Ataque récord en Moscú: 3 muertos y 17 heridos en el mayor bombardeo ucraniano
Golpe sin precedentes: Ucrania lanzó el ataque más devastador contra la capital rusa desde el inicio de la guerra.
Al menos tres personas murieron y otras 17 resultaron heridas en lo que las autoridades rusas calificaron como el “mayor ataque con drones” contra Moscú desde el inicio del conflicto en febrero de 2022. Según el Ministerio de Defensa ruso, los sistemas antiaéreos interceptaron más de 30 drones que intentaban alcanzar objetivos en la ciudad, aunque varios lograron impactar en edificios residenciales y oficinas.
El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, confirmó que los ataques dañaron infraestructuras civiles, incluyendo un rascacielos en el distrito financiero de Moscú-City, símbolo del poder económico ruso. “Los servicios de emergencia trabajan en el lugar. Se han registrado incendios en varias zonas”, declaró Sobianin en su canal de Telegram. Este bombardeo supera en intensidad al registrado en mayo de 2023, cuando drones ucranianos alcanzaron el Kremlin sin causar víctimas mortales.
El ataque ocurre en un contexto de escalada en la ofensiva ucraniana en el frente sur, donde las fuerzas de Kiev han recuperado territorio en la región de Zaporiyia en las últimas semanas. Analistas militares señalan que Ucrania podría estar utilizando tácticas de “guerra asimétrica“, buscando debilitar la moral civil rusa y presionar al gobierno de Vladímir Putin ante la opinión pública interna. Según datos de la ONU, desde el inicio de la guerra, los ataques aéreos han dejado más de 10.000 civiles muertos en ambos bandos, aunque las cifras reales podrían ser mayores debido a la falta de acceso a zonas en conflicto.
Mientras tanto, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que “Rusia tomará las medidas necesarias” para responder, sin dar detalles. Por su parte, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, no ha confirmado ni desmentido la autoría del ataque, aunque en su discurso nocturno del domingo destacó: “La guerra volverá al territorio del agresor. Es una cuestión de tiempo y de justicia”.
Este bombardeo se produce días después de que Rusia lanzara una ola de misiles contra ciudades ucranianas, incluyendo la capital, Kiev, donde murieron al menos 12 personas. El intercambio de ataques a gran escala marca un punto de inflexión en un conflicto que, según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), entra en una fase de “guerra de desgaste prolongada“, con ambos bandos incapaces de lograr avances decisivos en el campo de batalla.
¿Podría este ataque cambiar la dinámica de una guerra que ya suma más de 700 días y ha dejado a Europa al borde de una crisis energética y humanitaria sin precedentes?
Moscú-City: el símbolo económico que Ucrania puso en la mira
El ataque con drones del 30 de julio no solo buscó causar bajas civiles, sino que apuntó estratégicamente al distrito de Moscú-City, un complejo de rascacielos que alberga las sedes de las mayores corporaciones rusas y bancos estatales. Este área, conocida como el “Manhattan ruso”, concentró el 40% de las oficinas premium de Moscú en 2023, según la consultora inmobiliaria JLL, y alberga a gigantes como Gazprom Neft (petróleo), Sberbank (banca) y Rostec (defensa). El rascacielos afectado, la Torre Mercury City (338 metros), ya había sido objetivo en mayo de 2023, cuando un dron ucraniano impactó a 200 metros de su estructura sin causar daños.
La elección no es casual: Moscú-City representa el poder financiero que sustenta la guerra. Según datos del Banco Central de Rusia, las empresas con sede allí generaron 12,3 billones de rublos (unos 135.000 millones de dólares) en 2022, equivalentes al 8% del PIB ruso. Además, el distrito alberga la Bolsa de Moscú (MOEX), donde se negocian bonos de guerra emitidos por el Ministerio de Finanzas ruso para financiar el conflicto. En 2023, estos bonos recaudaron 1,7 billones de rublos (19.000 millones de dólares), según la agencia Bloomberg.
El ataque también tiene un componente psicológico: Moscú-City fue diseñado como un escaparate de la modernidad rusa bajo Putin. Inaugurado en 2008, el proyecto costó 12.000 millones de dólares y fue promovido por el entonces alcalde Yuri Luzhkov (destituido en 2010 por corrupción). Su vulnerabilidad ahora expone dos debilidades clave:
- Fallas en la defensa antiaérea: A pesar de que Rusia despliega sistemas S-400 y Pantsir-S1 en la capital, los drones ucranianos —modelos como el UJ-22, con un alcance de 800 km— han demostrado capacidad para evadir radares. En 2022, un informe de la OTAN advirtió que Moscú subestimó la amenaza de drones de bajo costo.
- Presión sobre la élite económica: Empresarios cercanos al Kremlin, como el oligarca Mijaíl Fridman (fundador de Alfa-Bank, con sede en Moscú-City), ya habían mostrado malestar en 2022 por las sanciones. Un ataque directo a sus intereses podría acelerar divisiones internas.
¿Se repite el error de 2022?
En agosto de ese año, un ataque ucraniano con drones Bayraktar TB2 destruyó un depósito de municiones en Crimea, a 1.000 km del frente. Entonces, el Ministerio de Defensa ruso restó importancia al incidente, pero en semanas posteriores se reveló que el ataque había inutilizado el 20% de los misiles S-300 desplegados en la península. Hoy, la pregunta es si el bombardeo a Moscú-City es un golpe propagandístico o el inicio de una campaña sistemática contra la infraestructura que financia la guerra. La respuesta podría definir si 2024 marca un giro en la estrategia ucraniana: llevar el conflicto al corazón del poder ruso, no solo militar, sino económico.