos del Centro para el Análisis de Estrategias y Tecnologías (CAST).
¿Logrará Ucrania con esta estrategia forzar negociaciones, o solo profundizará el ciclo de violencia que ya ha dejado más de 10.000 civiles muertos desde 2022? Zelenski insiste en que “la paz solo llegará cuando Rusia entienda el costo de su agresión“, pero el Kremlin mantiene su postura: no habrá diálogos hasta que Kiev acepte las “realidades territoriales” impuestas por la invasión. Mientras tanto, la UE debate esta semana un nuevo paquete de sanciones que, por primera vez, podría incluir restricciones al petróleo ruso refinado en terceros países, como India y China.
La refinería de Gazprom Neft: un blanco estratégico con antecedentes letales
El ataque a la refinería de Gazprom Neft en el distrito de Kapotnya —que procesa 12 millones de toneladas de crudo al año (el 15% de la capacidad regional)— no es casual. Esta instalación ya fue objetivo en abril de 2022, cuando un dron Bayraktar TB2 (de fabricación turca, con un costo de $2 millones por unidad) provocó un incendio que paralizó sus operaciones durante 48 horas, generando pérdidas de $27 millones. La diferencia ahora radica en el uso de drones UJ-22, cuyo costo unitario es de apenas $20.000, lo que permite a Ucrania lanzar enjambres que saturan las defensas rusas.
El patrón se repite: en junio de 2023, otra refinería de Gazprom Neft en Omsk (Siberia) sufrió un ataque que redujo su producción en un 30% durante una semana, según la Agencia Internacional de Energía (IEA). La estrategia ucraniana apunta a un efecto dominó: al dañar nodos como Kapotnya —que suministra combustible a aeropuertos militares y bases logísticas—, obligan a Rusia a redirigir recursos para proteger infraestructuras, debilitando su frente. Un informe del Ministerio de Energía ruso de noviembre de 2023 (filtrado a The Bell) reveló que estos ataques habían reducido las exportaciones de diésel en un 8%, un golpe directo a los ingresos que financian la guerra, estimados en $180 millones diarios solo por ventas de hidrocarburos.
Pero hay un riesgo: cada ataque a objetivos cercanos a zonas civiles —como el dron que impactó en Mitischi— alimenta la narrativa del Kremlin sobre el “terrorismo ucraniano“, que usa para justificar represalias. En febrero de 2023, tras un ataque en Briansk, Rusia respondió con un bombardeo sobre Járkov que dejó 61 muertos en 72 horas. Ahora, la pregunta es si Occidente —que ha evitado sancionar el petróleo ruso por temor a una crisis energética— tolerará que esta escalada siga sin consecuencias. La próxima reunión de la UE, programada para el 15 de marzo, será clave.
¿Puede Ucrania ganar la guerra económica antes que la militar?
Los datos sugieren que sí, pero a un costo humano insostenible. Desde 2022, los ataques a infraestructuras energéticas rusas han reducido sus ingresos por exportaciones en un 24% (según el Banco Central de Rusia), pero cada dron que cae en Moscú o San Petersburgo endurece la postura del Kremlin. El dilema de Zelenski es claro: cada refinería destruida acelera el colapso económico ruso, pero cada civil muerto aleja la posibilidad de negociaciones. Mientras Ucrania recibe un nuevo paquete de ayuda militar de EE.UU. por $61.000 millones (aprobado el 20 de febrero de 2024), Rusia responde con una producción récord de misiles, superando los 120 unidades mensuales en sus fábricas de Izhevsk.
La próxima semana, cuando la UE revise su 12º paquete de sanciones, el mundo sabrá si Europa apuesta por esta estrategia de presión económica o si, una vez más, el miedo a un invierno sin gas ruso pesa más que la justicia que Ucrania exige. Mientras tanto, en las calles de Kiev, los ciudadanos se preguntan: ¿Cuántas vidas más costará esta guerra antes de que Moscú ceda?
El precedente de 2018: cuando drones artesanales cambiaron el curso de un conflicto
El ataque con 80 drones sobre Moscú evoca una estrategia probada con éxito en 2018, durante el conflicto en Nagorno-Karabaj, donde Azerbaiyán desplegó enjambres de drones Harop (de fabricación israelí) y modelos modificados de uso civil para saturar las defensas armenias. En solo 44 días, estos dispositivos —con un costo unitario de $50.000— destruyeron 224 tanques, 14 sistemas de defensa aérea S-300 y dejaron fuera de combate al 40% de la artillería armenia, según un informe del *International Institute for Strategic Studies* (IISS). El paralelo con Ucrania es inquietante: al igual que Azerbaiyán, Kiev está demostrando que la asimetría tecnológica (drones baratos vs. sistemas antiaéreos caros) puede redefinir una guerra.
Pero hay una diferencia clave: en Nagorno-Karabaj, los drones operaban en un espacio aéreo no disputado por potencias nucleares. En Ucrania, cada ataque a Moscú arriesga una escalada con consecuencias globales. En enero de 2023, cuando un dron ucraniano impactó en el aeródromo de Engels (a 600 km de la frontera), dañando dos bombarderos Tu-95, Rusia respondió con un bombardeo masivo sobre infraestructuras eléctricas ucranianas que dejó 6 millones de personas sin luz en pleno invierno. Ahora, con refinerías como Gazprom Neft en la mira, el cálculo es distinto: según datos de la *Agencia Internacional de Energía* (IEA), un daño sostenido a esta instalación podría reducir la producción rusa de diésel en un 18% en tres meses, un golpe directo a los $180 millones diarios que el petróleo aporta al esfuerzo bélico del Kremlin.
El historial sugiere que Rusia no permanecerá impasible. Tras el ataque a Engels, el Ministerio de Defensa ruso desplegó sistemas Pantsir-S1 alrededor de Moscú, pero su eficacia es limitada: en pruebas realizadas en Siria (2020), estos sistemas solo interceptaron el 55% de los drones de bajo costo, según el *Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías* (CAST) de Moscú. Si Ucrania mantiene este ritmo —ya ha lanzado más de 300 drones contra territorio ruso en 2024, según el *ISW*— el Kremlin podría verse obligado a activar su doctrina de “escalada para desescalar”: responder con un ataque convencional masivo para forzar una tregua en términos favorables.
¿Estamos ante el primer “conflicto de enjambres” de la historia?
La respuesta depende de un factor clave: la capacidad de Ucrania para sostener la producción de drones. Mientras Rusia gasta $1,2 millones por cada misil Kinzhal lanzado, Kiev invierte $20.000 en un UJ-22 que puede volar 800 km sin ser detectado. Pero hay un límite: según el *Instituto Kiel para la Economía Mundial*, Ucrania ha recibido $42.000 millones en ayuda militar desde 2022, pero el 70% se ha destinado a sistemas defensivos (como los Patriot). Si Occidente no acelera el envío de componentes para fabricar drones —como los motores DJI M600, cuya exportación China restringió en agosto de 2023—, esta ventaja táctica podría evaporarse en meses. La próxima semana, cuando la UE debata sanciones al petróleo ruso refinado en India y China, sabremos si Europa está dispuesta a pagar el precio de una victoria ucraniana… o si prefiere una guerra congelada que podría extenderse hasta 2026.